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miércoles, 11 de abril de 2012

Opinión de algunos intelectuales y agnósticos sobre la persona del Papa Benedicto XVI.

Opinión de algunos intelectuales y agnósticos sobre la persona del Papa Benedicto XVI.

El premio Nobel Mario Vargas Llosa vivió de cerca la Jornada Mundial de la Juventud en Madrid (2011), y la describe así en el diario español El País: "Todas las razas, lenguas, culturas, tradiciones, se mezclaban en una gigantesca fiesta de muchachas y muchachos adolescentes, estudiantes, jóvenes profesionales venidos de todos los rincones del mundo a cantar, bailar, rezar y proclamar su adhesión a la Iglesia católica y su 'adicción' al Papa ('Somos adictos a Benedicto' fue uno de los estribillos más coreados)".

Destaca después el contraste entre Benedicto XVI y Juan Pablo II: "Es difícil imaginar dos personalidades más distintas que las de los dos últimos Papas. El anterior era un líder carismático, un agitador de multitudes, un extraordinario orador, un pontífice en el que la emoción, la pasión, los sentimientos prevalecían sobre la pura razón. El actual es un hombre de ideas, un intelectual, alguien cuyo entorno natural son la biblioteca, el aula universitaria, el salón de conferencias"; y expresa la admiración del no creyente ante su inteligencia y sus escritos: "Se trata probablemente del Papa más culto e inteligente que haya tenido la Iglesia en mucho tiempo, uno de los raros pontífices cuyas encíclicas o libros, un agnóstico como yo puede leer sin bostezar (su breve autobiografía es hechicera y sus dos volúmenes sobre Jesús más que sugerentes)". Concluye su artículo de manera sorprendente: "Creyentes y no creyentes debemos alegrarnos por eso de lo ocurrido en Madrid en estos días en que Dios parecía existir, el catolicismo ser la religión única y verdadera, y todos como buenos chicos marchábamos de la mano del Santo Padre hacia el reino de los cielos". Sobran los comentarios.

Jacob Neusner, intelectual judío, describe así la personalidad de quien pronto estará en México: "Siempre he estimado al estudioso Joseph Ratzinger por su honestidad y lucidez, y estaba muy interesado en encontrar y conocer al hombre. Ahora he venido a Roma para el histórico encuentro en la sinagoga y he recibido el gran don de encontrarme con el Papa. Lo que más me ha impresionado han sido sus ojos penetrantes. Te mira dentro. Y además sus modales de caballero, lleno de gentileza y humildad".

Mustapha Cherif, intelectual musulmán, destaca la apertura de Benedicto XVI, otro rasgo que muchos le reconocen: "Es un gran teólogo pero no un experto en Islam. Lo que me conmovió fue su sed de entender. Es un hombre de diálogo".

En ese mismo sentido, Ban Ki-moon, Secretario General de las Naciones Unidas, advirtió al Papa: "Usted ha hecho un llamado por un diálogo abierto y sincero, tanto dentro de su Iglesia como entre religiones y culturas, en búsqueda del bienestar de la humanidad".

Y David Cameron, Primer Ministro del Reino Unido, valoró así las intervenciones de Benedicto XVI, durante su estancia en ese país: "La gente no tiene que compartir la misma fe o estar de acuerdo con todo lo que afirma la religión para ver el beneficio que conlleva el hacerse las acuciantes preguntas que usted, su Santidad, nos ha planteado sobre nuestra sociedad y sobre cómo nos tratamos a nosotros mismos y a los demás. En verdad ha desafiado a todo el país a incorporarse y reflexionar, y eso sólo puede ser una cosa buena".

Los testimonios podrían multiplicarse, pero basta con los citados para tener en cuenta cómo es considerado el Papa por quienes no comparten su fe.

Para quien no ha profundizado en el pensamiento de Benedicto XVI y se pregunta en qué consiste esa lucidez de su pensamiento que tanta gente admira, bastará con que lea, por ejemplo, algunas ideas sobre un tema que todo mundo considera importante y que a la vez suele trivializarse y manipularse con frecuencia. Me refiero al tema del amor y cito a continuación algunas expresiones tomadas de dos de sus encíclicas, Deus caritas est y Caritas in veritate, que resultan comprensibles para cualquiera y manifiestan la profundidad de su pensamiento:

• El amor no es solamente un sentimiento. Los sentimientos van y vienen. Pueden ser una maravillosa chispa inicial, pero no son la totalidad del amor.

• Es propio de la madurez del amor que abarque todas las potencialidades del hombre e incluya, por así decir, al hombre en su integridad [...]: entendimiento, voluntad y sentimiento en el acto único del amor.

• Amar a alguien es querer su bien y trabajar eficazmente por él.

• Querer lo mismo y rechazar lo mismo, es lo que los antiguos han reconocido como el auténtico contenido del amor: hacerse uno semejante al otro, que lleva a un pensar y desear común.

• El amor es una fuerza extraordinaria, que mueve a las personas a comprometerse con valentía y generosidad en el campo de la justicia y de la paz.

• La caridad va más allá de la justicia, porque amar es dar, ofrecer de lo "mío" al otro.

• La caridad supera la justicia y la completa, siguiendo la lógica de la entrega y el perdón.

• Amor a Dios y amor al prójimo son inseparables, son un único mandamiento.

• Si en mi vida falta completamente el contacto con Dios, podré ver siempre en el prójimo solamente al otro, sin conseguir reconocer en él la imagen divina. Por el contrario, si en mi vida omito del todo la atención al otro, se marchita también la relación con Dios. Será únicamente una relación "correcta", pero sin amor.

• En su muerte en la cruz se realiza ese ponerse Dios contra sí mismo, al entregarse para dar nueva vida al hombre y salvarlo: esto es amor en su forma más radical.

Benedicto XVI vendrá a México próximamente. Él mismo ha declarado en una de las encíclicas mencionadas que "La Iglesia no tiene soluciones técnicas que ofrecer y no pretende de ninguna manera mezclarse en la política de los Estados". La finalidad de su viaje es otra: proporcionar luces que puedan orientar el comportamiento humano hacia los valores positivos, como lo ha hecho en todos los países que ha visitado. Ojalá que los mexicanos, católicos y no católicos, estemos a la altura.



jueves, 5 de abril de 2012

Benedicto XVI un papa amable y modesto que sabe lavar platos dice su hermano

EFE | Fecha: 04/03/2012

Ciudad del Vaticano, 3 abr (EFE).- Benedicto XVI es un papa que cuando visitaba a su hermano Georg en Alemania lavaba los platos, que antes de las audiencias de los miércoles aprende con precisión las palabras de los idiomas extranjeros que usará para los saludos y al que le gusta ser el de siempre, "sin máscaras, amable y modesto".

Así lo describe su hermano, Georg Ratzinger, en una entrevista que publica hoy el diario italiano La Repubblica, con motivo
 de la salida en Italia de su libro "Mi hermano, el papa", escrito junto a Michael Hesemann.
Georg, de 88 años, que vive en Ratisbona (Alemania) desveló numerosos aspectos de la vida del Pontífice, con el que volverá a reunirse el próximo 16 de abril, día en el que el papa cumplirá 85 años.

El anciano sacerdote recordó que cuando el 19 de abril de 2005 escuchó el apellido Ratzinger como nuevo papa se sintió "petrificado, desanimado", ya que estaba "preocupado" por su hermano, "pues era un gran desafío".

"En ese momento no vi ni honores, ni aspectos positivos, sino todo el peso del encargo que comportaba para Joseph", señaló Georg, que recordó que el papa le contó después que su elección fue "como un rayo en un día despejado, todo sucedió tan deprisa que era evidente la acción del Espíritu Santo".

Sobre como recuerda al papa de niño, Georg destacó que era un magnífico estudiante y que su madre una vez le contó que era uno de los tres primeros del colegio y que no era el primero debido a que en dibujo y gimnasia no había sacado el máximo.

Recordó asimismo de que cuando era pequeñito le gustaba los osos de peluche y que ese amor por los osos se ve en su escudo papal, donde aparece el Oso de San Corbiniano.

Cuando era arzobispo de Munich (Alemania) y después prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (ex Santo Oficio) en el Vaticano, cada vez que volvía a Ratisbona, lo que ocurría -señaló- tres o cuatro veces al año, comían juntos, en la casa de Georg y al final Joseph lavaba los platos y su hermano mayor los secaba.

Después daban un paseo y hablaban de Dios, del mundo y de lo que ocurría a su alrededor, señaló Georg.
Preguntado si Joseph Ratzinger ha cambiado tras ser nombrado papa, su hermano afirmó categórico: "es el mismo de siempre".

"(Mi hermano) sólo quiere ser el de siempre y no desea colocarse una máscara. Es amable y modesto, como siempre ha sido", afirmó Georg.

Respecto a los ataques de la prensa a Benedicto XVI, su hermano subrayó que el papa es una persona "muy sensible", pero que sabe cuales son los motivos de las críticas "y por ello no le preocupa demasiado y va hacia adelante".

Sobre como es un día normal en la vida de Benedicto XVI, su hermano contó que tras la misa de las siete de la mañana y el desayuno a las ocho prepara la agenda.

"Los martes organiza la audiencia pública de los miércoles y, por ejemplo, aprende la pronunciación de las palabras en los idiomas extranjeros en los que saludará. Escucha en una cinta de casete si los sonidos grabados son correctos y ejercita la pronunciación", narró.

Después de comer, el papa descansa un rato, pero en vez de dormir unos minutos, escribe cartas y lee todo lo que puede. Por la tarde pasea recitando el rosario junto a su secretario personal, Georg Gaenswein, y a las 19.30 cena.

A las ocho de la noche ve los informativos y después da un paseo por el jardín.

"Me hermano ve raramente la televisión, como mucho alguna película que trate sobre un tema del Vaticano", aseguró el anciano Georg.

EFE | Fecha: 04/03/2012


jueves, 29 de marzo de 2012

Fidel Castro a Benedicto XVI Qué hace un Papa?»

El líder cubano preguntó al Pontífice por los cambios en la liturgia, por su oficio de Papa y la multiplicidad de religiones

jUAN vICENTE BOO / enviado especial a la habana

Día 29/03/2012 - 10.58h

alex castro
Fidel Castro llegó a la cita con Benedicto XVI con bufanda y chaqueta, pese a las altas temperaturas de la isla
Cuando Benedicto XVI concluyó la misa en la Plaza de la Revolución y recibió el saludo de Raúl Castro, quien había asistido a la ceremonia con una elegante guayabera, el único gran acontecimiento restante pasaba a ser el encuentro con Fidel. Y finalmente tuvo lugar, con gran artificio publicitario por parte de Fidel Castro, que anunció la reunión, la víspera, a través de la web Cubadebate. «Soy viejo, pero puedo cumplir mis deberes», comentó con buen humor el Papa a Fidel Castro —un año mayor que él— cuando ambos abordaron el tema de la edad durante su encuentro cordial y distendido en la Nunciatura de La Habana. El portavoz del Vaticano, Federico Lombardi manifestó que el encuentro duró cerca de 30 minutos, tuvo lugar con intérpretes y ha sido grabado en vídeo.
El líder cubano, visiblemente demacrado y muy abrigado pese a las elevadas temperaturas de la isla, llegó a la Nunciatura en un Mercedes verde, rodeado de grandes medidas de seguridad.
Castro fue recibido a su llegada por el secretario de Estado, cardenal Tarcisio Bertone, a quien comentó su alegría por las beatificaciones de Madre Teresa de Calcuta y Juan Pablo II, «dos personas que hicieron mucho bien a Cuba, sobre todo Madre Teresa». A varias personas les llamó la atención el aspecto envejecido del líder cubano.
Transmitiendo comentarios del Papa, el portavoz del Vaticano añadió que el diálogo fue muy intenso y respondió en buena parte a preocupaciones de Fidel Castro por los grandes problemas, «ahora que lleva una vida de reflexión y escritura sobre el mundo de hoy». Castro preguntó por los cambios en la liturgia de la Iglesia católica, distinta a la que conoció en su infancia, así como por su oficio de Papa. ¿Qué hace un Papa?, le preguntó. Esta pregunta le dio a Benedicto XVI la ocasión de explicar el sentido de sus viajes y el servicio a la Iglesia universal.

Los grandes problemas de la humanidad

Finalmente, Castro abordó también grandes problemas de la humanidad y la multiplicidad de religiones. El Papa comentó en este punto el problema de la ausencia de Dios en muchas sociedades, así como la necesidad de armonía entre fe y razón, así como entre libertad y responsabilidad.
Al final, el líder de la Revolución cubana le pidió que le enviase libros que considerase útiles sobre los temas que habían tratado. Benedicto XVI comentó al portavoz del Vaticano que tiene que hacer la lista con calma. Concluido el encuentro privado, cuya duración máxima se había establecido de antemano en media hora, Castro presentó al Papa a algunos miembros de su familia.

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