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A los norteamericanos les parece muy bien
que los deportistas famosos hablen de religión en los foros
públicos.
Un 61% de estadounidenses apoya el que los deportistas
hagan pública su fe y hablen de ella con normalidad.
Por contra, no llega ni al 10% el número de ciudadanos que considera que los deportistas no deberían hacer pública su visión religiosa aprovechando la fama, según un reciente estudio de la casa Barna. Si a los encuestados se les pregunta por deportistas concretos a los que conocen, son aún más los que apoyan que den testimonio público de su fe cristiana. Estos son los más conocidos, según el estudio: 1. Tim Tebow, famosísimo jugador de fútbol americano; le conocen un 83% de los encuestados, un 73% de ellos ven bien su testimonio de fe.
Tebow es aún muy joven y no siempre equilibrado en sus pronunciamientos
públicos.
Tiene una fundación que mantiene en Filipinas a un hospital ortopédico
infantil y un orfanato.
Cristiano evangélico, su fundación declara buscar lo expuesto en
Filipenses 4, 8-9: "lo verdadero, lo noble, lo justo, puro, deseable,
virtuoso, digno de alabanza".
2. Kurt Warner, jugador profesional de fútbol americano, ya retirado; le conoce un 59%; un 80% ve bien su testimonio de fe. Warner, ganador de la Superbowl en su momento, fue de los primeros en declarar su fe abiertamente en actos públicos y deportivos, marcando el camino a los demás.
Se casó con una chica que ya tenía dos hijos pequeños,
uno de ellos ciego y discapacitado a causa de un accidente.
Tuvieron otros 5 hijos.
Son cristianos evangélicos y se han volcado en el apoyo a los niños
discapacitados.
Warner también apareció en anuncios de TV en defensa de la vida y contra
las investigaciones que matan seres humanos en fase embrionaria.
3. Jeremy Lin, jugador profesional de baloncesto; 40% le conoce, un 76% apoya su testimonio de fe. De familia chino-americana es aún muy joven pero ya se dice que genera "Linspiración".
Acude en California a la Iglesia China en Cristo (una iglesia
evangélica), pero como viaja mucho suele llevarse CDs con sermones para
escuchar en el hotel tranquilamente.
Suele colaborar económicamente en proyectos con familias desfavorecidas
de EEUU.
4. Bubba Watson, jugador profesional de golf; 40% le conoce, 77% apoya su testimonio de fe. Este campeón zurdo del golf está especialmente concienciado con la vulnerabilidad de los niños maltratados y los procesos de adopción (tiene un niño adoptado).
A menudo agradece en público a Dios y a Jesucristo sus victorias
deportivas.
5. Albert Pujols, jugador de béisbol profesional; 36% lo conocen; 81% aprueban su testimonio Poco que ver con los Pujol de la política catalana, excepto quizá un antepasado muy lejano.
Nació en
República Dominicana con el nombre José Alberto Pujol Alcántara, llegó a EEUU con 16 años y se ha convertido en el bateador más temido de la liga de béisbol.
La hija de su esposa, con síndrome de Down, ha concienciado a este
matrimonio baptista en la defensa de la vida, de los niños vulnerables y
especialmente de los enfermos de Down, también adultos.
Además apoya proyecto contra la pobreza en República Dominicana.
La web de su fundación insiste en el carácter bíblico y cristiano de su testimonio.
"Dios me ha dado la capacidad de tener éxito en el juego de béisbol.
Pero el béisbol no es el fin, el béisbol es el medio
por el cual mi esposa, Dee Dee, y yo glorificamos a Dios.
El béisbol es simplemente mi plataforma para alabar a Jesús Cristo, mi
Señor y Salvador".
6. Robert Griffin III, jugador profesional de fútbol americano, 34% lo conocen; 78% aprueban su testimonio de fe Con apenas 23 años no ha tenido tiempo de crear fundaciones ni ministerios, pero sí de evangelizar en los
medios de comunicación.
Evangélico, hace la señal de la cruz después de grandes jugadas.
Dice que "mi relación con Dios es mi mayor influencia; le
alabo y le doy gracias por todo.
Vivo para Él cada día, con propósito, y cuando me da la oportunidad de
hacer algo por Él o hablar en su nombre, lo hago".
7. Clayton Kershaw, jugador profesional de béisbol; el 25% lo conocen; el 78% aprueba que dé un testimonio de fe. Es cristiano metodista.
Está enfrascado en la construcción y dotación de un orfanato en Lusaka
(Zambia, África) para huérfanos del sida.
Los fans y miembros de la prensa del beisbol le concedieron recientemente
el premio "Roberto Clemente", que se entrega al personaje del mundo
del beibol americano más solidario.
No es de los que hacen declaraciones más llamativas pero tampoco se
esconde: "Dios me dijo: ´te daré el béisbol y esa será tu
plataforma´", declaró hace poco.
Los más entusiastas Si bien el 61% de los norteamericanos aprueban que este tipo de deportistas exprese su fe, hay algunos grupos de población donde la aprobación es más alta.
Así, les parece correcto al 88% de los evangélicos, el 79% de los negros,
el 66% de los padres de hijos menores de edad, y el 65% de las mujeres.
Y el 64% considera que los deportistas profesionales -tanto los ejemplares como los que dan mal ejemplo- influyen más en la sociedad que los pastores y líderes religiosos. |
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jueves, 21 de marzo de 2013
Los norteamericanos ven correcto y normal que los deportistas famosos hablen de su fe
jueves, 7 de marzo de 2013
Los militares interrumpen la misa de la Divina Pastora en Venezuela para que se rece por Chávez
18/01/2013 -
Política
La fiesta es
considerada la tercera concentración mariana más grande del mundo.
La
celebración de monseñor Antonio López Catillo fue intervenida por no pedir por
la salud del presidente de la nación, recientemente
intervenido de cáncer
La Divina Pastora
recorriendo las calles de Barquisimeto
ForumLibertas.com
En el occidente de Venezuela se llevó a
cabo por 157 años consecutivos la más multitudinaria demostración de fe que
ocurre cada año en este país.
En medio del principal oficio religioso, monseñor
Antonio López Castillo, arzobispo de Barquisimeto, quien presidió la eucaristía
fue interrumpido por las autoridades militares por no pedir por la salud del
presidente Chávez, según informa Valores Religiosos.
Con la asistencia de tres millones de
fieles, se llevó a cabo el pasado lunes 14 de enero, en Barquisimeto, ciudad
ubicada 270 kilómetros al oeste de la capital venezolana, la ya secular
procesión en homenaje a la Divina Pastora.
Dicha fiesta religiosa se considera la
tercera concentración mariana más grande del mundo, sólo superada por las de la
Virgen de Guadalupe, en México, y la Virgen de Fátima, en Portugal, primera y
segunda respectivamente.
Antes de iniciarse la procesión, monseñor
Antonio López Castillo, arzobispo de Barquisimeto, presidió la eucaristía en
compañía del arzobispo de Calabozo, monseñor Manuel Díaz, así como de monseñor
Trino Valera, de la arquidiócesis de Guanare.
Monseñor López en su homilía hizo un
llamado contra la violencia y dijo a los feligreses: "Ante la imagen
venerable de la Divina Pastora les manifiesto que me preocupa tanta violencia,
tanto crimen. Matar no es querido por Dios.
El homicidio es pecado, el suicidio es
pecado, hermanas y hermanos, la vida es sagrada, respetemos las vida; la
violencia nos destruye, procuremos vivir en fraternidad".
Durante el oficio religioso se vivieron
momentos de elevada tensión cuando momentos antes del ofertorio el general
Freddy Hernández Parababí, jefe de la 14 Brigada de Infantería, y del jefe del
Comando Regional 4 de la Guardia Nacional, general Octavio Chacón, subieron
a la tarima donde se efectuaba la misa, para "hablarle las orejas a los
curas" (según palabras del propio Parababí), por no haber saludado a las
autoridades nacionales, ni haber pedido por la recuperación del presidente
Chávez.
Superado el irrespeto al protocolo
eclesial, los oficios religiosos se desarrollaron con normalidad para luego
hacer el mencionado recorrido.
El recorrido de la venerada imagen, bajo
una férrea escolta militar, la cual fue severamente criticada por los
asistentes ya que impidieron en todo momento que los devotos se acercaran a
menos de dos metros de la imagen, tomó siete horas bajo un sol implacable que
mantuvo la temperatura por encima de los 30 grados centígrados.
Un culto que se remonta a san Isidoro de
Sevilla
La devoción a la Divina Pastora procede de
Sevilla, España, donde el capuchino Isidoro de Sevilla, la recibió como
revelación en sus sueños.
Asegura que dicha imagen él la describió de
manera detallada a Alonso Miguel de Tovar, quien realizó un cuadro con la
imagen de la Virgen con sombrero pastoril, cubierta por un manto azul,
sosteniendo en su mano izquierda al Niño y apoyando la derecha sobre un
cordero, y fue bautizada como "Divina Pastora de las Almas".
Pasado un tiempo, el escultor Francisco
Ruiz Gijón, la esculpió en tamaño natural, y se sabe que en 1705, fue llevada
en su primera procesión en España.
En Venezuela, el comienzo de la veneración
a la Divina Pastora se puede rastrear en el siglo XVIII, año 1736 para ser
preciso, cuando el párroco de Santa Rosa, en aquel entonces una población
independiente de Barquisimeto, fundada en 1673 por una familia de indios
cayones, encargó al propio Francisco Ruiz Gijón que le hiciera una estatua de
la Inmaculada Concepción.
Señal celeste
Las crónicas narran que pasado cierto
tiempo llegó a dicha población una imagen de la Divina Pastora.
Al apenas descubrir el error, el clérigo
comenzó las labores para su devolución y luego de embalar de nuevo la figura
aseguran que la misma se hizo tan pesada que no hubo maneras de levantar el
cajón donde habían colocado la imagen.
De ese modo nació una devoción entre los
parroquianos quienes interpretaron esto como una señal celeste para que la
Divina Pastora se quedare entre ellos.
Años más tarde, en 1812, un feroz terremoto
asoló a Venezuela y el templo donde se reverenciaba a la representación mariana
fue destruido, pero quedando intacta su imagen; ello reforzó entre la feligresía de Santa Rosa que la
Virgen quería quedarse siempre entre ellos para protegerlos.
A mediados del siglo XIX se terminó de
consolidar la devoción hacia ella y comenzó a configurarse el masivo fenómeno
de fe que este pasado 14 de enero se manifestó nuevamente por las calles de
esta población, hoy en día ya integrada urbanamente a la ciudad de
Barquisimeto.
Protectora del pueblo
En 1855 se desató en Venezuela una epidemia
de cólera que diezmó el país.
Se asegura que en la zona de Barquisimeto
la peste se cebó de manera cruenta. Fue así como un grupo de vecinos,
desesperados ante la ferocidad de la enfermedad decidieron sacar en procesión
por las calles de Barquisimeto la imagen de la Divina Pastora solicitando su
misericordia.
Se asegura que el sacerdote Macario Yépez,
quien era párroco de la Iglesia la Concepción, y aquejado por el cólera imploró
a la Virgen ser la víctima final en la zona.
Asegura la tradición oral que en efecto el
deseo del hombre de Iglesia se cumplió, ya que ese día falleció y a partir de
ese mismo día, cesó la epidemia.
En conmemoración de esos hechos cada año un
mar de creyentes, que crece cada vez más, acude de todas partes de Venezuela y
del extranjero, desborda las calles de Santa Rosa.
Este año se estima que la cantidad de
asistentes rondó la cifra de tres millones de personas; las cuales recorrieron
en procesión los siete kilómetros y medio, que separan el templo de Santa Rosa
de la catedral de Barquisimeto.
domingo, 30 de diciembre de 2012
Amor de madre cuidó a su hija en coma durante 42 años hasta caer muerta a los pies de su cama.
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Grupos
proeutanasia dispararon contra su casa
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Bill Clinton,
Jeb Bush o Neil Diamond visitaron a Edwarda en su domicilio. Para Kaye, el
mayor regalo de Dios era poder atenderla.
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Edwarda O´Bara murió la víspera del Día de Acción de Gracias, tras
pasar 42 años en coma por un shock
diabético.
Estaba considerada la persona que más tiempo ha estado en esa situación.
Como cuenta en el reportaje que hizo sobre el caso Wayne Drash para la CNN, ese 21 de noviembre su hermana Colleen la bañó, la peinó y la intubó para alimentarla como había hecho miles de veces antes.
Luego le dio un beso y le dijo que iba a hacerse un café: "Me dedicó
la mayor sonrisa que me había ofrecido en toda su vida.
Su rostro resplandecía y sus ojos brillaban".
Justo entonces los cerró para siempre.
Tenía 59 años.
Había nacido en 1953 en el seno de una familia católica
formada en 1948 por Joe O´Bara, campeón del peso
medio de la Marina durante la Segunda Guerrra Mundial y joven estrella en el
equipo de fútbol americano de la Universidad de Pittsburgh, y Kathryn
McCloskey, hija del alcalde de Johnstown (Pennsylvania).
"Todo lo que yo quería en la vida era tener dos niñas.
Dios fue muy bueno y me concedió mi deseo", decía Kathryn.
Cuando se instalaron en Florida, Joe empezó a dar clases de gimnasia en
un colegio, y Kathryn de matemáticas en el instituto.
La mejor hermana posible Edwarda fue la primera en venir, antes de Colleen.
Eran muy distintas.
La mayor, tranquila y prudente.
La menor, un terremoto y amante de las emociones fuertes.
Tenían caballos, pero el reparto de tareas lo dice todo sobre el carácter
de ambas: "Ella limpiaba los establos y cepillaba los animales y me
dejaba a mí toda la diversión", recuerda Colleen.
"Era dulce y cariñosa",
continúa, "la hermana más generosa que se podía soñar y mi mejor
amiga".
A finales de 1969 a Edwarda le diagnosticaron diabetes.
Eso no le impidió seguir con sus clases y quería estudiar pediatría.
Pero esas navidades cayó enferma de gripe, y una complicación con la
insulina que le habían diagnosticado le provocó una fuerte reacción.
El 3 de enero de 1970 su padre se
la encontró en su habitación en plena crisis, con las piernas llenas de
nódulos.
La promesa: "Nunca te dejaré" La llevaron inmediatamente al hospital, y el doctor Louis Chaykin, que estaba de guardia, recuerda bien las palabras que Edwarda le dijo a su madre: "Por favor, no me dejes nunca".
"Nunca
te dejaré", fue la respuesta de Kathryn (Kaye, como la
llaman en casa).
Al poco tiempo fallaron los pulmones de la niña, los riñones, el corazón... y al cerebro dejaba de llegar oxígeno.
"Trabajamos con ella durante horas", evoca el médico, que tenía
entonces 35 años: "Conseguimos revertir muchas de las anormalidades
metabólicas, pero el daño en el cerebro era permanente.
Estaba en estado de coma".
Podían haberla llevado a una residencia y la Seguridad Social habría corrido con los gastos: "Pero mamá le había hecho una promesa, y para mis padres, cuando le prometes algo a alguien, lo cumples", dice Colleen.
Así que asumieron los costes y Edwarda, tras unos meses en el hospital, fue
a vivir a casa.
Un hogar transformado Los O´Bara acondicionaron su hogar para mantener cuidada a su hija de la mañana a la noche, con alimentación a intervalos de dos horas, lo que incluía las doce, las dos, las cuatro y las seis de la madrugada.
Siempre a golpe de alarma del reloj.
El doctor Chaykin quiso ayudar y se ofreció a tratarla
gratuitamente: "Sabiendo lo que costaba mantenerla,
jamás habría aceptado dinero".
Las exigencias del cuidado a Edwarda pasaron factura a sus padres.
Kaye empezó a padecer artritis por los esfuerzos físicos que realizaba.
En 1982 padeció un infarto y estuvo diez días
hospitalizada.
Era la primera vez que se separaba de Edwarda desde el shock diabético
que la había conducido al coma.
Joe, quien había tenido que simultanear tres trabajos para pagar el cuidado de su hija (desde pintor de brocha gorda a mecánico de motores náuticos), había fallecido en 1976, en cierto modo víctima del estrés, pero feliz de haber tenido a su pequeña en casa todo ese tiempo. ¿Milagros? Durante los años siguientes el caso de los O´Bara fue adquiriendo notoriedad.
Personalidades como el presidente Bill Clinton, Jeb
Bush (gobernador de Florida) o el cantante Neil
Diamond visitaron a Edwarda en su casa.
Kaye le escribió a Juan Pablo II y recibió una
respuesta de puño y letra del Papa.
Wayne Dyer, célebre autor de libros de autoayuda, escribió un libro (Una
promesa es una promesa) sobre el amor incondicional de Katrhyn
por Edwarda.
Y como se corrió la voz de que en torno a aquella mujer en coma sucedían milagros, y era conocida la devoción mariana de Kaye, muchas personas cruzaron el globo para tocarla.
El doctor Chaykin ni afirma ni niega, pero dice que algunas de las cosas
que vio no admiten explicación médica.
Tres balazos contra Edwarda y su madre Pero no todo fueron consuelos.
Grupos partidarios de la eutanasia telefonearon en 1981 al domicilio de los O´Bara para
instarles a que la dejaran morir.
El 26 de diciembre de ese año, un comunicante anónimo les amenazó con
sacarla él mismo de "su miseria".
Horas después la casa era tiroteada, aunque
nadie resultó herido con los tres impactos de bala recibidos.
El mismo Chaykin llegó a dudar, sobre todo a raíz de la muerte de Joe y de la difícil situación en la que quedaba la familia, si habría hecho bien conservándola viva.
Pero luego fue cambiando de opinión: "Me quedé impresionado por la
dedicación y el amor de su madre.
Con el paso de los años pensé que quizás Dios tenía una
razón desconocida para que Edwarda sobreviviese, aunque fuese
en coma".
El premio de cuidar a Edwarda La sensación de "paz y amor" que se percibía en la habitación era consuelo suficiente para las personas que, desde Japón o Australia, acudían a ver a Edwarda y a rezar junto a Kaye. Porque, para Kathryn, cuidar de su hija era "una bendición de Dios", más que el milagro de la curación de su hija, que siempre esperó, como recuerda Charles Whited, periodista del Miami Herald, quien escribió sobre el caso y a quien Kaye le dirigía cartas de vez en cuando. "Uno de estos días Edwarda no superará otra infección", le dijo en una de ellas, "pero incluso así me sentiré feliz por haberla podido cuidar y por todo el amor que la gente le ha demostrado". Las dos palabras de Edwarda Eso fue en 1982.
En agosto de 1983, Kaye escuchó una pequeña palabra de su hija: "Hey".
Ella estaba con unos amigos en la cocina y se precipitaron en la
habitación, donde se la encontraron sonriendo.
Al día siguiente volvió a hacerlo, pero nunca más en los 21 años
siguientes, aunque esa sencilla palabra alimentó la ilusión de la familia
todo ese tiempo: "Ahora ya nada me puede derrotar.
Edwarda habló.
Habló realmente", confesaba su madre.
El mensaje que dejó la familia O´Bara Durante los 38 años que la cuidó, Kaye siempre disfrutó de las visitas a su hija.
"Aquello nunca era un lugar triste", recuerda una de las
personas que la frecuentaban: "Siempre te ibas llevándote
más claras las prioridades, y lo importante que es la familia".
"Dios me dio fuerzas para cuidar de Edwarda enviándome ángeles de todo tipo: famliares, amigos, extraños que acababan siendo amigos...
Dios me dio el regalo de mantener la alegría y ser capaz de ayudar a
otros", reconocía Kaye.
El drama de Edwarda arregló el de Colleen La madre de Edwarda murió en marzo de 2008, a los 80 años de edad, tras 38 años enteros, día tras día, hora tras hora, consagrados a su hija.
La encontraron en el suelo de la habitación.
Siempre había tenido la duda de qué haría Colleen en ese caso, porque sabía que la hermana pequeña no había terminado de comprender los porqués de esa desgracia, a la que se añadió la muerte de su padre cuando tenía 21 años: "Era mi confidente, mi recurso cuando mi madre estaba atareada con Edwarda". Colleen se casó en 1974 y tuvo un hijo en 1976, pero en 1980 se divorció.
Entonces se trasladaron, ella y su hijo, a vivir con su madre.
Pero Colleen se metió en el mundo de las drogas,
llegando a ser sentenciada a nueve meses de prisión a principios de los
noventa.
Pero fue providencial.
"Comprendí que si algo le sucedía a mi madre estando yo entre rejas,
nadie cuidaría de Edwarda.
En prisión cambió mi vida.
Comprendí a dónde pertenecía", recuerda ahora Colleen.
Así que buscó trabajo cerca de la casa familiar y empezó a ayudar a Kaye en los cuidados.
Cuando murió la madre, estaba bien preparada.
Aunque padece esclerosis múltiple, dejó su
trabajo y se las arregló para atender a Edwarda: "Mi madre se preguntaba
si yo sería capaz.
Pero cuando amas a alguien, puedes hacerlo.
Es lo que haces por tu familia".
Y consagró a Edwarda, también día por día, hora por hora, los cinco años
que tardó en morir.
La despedida de la Virgen "Sabía que quería a mi hermana, pero hasta que ha dejado de estar físicamente aquí, no comprendía cuánto me iba a doler.
Siento un agujero en mi estómago, un agujero en mi corazón",
dice.
El 28 de noviembre de este año Edwarda recibió sepultura junto a Kaye y Joe.
Al volver del funeral, Colleen entró en la habitación, dolorosamente
vacía, que había ocupado durante 42 años su hermana mayor, la
dulce y cariñosa niña que cuidaba los establos para que ella sólo se
preocupase de montar a caballo.
En la pantalla de la televisión, recuerda, pudo ver durante unos segundos
una imagen de la Virgen María.
La compañera invisible de Edwarda y de su madre las había reunido al fin
junto a sí en el seno de los justos.
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