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Grupos
proeutanasia dispararon contra su casa
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Bill Clinton,
Jeb Bush o Neil Diamond visitaron a Edwarda en su domicilio. Para Kaye, el
mayor regalo de Dios era poder atenderla.
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Edwarda O´Bara murió la víspera del Día de Acción de Gracias, tras
pasar 42 años en coma por un shock
diabético.
Estaba considerada la persona que más tiempo ha estado en esa situación.
Como cuenta en el reportaje que hizo sobre el caso Wayne Drash para la CNN, ese 21 de noviembre su hermana Colleen la bañó, la peinó y la intubó para alimentarla como había hecho miles de veces antes.
Luego le dio un beso y le dijo que iba a hacerse un café: "Me dedicó
la mayor sonrisa que me había ofrecido en toda su vida.
Su rostro resplandecía y sus ojos brillaban".
Justo entonces los cerró para siempre.
Tenía 59 años.
Había nacido en 1953 en el seno de una familia católica
formada en 1948 por Joe O´Bara, campeón del peso
medio de la Marina durante la Segunda Guerrra Mundial y joven estrella en el
equipo de fútbol americano de la Universidad de Pittsburgh, y Kathryn
McCloskey, hija del alcalde de Johnstown (Pennsylvania).
"Todo lo que yo quería en la vida era tener dos niñas.
Dios fue muy bueno y me concedió mi deseo", decía Kathryn.
Cuando se instalaron en Florida, Joe empezó a dar clases de gimnasia en
un colegio, y Kathryn de matemáticas en el instituto.
La mejor hermana posible Edwarda fue la primera en venir, antes de Colleen.
Eran muy distintas.
La mayor, tranquila y prudente.
La menor, un terremoto y amante de las emociones fuertes.
Tenían caballos, pero el reparto de tareas lo dice todo sobre el carácter
de ambas: "Ella limpiaba los establos y cepillaba los animales y me
dejaba a mí toda la diversión", recuerda Colleen.
"Era dulce y cariñosa",
continúa, "la hermana más generosa que se podía soñar y mi mejor
amiga".
A finales de 1969 a Edwarda le diagnosticaron diabetes.
Eso no le impidió seguir con sus clases y quería estudiar pediatría.
Pero esas navidades cayó enferma de gripe, y una complicación con la
insulina que le habían diagnosticado le provocó una fuerte reacción.
El 3 de enero de 1970 su padre se
la encontró en su habitación en plena crisis, con las piernas llenas de
nódulos.
La promesa: "Nunca te dejaré" La llevaron inmediatamente al hospital, y el doctor Louis Chaykin, que estaba de guardia, recuerda bien las palabras que Edwarda le dijo a su madre: "Por favor, no me dejes nunca".
"Nunca
te dejaré", fue la respuesta de Kathryn (Kaye, como la
llaman en casa).
Al poco tiempo fallaron los pulmones de la niña, los riñones, el corazón... y al cerebro dejaba de llegar oxígeno.
"Trabajamos con ella durante horas", evoca el médico, que tenía
entonces 35 años: "Conseguimos revertir muchas de las anormalidades
metabólicas, pero el daño en el cerebro era permanente.
Estaba en estado de coma".
Podían haberla llevado a una residencia y la Seguridad Social habría corrido con los gastos: "Pero mamá le había hecho una promesa, y para mis padres, cuando le prometes algo a alguien, lo cumples", dice Colleen.
Así que asumieron los costes y Edwarda, tras unos meses en el hospital, fue
a vivir a casa.
Un hogar transformado Los O´Bara acondicionaron su hogar para mantener cuidada a su hija de la mañana a la noche, con alimentación a intervalos de dos horas, lo que incluía las doce, las dos, las cuatro y las seis de la madrugada.
Siempre a golpe de alarma del reloj.
El doctor Chaykin quiso ayudar y se ofreció a tratarla
gratuitamente: "Sabiendo lo que costaba mantenerla,
jamás habría aceptado dinero".
Las exigencias del cuidado a Edwarda pasaron factura a sus padres.
Kaye empezó a padecer artritis por los esfuerzos físicos que realizaba.
En 1982 padeció un infarto y estuvo diez días
hospitalizada.
Era la primera vez que se separaba de Edwarda desde el shock diabético
que la había conducido al coma.
Joe, quien había tenido que simultanear tres trabajos para pagar el cuidado de su hija (desde pintor de brocha gorda a mecánico de motores náuticos), había fallecido en 1976, en cierto modo víctima del estrés, pero feliz de haber tenido a su pequeña en casa todo ese tiempo. ¿Milagros? Durante los años siguientes el caso de los O´Bara fue adquiriendo notoriedad.
Personalidades como el presidente Bill Clinton, Jeb
Bush (gobernador de Florida) o el cantante Neil
Diamond visitaron a Edwarda en su casa.
Kaye le escribió a Juan Pablo II y recibió una
respuesta de puño y letra del Papa.
Wayne Dyer, célebre autor de libros de autoayuda, escribió un libro (Una
promesa es una promesa) sobre el amor incondicional de Katrhyn
por Edwarda.
Y como se corrió la voz de que en torno a aquella mujer en coma sucedían milagros, y era conocida la devoción mariana de Kaye, muchas personas cruzaron el globo para tocarla.
El doctor Chaykin ni afirma ni niega, pero dice que algunas de las cosas
que vio no admiten explicación médica.
Tres balazos contra Edwarda y su madre Pero no todo fueron consuelos.
Grupos partidarios de la eutanasia telefonearon en 1981 al domicilio de los O´Bara para
instarles a que la dejaran morir.
El 26 de diciembre de ese año, un comunicante anónimo les amenazó con
sacarla él mismo de "su miseria".
Horas después la casa era tiroteada, aunque
nadie resultó herido con los tres impactos de bala recibidos.
El mismo Chaykin llegó a dudar, sobre todo a raíz de la muerte de Joe y de la difícil situación en la que quedaba la familia, si habría hecho bien conservándola viva.
Pero luego fue cambiando de opinión: "Me quedé impresionado por la
dedicación y el amor de su madre.
Con el paso de los años pensé que quizás Dios tenía una
razón desconocida para que Edwarda sobreviviese, aunque fuese
en coma".
El premio de cuidar a Edwarda La sensación de "paz y amor" que se percibía en la habitación era consuelo suficiente para las personas que, desde Japón o Australia, acudían a ver a Edwarda y a rezar junto a Kaye. Porque, para Kathryn, cuidar de su hija era "una bendición de Dios", más que el milagro de la curación de su hija, que siempre esperó, como recuerda Charles Whited, periodista del Miami Herald, quien escribió sobre el caso y a quien Kaye le dirigía cartas de vez en cuando. "Uno de estos días Edwarda no superará otra infección", le dijo en una de ellas, "pero incluso así me sentiré feliz por haberla podido cuidar y por todo el amor que la gente le ha demostrado". Las dos palabras de Edwarda Eso fue en 1982.
En agosto de 1983, Kaye escuchó una pequeña palabra de su hija: "Hey".
Ella estaba con unos amigos en la cocina y se precipitaron en la
habitación, donde se la encontraron sonriendo.
Al día siguiente volvió a hacerlo, pero nunca más en los 21 años
siguientes, aunque esa sencilla palabra alimentó la ilusión de la familia
todo ese tiempo: "Ahora ya nada me puede derrotar.
Edwarda habló.
Habló realmente", confesaba su madre.
El mensaje que dejó la familia O´Bara Durante los 38 años que la cuidó, Kaye siempre disfrutó de las visitas a su hija.
"Aquello nunca era un lugar triste", recuerda una de las
personas que la frecuentaban: "Siempre te ibas llevándote
más claras las prioridades, y lo importante que es la familia".
"Dios me dio fuerzas para cuidar de Edwarda enviándome ángeles de todo tipo: famliares, amigos, extraños que acababan siendo amigos...
Dios me dio el regalo de mantener la alegría y ser capaz de ayudar a
otros", reconocía Kaye.
El drama de Edwarda arregló el de Colleen La madre de Edwarda murió en marzo de 2008, a los 80 años de edad, tras 38 años enteros, día tras día, hora tras hora, consagrados a su hija.
La encontraron en el suelo de la habitación.
Siempre había tenido la duda de qué haría Colleen en ese caso, porque sabía que la hermana pequeña no había terminado de comprender los porqués de esa desgracia, a la que se añadió la muerte de su padre cuando tenía 21 años: "Era mi confidente, mi recurso cuando mi madre estaba atareada con Edwarda". Colleen se casó en 1974 y tuvo un hijo en 1976, pero en 1980 se divorció.
Entonces se trasladaron, ella y su hijo, a vivir con su madre.
Pero Colleen se metió en el mundo de las drogas,
llegando a ser sentenciada a nueve meses de prisión a principios de los
noventa.
Pero fue providencial.
"Comprendí que si algo le sucedía a mi madre estando yo entre rejas,
nadie cuidaría de Edwarda.
En prisión cambió mi vida.
Comprendí a dónde pertenecía", recuerda ahora Colleen.
Así que buscó trabajo cerca de la casa familiar y empezó a ayudar a Kaye en los cuidados.
Cuando murió la madre, estaba bien preparada.
Aunque padece esclerosis múltiple, dejó su
trabajo y se las arregló para atender a Edwarda: "Mi madre se preguntaba
si yo sería capaz.
Pero cuando amas a alguien, puedes hacerlo.
Es lo que haces por tu familia".
Y consagró a Edwarda, también día por día, hora por hora, los cinco años
que tardó en morir.
La despedida de la Virgen "Sabía que quería a mi hermana, pero hasta que ha dejado de estar físicamente aquí, no comprendía cuánto me iba a doler.
Siento un agujero en mi estómago, un agujero en mi corazón",
dice.
El 28 de noviembre de este año Edwarda recibió sepultura junto a Kaye y Joe.
Al volver del funeral, Colleen entró en la habitación, dolorosamente
vacía, que había ocupado durante 42 años su hermana mayor, la
dulce y cariñosa niña que cuidaba los establos para que ella sólo se
preocupase de montar a caballo.
En la pantalla de la televisión, recuerda, pudo ver durante unos segundos
una imagen de la Virgen María.
La compañera invisible de Edwarda y de su madre las había reunido al fin
junto a sí en el seno de los justos.
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domingo, 30 de diciembre de 2012
Amor de madre cuidó a su hija en coma durante 42 años hasta caer muerta a los pies de su cama.
miércoles, 12 de septiembre de 2012
sábado, 21 de enero de 2012
Se ultiman los preparativos de la muestra con documentos originales del Vaticano II
Los chiítas niegan su pertenencia a la familia real | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
En un archivo de audio publicado en un canal de televisión satelital cristiano, el príncipe Abdullah al-Sabah proclama su fe en Jesucristo. | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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Un príncipe real de Kuwait se habría convertido en creyente en Jesucristo y, en un archivo de audio publicado con su nombre, afirma que será asesinado a causa de una grabación que ha hecho, en la que habla de su conversión; cree firmemente que se en contrará con Jesucristo cara a cara. La noticia proviene de fuentes mediorientales, se gún las cuales al-Haqiqa, un canal de televisión satelital cristiano en árabe, que trans mite programas religiosos cristianos, puso en circulación un archivo de audio atribuido a un príncipe de Kuwait identificado como Abdullah al-Sabah. Los al-Sabah son la fami lia reinante en el pequeño Estado, muy rico de petróleo. Y el nombre de Abdullah (sier vo de Dios) es un nombre que aparece con frecuencia en el árbol genealógico de la fami lia de los emires. Abdullah, en su archivo de audio, declaró: «En primer lugar, estoy totalmente de acuer do con la difusión de este archivo de audio, y declaro que si me asesinan a causa de esta grabación, iré con Jesucristo y estaré con él por toda la eternidad», demostrando saber cuál es, según la doctrina cristiana, el destino de un mártir de la fe. El canal de te levisión afirmó que Abdullah forma parte de la familia reinante, y que recientemente re nunció a la fe en el islam y se convirtió al cristianismo, sin especificar, sin embargo, a qué confesión en particular. El príncipe agregó, después de haber declarado su nombre y apellido: «Soy feliz de lo que sea que puedan hacerme, porque la verdad de la Biblia me ha guiado en el camino correcto». En el archivo de audio, Abdullah habla de los grupos islámicos que están ganando las elec ciones en Egipto, y declara: «Las comunidades islámicas siempre han querido ir al ataque en diferentes partes del mundo, pero Dios ha protegido al mundo, y aún lo protege. Esta es la razón por la que recientemente hemos visto aparecer el desacuerdo entre diferentes grupos islámicos que ahora están combatiendo entre sí. Y se dividirán aún más en ulterio res fracciones». Mohabat News, un sitio iraní cristiano que sigue con atención la situación de las minorías cristianas en Oriente Medio, y que ha monitorizado la declaración de Abdullah, afirma que esta noticia ha hecho brevemente su aparición en las listas de agencias en árabe, y también en la agencia de Estado iraní. Algunos sitios web independientes de orientación chiita han, sin embargo, tomado posición contra la noticia, y han citado a otro príncipe ku waití, Azbi al-Sabah, que declaró: «No hay nadie con este nombre en la familia real ku waití». Y, de hecho, el nombre de Abdullah no aparece en la lista de los quince miembros de la familia real que detentan el poder en el pequeño, riquísimo país, bajo varias formas: desde el jeque hasta la princesa Nijirah al-Sabah, que dio testimonio en el Congreso estado unidense bajo el nombre de «Nurse Nariyah» sobre la situación humanitaria en el país des pués de la invasión por parte del Iraq de Sadam Hussein y antes de la guerra del Golfo. Pero no se excluye que entre las ramas colaterales se esconda, tal vez con el nombre anunciado, la convertida excelencia. En Kuwait, la población es de amplia mayoría musulmana (solo el 4 % de la población es cris tiana) y la constitución del Estado afirma: «El islam es la religión oficial en el país y la sha ria es la fuente principal para la legislación». Como es sabido, el problema de la conversión del islam a otras religiones es un nudo cons tante en las relaciones entre los seguidores del Profeta y las demás fes. Y es un problema muy grave en todos los países de mayoría islámica, incluso en aquellos que en apariencia se encuentran más socialmente avanzados. Siempre ha sido un problema; sin embargo, en los últimos años, la sensibilidad de la religión mayoritaria se ha agudizado como conse cuencia de una mayor actividad propositiva por parte no tanto de las religiones cristianas tradicionales, desde siempre acostumbradas a los límites infranquables de la convivencia con los musulmanes, sino de las expresiones de fe protestante. Fes, estas últimas, que están obteniendo, según parece, grandes éxitos, además de en Kuwait —es probable que el misterioso príncipe pueda ser un adepto suyo— también en na ciones ciertamente muy sospechosas, como el Irán teocrático de los ayatolás. Después de que Heidar Moslehi, ministro de Inteligencia iraní, pidiera a los seminarios is lámicos que se pusieran en acción para impedir la difusión del cristianismo, un alto per sonaje religioso declaró que el cristianismo de los evangélicos constituye la organización de inteligencia y de seguridad más tremenda del mundo. La declaración, según parece, apare ció en una agencia de prensa cercana a los guardianes de la revolución. En una conferencia sobre «Los cultos New Age» que tuvo lugar en Varamin, una zona al sur de Teherán, Akhonfd Mohsen Alizadeh, declaró: «No deberíamos permitir a estos cultos que pongan en discusión la jurisprudencia islámica bajo la cobertura del misticismo». Y agregó: «Dicen a los jóvenes que Dios es terrible y rabioso en el islam, pero que es amor en el cristianismo». Y los predicadores cristianos responden a las preguntas y a las dudas de los jóvenes para su interés, para atraerlos. Toda una serie de señales parecen indicar, de todos modos, que el cristianismo no tradicional —en Irán hay católicos y ortodoxos, y una fuerte comunidad armenia— se está difundiendo; la prensa de régimen habló re cientemente al respecto con tono preocupado, y se multiplican los episodios de represión y de condena por conversión. | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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