lunes, 2 de enero de 2012

Los Testigos de Jehová contra la Navidad (1)

martes 27 de diciembre de 2011

Aprovechando para felicitar la Navidad a todos los lectores, traemos hoy la primera parte de un artículo escrito por el padre Luis Santamaría del Río, acerca de la no-celebración de la Navidad por parte de la secta de los Testigos de Jehová, y las razones que aducen para ello.

“Jehová santificará su gran nombre en Armagedón”.

Éste era el título de la conferencia que se pronunció en la asamblea de circuito de los testigos de Jehová que tuvo lugar en Jaén… ¡el pasado 25 de diciembre! Desde luego, no es lo más navideño. Los miembros de este movimiento destacan –entre otras muchas cosas de las que presumen– por no celebrar el nacimiento de Cristo. Ni en esta fecha ni en ninguna. Como escribía el ex-adepto Antonio Carrera en uno de sus variados libros sobre la secta, “en su propósito de aparentar ser puros y no contaminarse con nada de origen pagano, alegan que siendo Navidad una fiesta que no está señalada en la Biblia, no debe celebrarse”.

En el número de la revista ¡Despertad! correspondiente a este mes de diciembre de 2011 han publicado un artículo sobre la tradición del árbol de Navidad, que achacan al paganismo. Pero será bueno que nos acerquemos a lo que han publicado en estos últimos años sobre las fiestas navideñas para descubrir la razón de su rechazo y de su militancia.

En sus revistas suelen iniciar el tratamiento de este tema con una constatación de las degeneraciones a las que está llevando la celebración de la Navidad, vaciándose de su contenido originalmente religioso. No les falta razón en sus críticas aunque, como siempre, sólo ven el lado negativo del asunto para, como dice la expresión castellana, ir llevando el agua a su molino, y lograr así el asentimiento del lector. “¿Espera usted con ilusión la Navidad, o se inquieta cuando se va acercando?”, comienza preguntándose uno de estos artículos demoledores con el “espíritu navideño”, que destaca los aspectos comerciales de estas celebraciones.

El grueso de su discurso lo integran los relatos de los evangelios de la infancia de Jesús (“el apóstol Mateo” y “el discípulo Lucas”). Hasta aquí, todo bien. O eso parece. Porque se trata de su propia traducción, la llamada Versión del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras, cuyas muchas manipulaciones y falsificaciones han sido expuestas por los expertos. Para un católico que lea los textos citados por los testigos de Jehová en torno al nacimiento de Cristo llama la atención, por ejemplo, la expresión “hemos venido a rendirle homenaje” en labios de los magos de Oriente al llegar a Jerusalén (Mt 2, 2). Si uno va a los textos originales, se encuentra con la forma verbal “proskynesai”. Expresión que se repite en el versículo 11 (“prosekynesan”, adoraron), y cuya frase omite, curiosamente, el repaso bíblico que hace la revista ¡Despertad! en su número de diciembre de 2010.

Si bien es verdad que es un término empleado en muchos textos de la antigüedad para referirse al trato al soberano, también es cierto que a aquellos reyes se los adoraba como dioses o semidioses. No es casualidad que la Vulgata traduzca al latín la frase evangélica así: “venimus adorare eum”, con un sentido claro de adoración. Sentido que la secta quiere dejar lo más lejos posible, dado su rechazo radical de la divinidad de Cristo. Un verbo, “proskyneo”, que aparece 54 veces en el Nuevo Testamento, y que si bien puede entenderse como un simple “rendir homenaje”, en el contexto bíblico se utiliza con un claro sentido de adoración, algo subrayado por el hecho de que casi la mitad de las referencias sean del libro del Apocalipsis, dirigidas tanto a Dios como al Cordero (y a los ídolos). En el cristianismo oriental, sin ir más lejos, el término “proskynesis” se refiere a la veneración debida a los iconos, superior a la simple veneración, aunque sin llegar a la verdadera adoración (“latreia”) que sólo puede tributarse a Dios.

Hecho este excursus sobre un término ciertamente importante, continuemos con nuestra revisión de la deconstrucción jehovista de la celebración de la Navidad. El asunto más importante para la teología del grupo es la fecha, centro de sus obsesiones. “¿Nació Jesús realmente un 25 de diciembre?” es la cuestión que se repite en torno a este tema crucial. Y la respuesta es: “podemos estar seguros de que no nació un 25 de diciembre”. Hasta aquí, nada que sea un problema para la fe cristiana, a la que poco importa la fecha del nacimiento del Salvador. En Oriente se celebra el 6 de enero y no pasa nada. Sin embargo, el razonamiento seguido es el típico de una crítica poco documentada y escasamente puesta al día. Parten del razonamiento ampliamente aceptado de que en diciembre los pastores no podrían haber estado con los rebaños al aire libre, pero enseguida lo mezclan con la tesis del origen pagano de la fecha establecida para la Navidad.

Este tema precisaría de mucho espacio, del que aquí no dispongo, así que lo resumiré en lo posible. De todos es sabido que el 25 de diciembre coincide con el final de la celebración pagana, ampliamente difundida en la antigua Roma, de las fiestas del solsticio de invierno, las denominadas Saturnales, según el calendario juliano, anterior al nuestro (gregoriano). Es la época en la que terminan esos días tan cortos y se pasaba a saludar a un sol renacido y más potente, que el día 25 se veía personificado en el dios oriental Mitra, asumido en el panteón imperial y de culto muy difundido. Según esta tesis, la Navidad no sería más que una cristianización de esta importante conmemoración romana, aprovechando además la calificación de Jesús como el Sol invicto y el Sol de justicia. Ya que no pudieron acabar con la “fiesta enemiga”, los cristianos, en un momento de progresivo ascenso social, la habrían asumido y transformado.

Me he referido a todo esto como una “tesis” porque muchos estudiosos han puesto en duda este origen pagano reconvertido que tendría la Navidad (o al menos como único motivo), sobre todo en torno a varias teorías que se basan en tradiciones muy antiguas del cristianismo. La primera la podemos ver ejemplificada por Joseph Ratzinger, quien como teólogo explicó en El espíritu de la liturgia la elección de determinadas conmemoraciones judías y cristianas por su conexión con momentos cósmicos importantes. Según decía en su libro, los judíos consideraban que Dios hizo la creación del mundo un 25 de marzo (equinoccio de primavera), y los cristianos también comenzaron a celebrar ese día el nacimiento de Cristo. Pero en el siglo III la Iglesia decidió conmemorar ese día mejor la anunciación a María. Un simple cálculo matemático del embarazo colocaría el alumbramiento el 25 de diciembre. Por esto, afirmaba Ratzinger, no se sostiene la tesis de la reconversión de una fiesta pagana.

Una segunda teoría que ha cobrado fuerza es la que se basa en una antiquísima tradición que afirmaba que Jesús habría muerto el mismo día del año en el que fue concebido: el 25 de marzo. Sumándole 9 meses de gestación, llegamos de nuevo al 25 de diciembre. Apoyando esta teoría, los autores observan cómo en Oriente, tomando pie en otro calendario diferente, que situaba la pasión de Cristo el 6 de abril y la identificaba también con la fecha de la encarnación en el seno de María, la Navidad se traslada al 6 de enero.

Para no dejarnos ninguna de estas teorías tan interesantes, la última importante que señalan los historiadores es la que se basa en la espiritualidad judía y que ha recordado recientemente Luis Antequera: Cristo habría nacido el mismo día que Adán. Según explica este autor citando a un importante rabino de la Antigüedad, el primer hombre habría sido creado el 25 del duodécimo mes del año hebreo. Algo que casaría con el paralelismo que se estableció desde un principio en la teología cristiana entre ambas figuras, y que resume muy bien Pablo al llamar a Cristo el “nuevo Adán”.

Este excursus ha sido mucho más largo que el primero. Pero creo que ha valido la pena. ¿Para qué ha servido? Fundamentalmente, para poner en duda la tan extendida tesis de la cristianización de la fiesta pagana que supondría, en un ejercicio de hábil sincretismo eclesial, la Navidad. Una tesis asumida acríticamente por unos testigos de Jehová empeñados en rechazar la celebración cristiana del nacimiento de Cristo. Como no hemos hecho más que empezar, continuaré en un artículo posterior.




Navidad en la primera iglesia de Qatar



Iglesia de Nuestra Señora del Rosario, Doha.| A. Figueras
Amanda Figueras (Enviada especial) | Doha
Actualizado domingo 25/12/2011 18:48 horas

En las calles céntricas de Doha los árboles están iluminados. Las bombillas anaranjadas confieren a la ciudad un aspecto cuasi navideño. En realidad, fueron colocadas para la gran fiesta del Día Nacional de Qatar, el pasado 18 de diciembre, pero siguen brillando, dando 'calor' a los miles de cristianos que viven en allí.

Ellos son sólo una pequeña parte de todos los que se encuentran en los diversos países musulmanes del mundo, en los que la libertad para practicar su religión a menudo se pone en entredicho.

Aparte de polémicas y denuncias, y de la condena al escaso papel público que esta minoría suele poder jugar en los países islámicos, los cristianos árabes y los expatriados se unen para rememorar los tiempos en los que Dios se hizo hombre.

Un gran conocedor de cómo lo viven en la zona del Golfo Pérsico es el padre Peter, originario del sur de La India. Desde hace dos años es el responsable de la iglesia de Qatar, donde llegó tras ejercer otros 12 en el vecino Dubai. Afirma que "no hay problemas" y dice estar satisfecho con cómo el Gobierno "les protege".

El dinero, desde luego, no es problema. La iglesia que dirige, Nuestra Señora del Rosario, está en pleno proceso de expansión. Antes de esta gran obra, según explica el religioso, había un templo en el centro de la ciudad. Los habitantes capitalinos suelen justificar el traslado del centro del culto debido, sobre todo, a la falta de aparcamientos en su primera localización. Lo cierto es que la nueva iglesia está en medio de la nada, en una extensa llanura.

"No estamos tan lejos, ahora están haciendo en esta zona colegios y zonas residenciales", afirma el párroco, contento por los medios puestos a su disposición. La diversidad del público al que se dirigen es uno de los motivos. A la iglesia acuden creyentes de países -y con idiomas- tan diversos como: Filipinas, La India, Sri Lanka, Líbano, Italia, Francia, España, Indonesia, Pakistán o Corea del Sur -enumera el párroco-.

El edificio se encuentra en un terreno cedido por el emir Hamad bin Jalifa Al Thani y tiene capacidad en su interior para 3.000 personas. Llama la atención su planta, circular, y la ausencia de cruces en el exterior. Por dentro el templo es austero. Las paredes azul claro hacen destacar algo más las escasas imágenes.

El 'padre Peter' reconoce que el crecimiento o no de los feligreses en su iglesia depende de cuántos permisos de trabajo se concedan. Doha, según su censo de 2007, tiene una población de 358.100 habitantes. En el país, según información de la ONU de 2010, hay 1.508.000 habitantes, de los que el 92,4% son musulmanes y el 3,9% cristianos. No obstante, sólo alrededor del 20% tiene la nacionalidad qatarí.

Un día antes de Nochebuena, el religioso describe todas las actividades navideñas programadas. Sobre los españoles, los contabiliza en alrededor de 200, y subraya que hay otros tantos hispanohablantes entre los asiduos.

"Doha brilla, aparte de por las decenas de rascacielos iluminados que acompañan la orilla del mar, por el espíritu navideño de quienes la celebran", dice de manera poética un residente en la ciudad.

Pide nuncio a jóvenes ser mensajeros cibernéticos de la visita del papa

28 de enero de 2012 · 6 Comentarios
SILAO, Gto. (apro).- En su visita al santuario de Cristo Rey para hablar ante unos 30 mil jóvenes en la marcha nacional juvenil al Cubilete, el nuncio apostólico Christophe Pierre aclaró que más que una tregua al crimen organizado, el llamado de la Iglesia católica ante la próxima visita de Benedicto XVI es “un cambio de mentalidad y un cambio de sociedad”, y convocó a los jóvenes a ser “mensajeros cibernéticos” de la presencia del papa en México.

Aunque Pierre reconoció que la presencia del pontífice de la Iglesia católica “no va a cambiar la realidad del país”.

Según dijo en una conferencia de prensa en este santuario, la Iglesia quiere ofrecer “algo diferente” a la sociedad, hacerle ver lo absurdo que es vivir en la violencia y matar “por el dinero o por el poder”.

“Lo que pedimos es escuchar la voz de la razón y la voz de Dios”, añadió.

En su mensaje durante la ceremonia litúrgica oficiada en la explanada del santuario, acompañado por el arzobispo José Guadalupe Martín Rábago y los obispos de Querétaro y Celaya, el nuncio del Vaticano en México invitó a los miles de jóvenes a convertirse en “misioneros cibernéticos” de la visita del papa a México, divulgando y enlazando mensajes a través de Twitter, Facebook y todas las redes virtuales posibles.

“Quiero invitarlos a ser desde el día de hoy, escúchenme bien, como los modernos Juan Bautista; es decir, aquellos que preparan el camino y allanan los senderos al papa…”.

Luego, les explicó a los presentes que una manera de cumplir con esta misión es entrar a una cuenta de Twitter creada ex profeso: @estaeslajuventuddelpapa, y multiplicar el mensaje, así como sumarse a un contacto de Facebook con el mismo nombre “y todos los días retuitear y mandar mensajes que tengan que ver con la visita de su santidad Benedicto XVI”.

“¿Aceptan, lo quieren hacer o no?”, preguntó a los jóvenes, quienes le respondieron afirmativamente.

“Imaginen que están mandando mensajes que recibieron del santo padre en toda su red de Facebook… por qué no utilizar estos instrumentos y la experiencia de cada uno de ustedes para preparar la visita del papa, para ser luego la voz del papa que llegue a través de cada uno a todo México y al mundo entero”, fue la convocatoria explícita de Pierre.

El nuncio se dijo seguro de que si estos 30 mil jóvenes presentes en el Cubilete logran sumar a sus amigos y contactos en las redes virtuales, se convertirán en la red de más grande de jóvenes en el país que anuncie la visita de su santidad”.

“Esta es la juventud del papa”, agregó.

Ante los reporteros, el representante del Vaticano criticó el anuncio hecho por el presidente municipal de León, el panista Ricardo Sheffield Padilla, de que su gobierno cobrará por el uso de graderíos que colocará a lo largo del recorrido que Benedicto XVI hará a bordo del “papamóvil” por las avenidas principales de la ciudad el 23 de marzo, cuando arribe a la ciudad.

“Es absurdo, por ver al papa no se cobra”, rechazó.

Como cada año, esta marcha que congrega a jóvenes católicos de todo el país inició con un festival celebrado a las 4 de la madrugada en la explanada al pie del ascenso al santuario, donde la multitud fue recibida por el gobernador Juan Manuel Oliva Ramírez, y culminó con la ceremonia concelebrada por el nuncio Christophe Pierre y los obispos.


Lefebvristas deciden quedarse fuera de la comunión con la Iglesia católica

Jorge Enrique Mújica, LC


El 14 de septiembre de 2011 el cardenal Joseph Levada, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, entregó al superior de la fraternidad San Pío X, Bernard Fellay, un Preámbulo Doctrinal que servía de base para un eventual reconocimiento por parte de la Iglesia hacia la fraternidad (actualmente la organización fundada por el obispo Marcel Lefebvre, excomulgado en 1988, está privada de reconocimiento eclesiástico). Se trató de un ulterior acto de benevolencia por parte del Papa hacia ese grupo específico.

El conocido blog Rorate Caeli ha reportado que la respuesta de la fraternidad al preámbulo de la Santa Sede se habría entregado el pasado 10 de diciembre. Aunque no se anota la respuesta explícitamente, ya en el sermón del 8 de diciembre quedó claramente expresada por Fellay a sus seguidores: «Roma nos dice: ¡ustedes tienen que aceptar! Y nosotros decimos: no podemos. Por lo cual, lo que decidimos hacer, además de decirles que no podemos, es decirles: ¿no podrían ustedes mirar las cosas de un modo un poco distinto?».

En la homilía de la solemnidad de la Inmaculada Concepción, Bernard Fellay presentó así la situación:

«Ustedes se han enterado de que ha habido una propuesta de Roma, propuesta que dice: «Estamos dispuestos a reconocerlos a ustedes». El problema es que sigue habiendo una condición. Esta condición ha podido variar un poco en su formulación, pero en el fondo sigue siendo la misma. Esta condición es: hay que aceptar el Concilio. Podría resumirse la situación actual diciendo: «Sí, ustedes pueden criticar el Concilio, pero con una condición: primero hay que aceptarlo». Y nosotros decimos: «¿Que se puede criticar después?». Creo que este es un resumen honesto de la situación actual. No es difícil describirles a ustedes nuestra respuesta».

Más adelante el mismo Fellay refiere un punto que pone a la fraternidad ipso facto fuera de la ya de por sí comunión imperfecta en que estaban respecto a la Iglesia pues se trata de una negación ya no sólo del Concilio Vaticano II sino también del Catecismo de la Iglesia Católica (el texto íntegro de la homilía en su original francés puede consultarse en este enlace):

«En esa famosa propuesta, se nos dice: «Ustedes se comprometen a reconocer que en los puntos del Concilio que plantean dificultad, el único modo de comprenderlos es entenderlos a la luz de la Tradición continua y perpetua, o sea, a la luz del Magisterio precedente». La luz de la Tradición es el único modo con el que se pueden comprender los puntos dudosos. Van incluso más lejos: «Cualquier proposición e interpretación de estos textos dudosos, que se opusieran al Magisterio perpetuo y continuo de la Iglesia, debe rechazarse…». Es lo que nosotros hemos hecho siempre. Pero hay un diminuto inciso que añade: «…como dice el Nuevo Catecismo»; ahora bien, el Nuevo Catecismo repite lo que dice el Concilio».

Apenas el 2 de diciembre de 2011 L´Osservatore Romano, el diario propiedad de la Santa Sede, publicó en seis idiomas un artículo del Vicario General del Opus Dei «Sobre la adhesión al concilio Vaticano II. En el quincuagésimo aniversario de su convocación» (léase aquí en español).





domingo, 1 de enero de 2012

Falta clero así se ajusta la sexta diócesis de EEUU

Mientras en Asia y África la Iglesia crece a pasos agigantados, en Occidente la situación preocupa.
Actualizado 2 diciembre 2011

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La archidiócesis de Detroit (Estados Unidos) tiene 270 parroquias, que son 43 menos que hace diez años. Pero el proceso de concentración es imparable. Si sigue el dictamen de sus asesores, el titular de la diócesis, Allen Vigneron, hará un nuevo recorte para refundir 60 parroquias en 21 dentro del Plan Pastoral 2012. Esto implicará una mengua del 27% de las parroquias en una década.

La causa de estas medidas es la disminución del número de fieles, pero sobre todo de sacerdotes. Son 438 diocesanos y 206 religiosos, pero su edad media es de 62 años. Sólo 293 están asignados a una parroquia, pero de esos, el 29% se jubilará antes de diez años.

La caída de católicos en la sexta diócesis más poblada de Estados Unidos ha sido de un 6% desde 2001, pero los fieles siguen motivados para dar la batalla y detener esa sangría. El mismo consejo que recomienda la concentración parroquial ha diseñado un ambicioso proyecto para multiplicar las actividades apostólicas. Será un pequeño ejército de 1.500 seglares con un objetivo que parece prioritario: recuperar las vocaciones sacerdotales.



Educar a los jóvenes en la justicia y la paz

Mensaje de su santidad Benedicto XVI para la celebración de la Jornada Mundial de la Paz 2012

1 enero 2012

En otros idiomas

http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/messages/peace/index_sp.htm


1. EL COMIENZO DE UN AÑO NUEVO, don de Dios a la humanidad, es una invitación a desear a todos, con mucha confianza y afecto, que este tiempo que tenemos por delante esté marcado por la justicia y la paz.

¿Con qué actitud debemos mirar el nuevo año? En el salmo 130 encontramos una imagen muy bella. El salmista dice que el hombre de fe aguarda al Señor «más que el centinela la aurora» (v. 6), lo aguarda con una sólida esperanza, porque sabe que traerá luz, misericordia, salvación. Esta espera nace de la experiencia del pueblo elegido, el cual reconoce que Dios lo ha educado para mirar el mundo en su verdad y a no dejarse abatir por las tribulaciones.

Os invito a abrir el año 2012 con dicha actitud de confianza. Es verdad que en el año que termina ha aumentado el sentimiento de frustración por la crisis que agobia a la sociedad, al mundo del trabajo y la economía; una crisis cuyas raíces son sobre todo culturales y antropológicas. Parece como si un manto de oscuridad hubiera descendido sobre nuestro tiempo y no dejara ver con claridad la luz del día.

En esta oscuridad, sin embargo, el corazón del hombre no cesa de esperar la aurora de la que habla el salmista. Se percibe de manera especialmente viva y visible en los jóvenes, y por esa razón me dirijo a ellos teniendo en cuenta la aportación que pueden y deben ofrecer a la sociedad. Así pues, quisiera presentar el Mensaje para la XLV Jornada Mundial de la Paz en una perspectiva educativa: «Educar a los jóvenes en la justicia y la paz», convencidos de que ellos, con su entusiasmo y su impulso hacia los ideales, pueden ofrecer al mundo una nueva esperanza.

Mi mensaje se dirige también a los padres, las familias y a todos los estamentos educativos y formativos,así como a los responsables en los distintosámbitos de la vida religiosa, social, política, económica, cultural y de la comunicación. Prestar atención al mundo juvenil, saber escucharlo y valorarlo, no es sólo una oportunidad, sino un deber primario de toda la sociedad, para la construcción de un futuro de justicia y de paz.

Se ha de transmitir a los jóvenes el aprecio por el valor positivo de la vida, suscitando en ellos el deseo de gastarla al servicio del bien. Éste es un deber en el que todos estamos comprometidos en primera persona.

Las preocupaciones manifestadas en estos últimos tiempos por muchos jóvenes en diversas regiones del mundo expresan el deseo de mirar con fundada esperanza el futuro. En la actualidad, muchos son los aspectos que les preocupan: el deseo de recibir una formación que les prepare con más profundidad a afrontar la realidad, la difi cultad de formar una familia y encontrar un puesto estable de trabajo, la capacidad efectiva de contribuir al mundo de la política, de la cultura y de la economía, para edificar una sociedad con un rostro más humano y solidario.

Es importante que estos fermentos, y el impulso idealista que contienen, encuentren la justa atención en todos los sectores de la sociedad. La Iglesia mira a los jóvenes con esperanza, confía en ellos y les anima a buscar la verdad, a defender el bien común, a tener una perspectiva abierta sobre el mundo y ojos capaces de ver «cosas nuevas» (Is 42,9; 48,6).

Los responsables de la educación

2. La educación es la aventura más fascinante y difícil de la vida. Educar –que viene de educere en latín– significa conducir fuera de sí mismos para introducirles en la realidad, hacia una plenitud que hacer crecer a la persona. Ese proceso se nutre del encuentro de dos libertades, la del adulto y la del joven.

Requiere la responsabilidad del discípulo, que ha de estar abierto a dejarse guiar al conocimiento de la realidad, y la del educador, que debe de estar dispuesto a darse a sí mismo. Por eso, los testigos auténticos, y no simples dispensadores de reglas o informaciones, son más necesarios que nunca; testigos que sepan ver más lejos que los demás, porque su vida abarca espacios más amplios. El testigo es el primero en vivir el camino que propone.

¿Cuáles son los lugares donde madura una verdadera educación en la paz y en la justicia? Ante todo la familia, puesto que los padres son los primeros educadores. La familia es la célula originaria de la sociedad. «En la familia es donde los hijos aprenden los valores humanos y cristianos que permiten una convivencia constructiva y pacífica. En la familia esdonde se aprende la solidaridad entre las generaciones, el respeto de las reglas, el perdón y la acogida del otro».1 Ella es la primera escuela donde se recibe educación para la justicia y la paz.

Vivimos en un mundo en el que la familia, y también la misma vida, se ven constantemente amenazadas y, a veces, destrozadas. Unas condiciones de trabajo a menudo poco conciliables con las responsabilidades familiares, la preocupación por el futuro, los ritmos de vida frenéticos, la emigración en busca de un sustento adecuado, cuando no de la simple supervivencia, acaban por hacer difícil la posibilidad de asegurar a los hijos uno de los bienes más preciosos: la presencia de los padres; una presencia que les permita cada vez más compartir el camino con ellos, para poder transmitirles esa experiencia y cúmulo de certezas que se adquieren con los años, y que sólo se pueden comunicar pasando juntos eltiempo. Deseo decir a los padres que no se desanimen. Que exhorten con el ejemplo de su vida a los hijos a que pongan la esperanza ante todo en Dios, el único del que mana justicia y paz auténtica.

Quisiera dirigirme también a los responsables de las instituciones dedicadas a la educación: que vigilen con gran sentido de responsabilidad para que se respete y valore en toda circunstancia la dignidad de cada persona. Que se preocupen de que cada joven pueda descubrir la propia vocación, acompañándolo mientras hace fructificar los dones que el Señor le ha concedido. Que aseguren a las familias que sus hijos puedan tener un camino formativo que se contradiga con su conciencia y principios religiosos.

Que todo ambiente educativo sea un lugar de apertura al otro y a lo transcendente; lugar de diálogo, de cohesión y de escucha, en el que el joven se sienta valorado en sus propias potencialidades y riqueza interior, y aprenda a apreciar a los hermanos. Que enseñe a gustar la alegría que brota de vivir día a día la caridad y la compasión por el prójimo, y de participar activamente en la construcción de una sociedad más humana y fraterna.

Me dirijo también a los responsables políticos, pidiéndoles que ayuden concretamente a las familias e instituciones educativas a ejercer su derecho-deber de educar. Nunca debe faltar una ayuda adecuada a la maternidad y a la paternidad. Que se esfuercen para que a nadie se le niegue el derecho a la instrucción y las familias puedan elegir libremente las estructuras educativas que consideren más idóneas para el bien de sus hijos. Que trabajen para favorecer el reagrupamiento de las familias divididas por la necesidad de encontrar medios de subsistencia. Ofrezcan a los jóvenes una imagen límpida de la política, como verdadero servicio al bien de todos.

No puedo dejar de hacer un llamamiento, además, al mundo de los medios, para que den su aportación educativa. En la sociedad actual, los medios de comunicación de masas tienen un papel particular: no sólo informan, sino que también forman el espíritu de sus destinatarios y, por tanto, pueden dar una aportación notable a la educación de los jóvenes. Es importante tener presente que los lazos entre educación y comunicación son muy estrechos: en efecto, la educación se produce mediante la comunicación, que influye positiva o negativamente en la formación de la persona.

También los jóvenes han de tener el valor de vivir ante todo ellos mismos lo que piden a quienes están en su entorno. Les corresponde una gran responsabilidad: que tengan la fuerza de usar bien y conscientemente la libertad. También ellos son responsables de la propia educación y formación en la justicia y la paz.

Educar en la verdad y en la libertad

3. San Agustín se preguntaba: «Quid enim fortius desiderat anima quam veritatem? - ¿Ama algo el alma con más ardor que la verdad?».2 El rostro humano de una sociedad depende mucho de la contribución de la educación a mantener viva esa cuestión insoslayable. En efecto, la educación persigue la formación integral de la persona, incluida la dimensión moral y espiritual del ser, con vistas a su fin último y al bien de la sociedad de la que es miembro. Por eso, para educar en la verdad es necesario saber sobre todo quién es la persona humana, conocer su naturaleza.

Contemplando la realidad que lo rodea, el salmista reflexiona: «Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado. ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano, para que de él te cuides?» (Sal 8,4-5). Ésta es la cuestión fundamental que hay que plantearse: ¿Quién es el hombre? El hombre es un ser que alberga en su corazón una sed de infinito, una sed de verdad –no parcial, sino capaz de explicar el sentido de la vida– porque ha sido creado a imagen y semejanza de Dios. Así pues, reconocer con gratitud la vida como un don inestimable lleva a descubrir la propia dignidad profunda y la inviolabilidad de toda persona. Por eso, la primera educación consiste en aprender a reconocer en el hombre la imagen del Creador y, por consiguiente, a tener un profundo respeto por cada ser humano y ayudar a los otros a llevar una vida conforme a esta altísima dignidad.

Nunca podemos olvidar que «el auténtico desarrollo del hombre se refiere a la totalidad de la persona en todas sus dimensiones»,3 incluida la trascendente, y que no se puede sacrificar a la persona para obtener un bien particular, ya sea económico o social, individual o colectivo. Sólo en la relación con Dios comprende también el hombre el significado de la propia libertad. Y es cometido de la educación el formar en la auténtica libertad. Ésta no es la ausencia de vínculos o el dominio del libre albedrío, no es el absolutismo del yo.

El hombre que cree ser absoluto, no depender de nada ni de nadie, que puede hacer todo lo que se le antoja, termina por contradecir la verdad del propio ser, perdiendo su libertad. Por el contrario, el hombre es un ser relacional, que vive en relación con los otros y, sobre todo, con Dios. La auténtica libertad nunca se puede alcanzar alejándose de Él.

La libertad es un valor precioso, pero delicado; se la puede entender y usar mal. «En la actualidad, un obstáculo particularmente insidioso para la obra educativa es la masiva presencia, en nuestra sociedad y cultura, del relativismo que, al no reconocer nada como definitivo, deja como última medida sólo el propio yo con sus caprichos; y, bajo la apariencia de la libertad, se transforma para cada uno en una prisión, porque separa al uno del otro, dejando a cada uno encerrado dentro de su propio “yo”. Por consiguiente, dentro de ese horizonte relativista no es posible una auténtica educación, pues sin la luz de la verdad, antes o después, toda persona queda condenada a dudar de la bondad de su misma vida y de las relaciones que la constituyen, de la validez de su esfuerzo por construir con los demás algo en común».4

Para ejercer su libertad, el hombre debe superar por tanto el horizonte del relativismo y conocer la verdad sobre sí mismo y sobre el bien y el mal. En lo más íntimo de la conciencia el hombre descubre una ley que él no se da a sí mismo, sino a la que debe obedecer y cuya voz lo llama a amar, a hacer el bien y huir del mal, a asumir la responsabilidad del bien que ha hecho y del mal que ha cometido.5 Por eso, el ejercicio de la libertad está íntimamente relacionado con la ley moral natural, que tiene un carácter universal, expresa la dignidad de toda persona, sienta la base de sus derechos y deberes fundamentales, y, por tanto, en último análisis, de la convivencia justa y pacífica entre las personas.

El uso recto de la libertad es, pues, central en la promoción de la justicia y la paz, que requieren el respeto hacia uno mismo y hacia el otro, aunque se distancie de la propia forma de ser y vivir. De esa actitud brotan los elementos sin los cuales la paz y la justicia se quedan en palabras sin contenido: la confianza recíproca, la capacidad de entablar un diálogo constructivo, la posibilidad del perdón, que tantas veces se quisiera obtener pero que cuesta conceder, la caridad recíproca, la compasión hacia los más débiles, así como la disponibilidad para el sacrificio.

Educar en la justicia

4. En nuestro mundo, en el que el valor de la persona, de su dignidad y de sus d
erechos, más allá de las declaraciones de intenciones, está seriamente amenazado por la extendida tendencia a recurrir exclusivamente a los criterios de utilidad, del beneficio y del tener, es importante no separar el concepto de justicia de sus raíces transcendentes. La justicia, en efecto, no es una simple convención humana, ya que lo que es justo no está determinado originariamente por la ley positiva, sino por la identidad profunda del ser humano. La visión integral del hombre es lo que permite no caer en una concepción contractualista de la justicia y abrir también para ella el horizonte de la solidaridad y del amor.6

No podemos ignorar que ciertas corrientes de la cultura moderna, sostenida por principios económicos racionalistas e individualistas, han sustraído al concepto de justicia sus raíces transcendentes, separándolo de la caridad y la solidaridad: «La “ciudad del hombre” no se promueve sólo con relaciones de derechos y deberes sino, antes y más aún, con relaciones de gratuidad, de misericordia y de comunión. La caridad manifiesta siempre el amor de Dios también en las relaciones humanas, otorgando valor teologal y salvífico a todo compromiso por la justicia en el mundo».7 «Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados» (Mt 5,6). Serán saciados porque tienen hambre y sed de relaciones rectas con Dios, consigo mismos, con sus hermanos y hermanas, y con toda la creación.

Educar en la paz

5. «La paz no es sólo ausencia de guerra y no se limita a asegurar el equilibrio de fuerzas adversas. La paz no puede alcanzarse en la tierra sin la salvaguardia de los bienes de las personas, la libre comunicación entre los seres humanos, el respeto de la dignidad de las personas y de los pueblos, la práctica asidua de la fraternidad».8 La paz es fruto de la justicia y efecto de la caridad. Y es ante todo don de Dios. Los cristianos creemos que Cristo es nuestra verdadera paz: en Él, en su cruz, Dios ha reconciliado consigo al mundo y ha destruido las barreras que nos separaban a unos de otros (cf. Ef 2,14-18); en Él, hay una única familia reconciliada en el amor.

Pero la paz no es sólo un don que se recibe, sino también una obra que se ha de construir. Para ser verdaderamente constructores de la paz, debemos ser educados en la compasión, la solidaridad, la colaboración, la fraternidad; hemos de ser activos dentro de las comunidades y atentos a despertar las consciencias sobre las cuestiones nacionales e internacionales, así como sobre la importancia de buscar modos adecuados de redistribución de la riqueza, de promoción del crecimiento, de la cooperación al desarrollo y de la resolución de los conflictos.

«Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios» (Mt 5,9).

 La paz para todos nace de la justicia de cada uno y ninguno puede eludir este compromiso esencial de promover la justicia, según las propias competencias y responsabilidades. Invito de modo particular a los jóvenes, que mantienen siempre viva la tensión hacia los ideales, a tener la paciencia y constancia de buscar la justicia y la paz, de cultivar el gusto por lo que es justo y verdadero, aun cuando esto pueda comportar sacrificio e ir contracorriente.

Levantar los ojos a Dios

6. Ante el difícil desafío que supone recorrer la vía de la justicia y de la paz, podemos sentirnos tentados de preguntarnos como el salmista: «Levanto mis ojos a los montes: ¿de dónde me vendrá el auxilio?» (Sal 121,1). Deseo decir con fuerza a todos, y particularmente a los jóvenes: «No son las ideologías las que salvan el mundo, sino sólo dirigir la mirada al Dios viviente, que es nuestro creador, el garante de nuestra libertad, el garante de lo que es realmente bueno y auténtico [...], mirar a Dios, que es la medida de lo que es justo y, al mismo tiempo, es el amor eterno. Y ¿qué puede salvarnos sino el amor?».9 El amor se complace en la verdad, es la fuerza que nos hace capaces de comprometernos con la verdad, la justicia, la paz, porque todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta (cf. 1 Co 13,1-13).

Queridos jóvenes, vosotros sois un don precioso para la sociedad. No os dejéis vencer por el desánimo ante a las dificultades y no os entreguéis a las falsas soluciones, que con frecuencia se presentan como el camino más fácil para superar los problemas. No tengáis miedo de comprometeros, de hacer frente al esfuerzo y al sacrificio, de elegir los caminos que requieren fidelidad y constancia, humildad y dedicación. Vivid con confianza vuestra juventud y esos profundos deseos de felicidad, verdad, belleza y amor verdadero que experimentáis. Vivid con intensidad esta etapa de vuestra vida tan rica y llena de entusiasmo.

Sed conscientes de que vosotros sois un ejemplo y estímulo para los adultos, y lo seréis cuanto más os esforcéis por superar las injusticias y la corrupción, cuanto más deseéis un futuro mejor y os comprometáis en construirlo. Sed conscientes de vuestras capacidades y nunca os encerréis en vosotros mismos, sino sabed trabajar por un futuro más luminoso para todos. Nunca estáis solos. La Iglesia confía en vosotros, os sigue, os anima y desea ofreceros lo que tiene de más valor: la posibilidad de levantar los ojos hacia Dios, de encontrar a Jesucristo, Aquel que es la justicia y la paz.

A todos vosotros, hombres y mujeres preocupados por la causa de la paz. La paz no es un bien ya logrado, sino una meta a la que todos debemos aspirar. Miremos con mayor esperanza al futuro, animémonos mutuamente en nuestro camino, trabajemos para dar a nuestro mundo un rostro más humano y fraterno y sintámonos unidos en la responsabilidad respecto a las jóvenes generaciones de hoy y del mañana, particularmente en educarlas a ser pacíficas y artífices de paz. Consciente de todo ello, os envío estas reflexiones y os dirijo un llamamiento: unamos nuestras fuerzas espirituales, morales y materiales para «educar a los jóvenes en la justicia y la paz».

Vaticano, 8 de diciembre de 2011
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Notas
1 Discurso a los Administradores de la Región del Lacio, del Ayuntamiento
y de la Provincia de Roma, (14 enero 2011), L’Osservatore Romano,
ed. en lengua española (23 enero 2011)
2 Comentario al Evangelio de S. Juan, 26,5.

3 Carta enc. Caritas in veritate (29 junio 2009), 11: AAS 101 (2009),
648; cf. PABLO VI, Carta enc. Populorum progressio (26 marzo 1967), 14:
AAS 59 (1967), 264.

4 Discurso en la ceremonia de apertura de la Asamblea eclesial de la
diócesis de Roma (6 junio 2005): AAS 97 (2005), 816.

5 Cf. CONC. ECUM. VAT. II, Const. past. Gaudium et spes, 16.

6 Cf. Discurso en el Bundestag (Berlín, 22 septiembre 2011): L’Osservatore
Romano, ed. en lengua española (25 septiembre 2011), 6-7.
7 Carta enc. Caritas in veritate (29 junio 2009), 6: AAS 101 (2009),
644-645.

8 Catecismo de la Iglesia Católica, 2304.
9 Vigilia de oración con los jóvenes (Colonia, 20 agosto 2005): AAS 97
(2005), 885-886.
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