Gracias por la mano firme y bondadosa con la que nos ha guiado.
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¡Venga tu Reino!
Roma. 15
de febrero de 2013
Beatísimo
Padre,
Los
Legionarios de Cristo y los miembros del Movimiento Regnum Christi queremos
presentarle nuestra profunda gratitud por el acompañamiento paternal y
solícito que ha dado a nuestra familia carismática durante su pontificado.
Gracias
por la mano firme y bondadosa con la que nos ha guiado para avanzar llenos de
esperanza por el camino de purificación y renovación que estamos recorriendo.
Su
renuncia nos ha causado por un lado tristeza, considerando todo lo que Ud. ha
hecho por nosotros y como nos ha guiado personalmente y a través de su
Delegado.
Pero,
también, nos llena de admiración y orgullo filial constatar una vez más su
gran amor a la Iglesia, su confianza en Dios y su profunda humildad.
Este
miércoles de ceniza, los legionarios de Cristo y los miembros consagrados del
Regnum Christi hemos querido acompañarle en la audiencia general y en la misa
de imposición de las cenizas para mostrarle nuestro afecto y nuestra adhesión
incondicional al Sucesor de Pedro.
Nos
gustaría que supiera que hoy, y en la nueva etapa de su servicio a la Iglesia
que iniciará al terminar su pontificado, cuenta siempre con nuestra oración y
con un lugar especial en nuestros corazones.
Le
pedimos, humildemente, su bendición. ¡Gracias, Santo Padre, por su magisterio
en palabras y obras, por su testimonio de entrega a Cristo y a la Iglesia!
Sylvester Heereman LC
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FECHA DE PUBLICACIÓN: 2013-02-18
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viernes, 22 de febrero de 2013
Gracias por la mano firme y bondadosa con la que nos ha guiado.
domingo, 17 de febrero de 2013
El Vaticano organizará una despedida al Papa a la que acudirán líderes de todo el mundo.
efe / Ciudad del Vaticano
Día 12/02/2013 -
08.07h
Temas relacionados
·
El cardenal
decano, Angelo Sodano, afirma que los purpurados recibieron «incrédulos y desorientados»
las palabras de renuncia del Santo Padre
reuters
Angelo Sodano abraza al Santo Padre.
El Vaticano dará una despedida a Benedicto XVI antes de que ponga fin a su
pontificado, previsto para el 28 de febrero próximo, a la que espera asistan
fieles de todo el mundo «y autoridades de muchos países».
Así lo aseguró este lunes el cardenal decano, Angelo Sodano,
en las palabras de agradecimiento que pronunció, tras anunciar el Papa su
renuncia al Trono de
Pedro.
«Santo Padre, antes del 28 de febrero, día en el que,
como usted ha dicho, desea poner fin a su servicio pontifical, realizado con
tanto amor, con tanta humildad, tendremos el modo de expresarle mejor nuestros
sentimientos, así haremos tantos pastores y fieles repartidos por el mundo, así
harán tantos hombres de buena voluntad junto a las autoridades de muchos
países», dijo Sodano, sin precisar más.
El cardenal decano dijo en un breve discurso pronunciado
ante el Papa que le habían escuchado «desorientados y casi del todo incrédulos»
y que en sus palabras habían notado «el gran afecto que siempre ha tenido por
la Santa Iglesia de Dios, por esta Iglesia que tanto ha amado».
Sodano recordó cuando el 19 de abril de 2005 fue elegido
papa y a él le tocó preguntarle si aceptaba la elección canónica y le
respondió, «temblando» que la aceptaba «confiando en la gracia del Señor y en
la materna intercesión de María».
«Antes de su
despedida tendremos la alegría de escuchar su voz de pastor».
El cardenal Sodano expresó su satisfacción porque antes
del 28 de febrero, fecha fijada por el Papa para abandonar el Trono de Pedro,
«tendremos la alegría de escuchar su voz de pastor».
Benedicto XVI tiene
previsto celebrar el próximo miércoles la audiencia pública y por la tarde
acudir a la colina romana del Aventino para presidir los ritos del Miércoles de
Ceniza, que abren el tiempo de Cuaresma.
Allí presidirá una procesión desde la basílica de San
Anselmo hasta la cercana de Santa Sabina, donde impondrá y recibirá las
cenizas.
El domingo 17 de febrero, Benedicto XVI se retirara
durante una semana en ejercicios espirituales, que celebrará, junto a los
cardenales de la Curia romana, en la capilla «Redemptoris Mater», del Vaticano.
El retiro espiritual concluirá el sábado 23 de febrero.
sábado, 17 de noviembre de 2012
Bienvenida la Nueva Presidencia de la Conferencia Episcopal Mexicana para el Trienio 2012 2015.
Escrito por CEM
La Conferencia del Episcopado
Mexicano se complace en comunicar a toda la Iglesia que peregrina en México y
personas de buena voluntad, que los Obispos en el pleno de la XCIV Asamblea
Plenaria, eligieron al Card.
José Francisco Robles Ortega, Arzobispo de Guadalajara, para
ocupar, durante tres años la Presidencia de este Organismo.
También
comunicamos los nombres de los Señores Obispos que integrarán el Consejo de
Presidencia de la CEM:
Vicepresidente:
Mons. Javier Navarro Rodríguez, Obispo de Zamora.
Secretario
General: Mons. Eugenio Lira Rugarcía, Obispo Auxiliar de Puebla.
Tesorero General:
Mons. Roberto Domínguez Couttolenc, Obispo de Ecatepec.
1er Vocal: Mons.
Sigifredo Noriega Barceló, Obispo de Zacatecas.
2do Vocal: Mons.
Carlos Garfias Merlos, Arzobispo de Acapulco.
Damos gracias a
Dios por la presencia de su Espíritu en este momento que se define el rumbo de
la Conferencia Episcopal al servicio de la Iglesia en México en el Año de la Fe
y oramos por la intercesión de Santa María de Guadalupe que nos fortalezca como
discípulos y misioneros de Jesucristo en la Nueva Evangelización para que todos
nuestros pueblos en Él tengan Vida.
+ Víctor René Rodríguez Gómez
Obispo Electo de Valle de Chalco
Secretario General de la CEM
Obispo Electo de Valle de Chalco
Secretario General de la CEM
miércoles, 3 de octubre de 2012
A Margarita Zavala no le gusta que la llamen Primera Dama sino la esposa del Presidente Felipe Calderón.
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domingo, 2 de septiembre de 2012
Divorciados vueltos a casar deben ir a Misa y comulgar espiritualmente
Vaticano:
1
Mons. Jean Laffitte
ROMA, 30 Jul. 12 / 10:08 am (ACI/EWTN Noticias).- El Secretario del Pontificio Consejo para la Familia, Mons. Jean Laffitte, recordó que las personas divorciadas vueltas a casar deben participar de la Santa Misa y participar en la Comunión solamente de manera espiritual.
En entrevista concedida a ACI Prensa el 25 de julio en Roma, Mons. Laffitte señaló,
que las personas divorciadas que contrajeron segundas nupcias, aunque no puedan
recibir la comunión eucarística "siguen estando plenamente dentro de la Iglesia" y "siempre pueden tener una comunión
espiritual fructífera".
Al recordar la Exhortación
Apostólica del Beato Juan Pablo II, Familiaris Consortio, el Prelado explicó que existe una
distinción entre la comunión espiritual y la comunión eucarística, que afirma
que sin la primera, no puede existir la segunda.
En este sentido, Mons.
Laffitte indicó que la comunión espiritual es la forma en la que la persona se
une personalmente a Cristo en el momento de la redención del Santo Sacrificio,
para así, después, recibir la comunión eucarística.
En esta perspectiva, "las
personas que por una u otra razón no pueden recibir la Santa Comunión, o
comulgar, siempre pueden tener una comunión espiritual fructífera",
remarcó.
"Esto no es una
disciplina inventada por la Iglesia", recordó, y por lo tanto, en el matrimonio, "los cónyuges hacen un pacto con Dios, y
Dios hace un pacto con ellos", que crea un sacramento indisoluble. Una
segunda unión "lo convertiría en algo contradictorio y contrario a lo
sacramental".
Finalmente, Mons. Laffite
explicó, que para la comunión hace falta preparar el corazón para recibir al
Señor, y de este modo, cuando los divorciados vueltos a casar se abtienen de
recibirla, "dan mucho más honor al Señor con su sacrificio y ofreciéndose
ellos mismos, a través del dolor que tienen en sus corazones, en el sacramento
de la Eucaristía".
"Ellos sufren por esto,
pero, hay más honor dado por el cuerpo de Cristo en esta situación, que en
cuando los bautizados van de manera superficial y a veces, de manera poco
digna, a tomar la Comunión, sea cual sea el estado de sus almas",
concluyó.
Los divorciados vueltos a
casar y el sacramento de la Comunión
La Congregación de la Doctrina
para la Fe expresó en su carta a todos los obispos del mundo de octubre de
1994, que una persona divorciada vuelta a casar no puede participar de la
Comunión, porque el matrimonio "es la imagen de la relación entre Cristo y
su Iglesia".
En ese aspecto, la Iglesia
explica que los divorciados vueltos a casar sin un decreto de nulidad para el
primer matrimonio, se encuentran en una relación de adulterio que no les
permite arrepentirse honestamente, para recibir la absolución de sus pecados y
por consiguiente, la Santa Comunión.
Dentro de este marco, para
acercarse a los Sacramentos de la Penitencia y a la Eucaristía, deben resolver
la irregularidad matrimonial por el Tribunal de los Procesos Matrimoniales u
otros procedimientos que se aplican a los matrimonios de los no bautizados, de
ser el caso.
Al respecto el Beato Juan
Pablo II señala que "la Iglesia desea que estas parejas participen de la vida de la Iglesia hasta donde les sea posible (y esta
participación en la Misa, adoración Eucarística, devociones y otros serán de
gran ayuda espiritual para ellos) mientras trabajan para lograr la completa
participación sacramental".
miércoles, 8 de agosto de 2012
Cáncer oración por las personas que tienen cáncer Próximo Viernes !
domingo, 8 de abril de 2012
Discurso íntegro del Papa Benedicto XVI en su visita a México.
Excelentísimo Señor Presidente de la República,
Señores Cardenales,
Venerados hermanos en el Episcopado y el Sacerdocio,
Distinguidas autoridades,
Amado pueblo de Guanajuato y de México entero
Me siento muy feliz de estar aquí, y doy gracias a Dios por haberme
permitido realizar el deseo, guardado en mi corazón desde hace mucho tiempo, de
poder confirmar en la fe al Pueblo de Dios de esta gran nación en su propia
tierra.
Es proverbial el fervor del pueblo mexicano con el Sucesor de Pedro, que
lo tiene siempre muy presente en su oración. Lo digo en este lugar, considerado
el centro geográfico de su territorio, al cual ya quiso venir desde su primer
viaje mi venerado predecesor, el beato Juan Pablo II.
Al no poder hacerlo, dejó en aquella ocasión un mensaje de aliento y
bendición cuando sobrevolaba su espacio aéreo. Hoy me siento dichoso de hacerme
eco de sus palabras, en suelo firme y entre ustedes: Agradezco decía en su
mensaje el afecto al Papa y la fidelidad al Señor de los fieles del Bajío y
de Guanajuato. Que Dios les acompañe siempre (cf. Telegrama, 30 enero 1979).
Con este recuerdo entrañable, le doy las gracias, Señor Presidente, por
su cálido recibimiento, y saludo con deferencia a su distinguida esposa y demás
autoridades que han querido honrarme con su presencia. Un saludo muy especial a
Monseñor José Guadalupe Martín Rábago, Arzobispo de León, así como a Monseñor
Carlos Aguiar Retes, Arzobispo de Tlalnepantla, y Presidente de la Conferencia
del Episcopado Mexicano y del Consejo Episcopal Latinoamericano. Con esta breve
visita, deseo estrechar las manos de todos los mexicanos y abarcar a las
naciones y pueblos latinoamericanos, bien representados aquí por tantos
obispos, precisamente en este lugar en el que el majestuoso monumento a Cristo
Rey, en el cerro del Cubilete, da muestra de la raigambre de la fe católica
entre los mexicanos, que se acogen a su constante bendición en todas sus
vicisitudes.
México, y la mayoría de los pueblos latinoamericanos, han conmemorado el
bicentenario de su independencia, o lo están haciendo en estos años. Muchas han
sido las celebraciones religiosas para dar gracias a Dios por este momento tan
importante y significativo. Y en ellas, como se hizo en la Santa Misa en la
Basílica de San Pedro, en Roma, en la solemnidad de Nuestra Señora de
Guadalupe, se invocó con fervor a María Santísima, que hizo ver con dulzura
cómo el Señor ama a todos y se entregó por ellos sin distinciones. Nuestra
Madre del cielo ha seguido velando por la fe de sus hijos también en la
formación de estas naciones, y lo sigue haciendo hoy ante los nuevos desafíos
que se les presentan.
Vengo como peregrino de la fe, de la esperanza y de la caridad. Deseo
confirmar en la fe a los creyentes en Cristo, afianzarlos en ella y animarlos a
revitalizarla con la escucha de la Palabra de Dios, los sacramentos y la
coherencia de vida. Así podrán compartirla con los demás, como misioneros entre
sus hermanos, y ser fermento en la sociedad, contribuyendo a una convivencia
respetuosa y pacífica, basada en la inigualable dignidad de toda persona
humana, creada por Dios, y que ningún poder tiene derecho a olvidar o
despreciar. Esta dignidad se expresa de manera eminente en el derecho
fundamental a la libertad religiosa, en su genuino sentido y en su plena
integridad.
Como peregrino de la esperanza, les digo con san Pablo: «No se
entristezcan como los que no tienen esperanza» (1 Ts 4,13).
La confianza en Dios ofrece la certeza de encontrarlo, de recibir su
gracia, y en ello se basa la esperanza de quien cree. Y, sabiendo esto, se
esfuerza en transformar también las estructuras y acontecimientos presentes
poco gratos, que parecen inconmovibles e insuperables, ayudando a quien no
encuentra en la vida sentido ni porvenir.
Sí, la esperanza cambia la existencia concreta de cada hombre y cada
mujer de manera real (cf. Spe salvi, 2). La esperanza apunta a «un cielo nuevo
y una tierra nueva» (Ap 21,1), tratando de ir haciendo palpable ya ahora
algunos de sus reflejos. Además, cuando arraiga en un pueblo, cuando se
comparte, se difunde como la luz que despeja las tinieblas que ofuscan y
atenazan.
Este país, este Continente, está llamado a vivir la esperanza en Dios
como una convicción profunda, convirtiéndola en una actitud del corazón y en un
compromiso concreto de caminar juntos hacia un mundo mejor.
Como ya dije en Roma, «continúen avanzando sin desfallecer en la
construcción de una sociedad cimentada en el desarrollo del bien, el triunfo
del amor y la difusión de la justicia» (Homilía en la solemnidad de Nuestra
Señora de Guadalupe, Roma, 12 diciembre 2011).
Junto a la fe y la esperanza, el creyente en Cristo, y la Iglesia en su
conjunto, vive y practica la caridad como elemento esencial de su misión.
En su acepción primera, la caridad «es ante todo y simplemente la
respuesta a una necesidad inmediata en una determinada situación» (Deus caritas
est, 31,a), como es socorrer a los que padecen hambre, carecen de cobijo, están
enfermos o necesitados en algún aspecto de su existencia. Nadie queda excluido
por su origen o creencias de esta misión de la Iglesia, que no entra en
competencia con otras iniciativas privadas o públicas, es más, ella colabora
gustosa con quienes persiguen estos mismos fines.
Tampoco pretende otra cosa que hacer de manera desinteresada y
respetuosa el bien al menesteroso, a quien tantas veces lo que más le falta es
precisamente una muestra de amor auténtico.
Señor Presidente, amigos todos: en estos días pediré encarecidamente al
Señor y a la Virgen de Guadalupe por este pueblo, para que haga honor a la fe
recibida y a sus mejores tradiciones; y rezaré especialmente por quienes más lo
precisan, particularmente por los que sufren a causa de antiguas y nuevas
rivalidades, resentimientos y formas de violencia. Ya sé que estoy en un país
orgulloso de su hospitalidad y deseoso de que nadie se sienta extraño en su
tierra. Lo sé, lo sabía ya, pero ahora lo veo y lo siento muy dentro del
corazón.
Espero con
toda mi alma que lo sientan también tantos mexicanos que viven fuera de su
patria natal, pero que nunca la olvidan y desean verla crecer en la concordia y
en un auténtico desarrollo integral. Muchas gracias.
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visita papal a León Guanajuato
Discurso del Presidente de México Felipe Calderón al Papa Benedicto XVI.
Muy distinguidos integrantes de la Comitiva que le
acompaña.
Señor Senador José González Morfín, Presidente del
Senado de la República.
Señor Diputado Guadalupe Acosta Naranjo, Presidente de la Cámara de Diputados.
Señor Ministro Aguirre Anguiano, representante de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Señor licenciado Juan Manuel Oliva Ramírez, Gobernador de Guanajuato.
Señores Gobernadores de las distintas entidades federativas de la República Mexicana.
Muy queridas niñas, muy queridos niños.
Distinguidos invitados especiales.
Señoras y señores de los medios de comunicación.
Señores Cardenales, Arzobispos y Obispos.
Mexicanas y mexicanos:
Bienvenido a México, Su Santidad Benedicto XVI. Es
una gran alegría recibirlo en tierra mexicana.
Al pueblo mexicano le regocija que haya usted
aceptado la invitación que en su nombre, tuve el honor de formularle como
Presidente de la República, en mi Visita de Estado al Vaticano.
La presencia de Su Santidad entre nosotros
adquiere un significado enorme en horas aciagas, en momentos en que nuestra
Patria atraviesa por situaciones difíciles y decisivas.
Son muchos los desafíos que a los mexicanos nos ha
tocado enfrentar en los últimos tiempos.
Lo recibe, Su Santidad, un pueblo que ha sufrido
mucho por diversas razones, y que a pesar de ello hace enormes esfuerzos todos
los días para llevar el alimento a la mesa de la casa, para educar a los hijos,
para sacar adelante a la familia.
México sufrió, por ejemplo, como pocos países, los
efectos de la crisis económica internacional, la más profunda que hayan visto
las generaciones actuales en el mundo.
México también ha sufrido, Su Santidad lo sabe, la
violencia despiadada y descarnada de los delincuentes.
El crimen organizado infringe sufrimiento a
nuestro pueblo y muestra, hoy, un siniestro rostro de maldad como nunca antes.
En los últimos años, Su Santidad, también hemos
sufrido sequías e inundaciones sin precedentes, fruto del daño irracional que los
seres humanos hemos hecho a la naturaleza, además, de epidemias y terremotos.
No sé si estos desafíos hubieran sido capaces de
quebrantar la voluntad y la firmeza de otros pueblos, pero a pesar de todo,
México está de pie. Está de pie, porque los mexicanos somos un pueblo fuerte.
Está de pie, porque los mexicanos somos un pueblo
fuerte, perseverante en la esperanza, en la solidaridad. Porque somos un pueblo
que tiene valores y principios, que cree en la familia, en la libertad, en la
justicia, en la democracia y en el amor a los demás. En valores que son fuertes
como la roca. Y es por ello, que su visita nos llena de alegría en momentos de
gran tribulación.
Puedo asegurarle, Su Santidad, que encontrará en
el mexicano a un pueblo noble, hospitalario, cálido, alegre, que tiene en
altísima estima al Sumo Pontífice.
Las mexicanas y los mexicanos compartimos con Su
Santidad el anhelo de justicia y de paz duradera. Buscamos, todos los días,
labrar nuestro camino hacia el bien común de nuestra querida Nación, de manera
que sea posible el desarrollo integral y humano de nuestros hijos.
Trabajamos con entrega y dedicación para labrar un
mejor futuro a nuestras familias, para que nuestros hijos puedan ser felices y
se conviertan en mujeres y hombres de bien, y de paz.
Luchamos cada día para darle a nuestras familias
las condiciones de seguridad y de vida digna y pacífica que les permitan
desarrollarse plenamente.
Nos esforzamos con ahínco para superar problemas,
como la pobreza y la desigualdad, y para generar mejores oportunidades de
educación y salud para todos.
Yo sé que su visita, Su Santidad, alentará el
esfuerzo de los mexicanos y reconfortará su alma.
Su visita, particularmente en estas
circunstancias, es un gesto de solidaridad y de fraternidad con nuestro pueblo
que nunca olvidaremos. Sabemos que es, usted, un hombre de sólido pensamiento,
firme en las ideas, valores y creencias, que comparte una buena parte del
pueblo mexicano.
Sé que serán, también, las suyas, palabras de
consuelo y de inspiración para quienes las necesitan, y renovará la esperanza
en millones de hogares de México.
Su Santidad:
México se siente muy honrado por ser la primera
Nación de habla hispana que usted visita en el Continente Americano.
En éste, nuestro país, vivimos más de 93 millones de
católicos, además, de los muchos que se han ido a los Estados Unidos en
búsqueda de un futuro mejor para sus familias, y a quienes extrañamos
profundamente. Somos el segundo país con más católicos en todo el mundo.
Al lado de experiencias, también, desgarradoras,
en México ha quedado imborrable la huella de pastores que vinieron a nuestra
tierra e impregnaron al pueblo de México del más elevado sentido de amor al
prójimo y, en particular, a los indígenas.
Recordamos con afecto a figuras señeras como Fray
Bartolomé de las Casas, al Obispo Vasco de Quiroga, a Tata Vasco, como
cariñosamente le llamaron los purépechas; a Fray Jacobo Daciano, y a muchos,
muchos otros.
Y más recientemente, en nuestros días, recibimos
en su tiempo a Su Santidad Juan Pablo II, y hoy lo recibimos a usted con los
brazos abiertos.
Con visión histórica, su presencia constituye un
hito del mayor significado, porque refleja una nueva época en los vínculos
entre México y el Estado Vaticano.
Visita, usted, un país donde avanzamos hacia la
consolidación de nuestra democracia, con pleno respeto a la libertad, a la
libertad de culto, a la pluralidad política, a la pluralidad religiosa, a la
pluralidad ideológica, que es posible en un Estado laico, como el que somos.
Su visita es motivo de la mayor alegría para el
pueblo de México.
Los mexicanos le recibimos con entusiasmo y con
emoción, con el corazón en la mano y con los brazos abiertos, como los
mexicanos sabemos hacerlo con quienes nos visitan.
Confío en que la visita de Su Santidad ilumine el
alma de las mujeres y de los hombres de esta Tierra, en particular, de quienes
más sufren, con la profundidad de su pensamiento, como hombre notable y de
fecunda inteligencia, que sabemos que es usted.
Y sé que encontrará, como siempre, a un pueblo noble,
hospitalario y cálido.
Deseamos que disfrute México, sus sabores, sus
colores, sus tradiciones, sus canciones, pero, sobre todo, el amor y el cariño
que le ofrecen millones de mexicanos.
Su Santidad:
A nombre del pueblo y del Gobierno de México, le
reitero nuestra alegre bienvenida, y le agradezco enormemente su presencia.
Gracias por estar en México.
Le auguro que ésta será una estancia dichosa en
nuestro país.
Bienvenido sea.
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