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viernes, 22 de febrero de 2013

Gracias por la mano firme y bondadosa con la que nos ha guiado.



Gracias por la mano firme y bondadosa con la que nos ha guiado.


INTERNACIONAL | REGNUM CHRISTI | NOTICIAS

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¡Venga tu Reino!
Roma. 15 de febrero de 2013
Beatísimo Padre,

Los Legionarios de Cristo y los miembros del Movimiento Regnum Christi queremos presentarle nuestra profunda gratitud por el acompañamiento paternal y solícito que ha dado a nuestra familia carismática durante su pontificado.

Gracias por la mano firme y bondadosa con la que nos ha guiado para avanzar llenos de esperanza por el camino de purificación y renovación que estamos recorriendo.

Su renuncia nos ha causado por un lado tristeza, considerando todo lo que Ud. ha hecho por nosotros y como nos ha guiado personalmente y a través de su Delegado.

Pero, también, nos llena de admiración y orgullo filial constatar una vez más su gran amor a la Iglesia, su confianza en Dios y su profunda humildad.

Este miércoles de ceniza, los legionarios de Cristo y los miembros consagrados del Regnum Christi hemos querido acompañarle en la audiencia general y en la misa de imposición de las cenizas para mostrarle nuestro afecto y nuestra adhesión incondicional al Sucesor de Pedro.

Nos gustaría que supiera que hoy, y en la nueva etapa de su servicio a la Iglesia que iniciará al terminar su pontificado, cuenta siempre con nuestra oración y con un lugar especial en nuestros corazones.

Le pedimos, humildemente, su bendición. ¡Gracias, Santo Padre, por su magisterio en palabras y obras, por su testimonio de entrega a Cristo y a la Iglesia!

Sylvester Heereman LC
*(Traducción del original en alemán)




FECHA DE PUBLICACIÓN: 2013-02-18
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domingo, 17 de febrero de 2013

El Vaticano organizará una despedida al Papa a la que acudirán líderes de todo el mundo.


efe / Ciudad del Vaticano

Día 12/02/2013 - 08.07h

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·         El cardenal decano, Angelo Sodano, afirma que los purpurados recibieron «incrédulos y desorientados» las palabras de renuncia del Santo Padre

reuters

Angelo Sodano abraza al Santo Padre.

El Vaticano dará una despedida a Benedicto XVI antes de que ponga fin a su pontificado, previsto para el 28 de febrero próximo, a la que espera asistan fieles de todo el mundo «y autoridades de muchos países».

Así lo aseguró este lunes el cardenal decano, Angelo Sodano, en las palabras de agradecimiento que pronunció, tras anunciar el Papa su renuncia al Trono de Pedro.

«Santo Padre, antes del 28 de febrero, día en el que, como usted ha dicho, desea poner fin a su servicio pontifical, realizado con tanto amor, con tanta humildad, tendremos el modo de expresarle mejor nuestros sentimientos, así haremos tantos pastores y fieles repartidos por el mundo, así harán tantos hombres de buena voluntad junto a las autoridades de muchos países», dijo Sodano, sin precisar más.

El cardenal decano dijo en un breve discurso pronunciado ante el Papa que le habían escuchado «desorientados y casi del todo incrédulos» y que en sus palabras habían notado «el gran afecto que siempre ha tenido por la Santa Iglesia de Dios, por esta Iglesia que tanto ha amado».

Sodano recordó cuando el 19 de abril de 2005 fue elegido papa y a él le tocó preguntarle si aceptaba la elección canónica y le respondió, «temblando» que la aceptaba «confiando en la gracia del Señor y en la materna intercesión de María».

«Antes de su despedida tendremos la alegría de escuchar su voz de pastor».


El cardenal Sodano expresó su satisfacción porque antes del 28 de febrero, fecha fijada por el Papa para abandonar el Trono de Pedro, «tendremos la alegría de escuchar su voz de pastor».

Benedicto XVI tiene previsto celebrar el próximo miércoles la audiencia pública y por la tarde acudir a la colina romana del Aventino para presidir los ritos del Miércoles de Ceniza, que abren el tiempo de Cuaresma.

Allí presidirá una procesión desde la basílica de San Anselmo hasta la cercana de Santa Sabina, donde impondrá y recibirá las cenizas.

El sábado tiene previsto recibir al presidente del Guatemala, Otto Pérez Molina.

El domingo 17 de febrero, Benedicto XVI se retirara durante una semana en ejercicios espirituales, que celebrará, junto a los cardenales de la Curia romana, en la capilla «Redemptoris Mater», del Vaticano.

El retiro espiritual concluirá el sábado 23 de febrero.


sábado, 17 de noviembre de 2012

Bienvenida la Nueva Presidencia de la Conferencia Episcopal Mexicana para el Trienio 2012 2015.



Escrito por CEM

La Conferencia del Episcopado Mexicano se complace en comunicar a toda la Iglesia que peregrina en México y personas de buena voluntad, que los Obispos en el pleno de la XCIV Asamblea Plenaria, eligieron al Card. José Francisco Robles Ortega, Arzobispo de Guadalajara, para ocupar, durante tres años la Presidencia de este Organismo.

También comunicamos los nombres de los Señores Obispos que integrarán el Consejo de Presidencia de la CEM:

Vicepresidente: Mons. Javier Navarro Rodríguez, Obispo de Zamora.

Secretario General: Mons. Eugenio Lira Rugarcía, Obispo Auxiliar de Puebla.

Tesorero General: Mons. Roberto Domínguez Couttolenc, Obispo de Ecatepec.

1er Vocal: Mons. Sigifredo Noriega Barceló, Obispo de Zacatecas.

2do Vocal: Mons. Carlos Garfias Merlos, Arzobispo de Acapulco.

Damos gracias a Dios por la presencia de su Espíritu en este momento que se define el rumbo de la Conferencia Episcopal al servicio de la Iglesia en México en el Año de la Fe y oramos por la intercesión de Santa María de Guadalupe que nos fortalezca como discípulos y misioneros de Jesucristo en la Nueva Evangelización para que todos nuestros pueblos en Él tengan Vida.

+ Víctor René Rodríguez Gómez
Obispo Electo de Valle de Chalco
Secretario General de la CEM

miércoles, 3 de octubre de 2012

A Margarita Zavala no le gusta que la llamen Primera Dama sino la esposa del Presidente Felipe Calderón.




A Margarita Zavala no le gusta que la llamen Primera Dama sino la esposa del Presidente Felipe Calderón.


(Excélsior, 13/02/2012) y así ha actuado durante estos seis años: como compañera de su esposo, madre de sus hijos, militante del PAN y ciudadana mexicana.

He allí sus prioridades.

Margarita es una mujer muy segura de sus convicciones, no se hace bolas, sabe lo que quiere y, lo más importante, sabe a quién quiere: a su marido, a sus hijos, al PAN y a México.

Bueno, también quiere mucho a sus alumnos de clases de Derecho de 6º de preparatoria. Son jóvenes de 17 a 18 años orgullosos de tener a una maestra tan sencilla, tan dedicada, pero sobre todo, tan entusiasta.

No hay semana en que su profesora no les recuerde que “la política es la posibilidad de generar el bien”.

Desde que sé de Margarita, es decir, desde que su marido era presidente de su partido, siempre la he considerado como a una mujer de buena fe, que efectivamente, cree en el bien; cree en la posibilidad de ayudar y de escuchar al otro.

En ese sentido, Margarita es una buena católica observante.

En este sentido es muy sincera y congruente frente a sus actos.

No se hace bolas. Ni tiene dudas; lo tiene clarísimo.
Certidumbres como la anterior le dan mucha libertad: actúa como piensa.

La esposa del Presidente es una mujer inteligente, generosa, responsable y nada frívola.

Tiene su propio mundo: sus lecturas, su música y sus amigos de toda la vida.

Cree en la amistad y en el amor filial: adora a sus padres.

Discreta como es, sabe guardar secretos y sería incapaz de criticar a una amiga con otra amiga.

Margarita no es traicionera, ni mucho menos chismosa.

Odia los chismes, las “grillas” y a las personas lambisconas.

Estos seis años, en los que ha acompañado a gobernar a su marido, ha aprendido mucho sobre la condición humana.

Se da perfectamente bien cuenta cuando alguien es o no es sincera.

Tiene olfato político, intuición y es dueña de un gran sentido de observación.

En estos seis años que la esposa del Presidente ha vivido en Los Pinos, nunca la he visto enojada, ni irritada.

Sin embargo, sí la he percibido conmovida, entristecida y particularmente empática con los que sufren.

Dicen que es la “panista más popular del país”, yo agregaría que es, de todas las esposas de los presidentes de México, la más querida y la más entrañable.

Nunca, nunca he escuchado una crítica contra Margarita Zavala.

Miento. Sólo una: que no sabe llevar el rebozo correctamente.

Que se le cae a cada ratito y que alguien debería de enseñarle cómo usarlo con gallardía y elegancia.

Salvo lo anterior, cuando las y los mexicanos se refieren a ella, lo hacen con respeto, simpatía y hasta afecto.

“Hagan de cuenta que su papá y su mamá están como prestados a México.

Y esto, niños, es un privilegio y un verdadero honor”, les dijo a sus hijos, desde el primer día que entraron a Los Pinos.

Se los dijo, muy bonito, muy de a de veras.

 De allí que los tres hubieran entendido, en un dos por tres, que en esa casota, con ese jardinzote, estaban de pasadita.

Al fin que ésa no era ni su casa, ni su jardín y menos un solo pino.

A partir del 1o. de diciembre, ya tendrán, ahora sí, un nuevo hogar, como el que tenían en el 2006.

En el fondo, están felices.

Ninguno de los tres quiere ser (por lo pronto) diputado, ni senador, ni hacer negocios por debajo de la mesa, ni tener yates, ni departamentos en Miami, ni aviones particulares.

Ellos están felices con sus papás, con su mamá tan sonriente que siempre les explica todo con mucha paciencia y con sus abuelos tan cariñosos.

Como sus padres, ellos también han aprendido mucho en relación con su país y no me sorprendería que lo quieran mucho más que hace seis años.

La familia Calderón Zavala no provoca escándalos, ni rumores extraños, ni tampoco sospechosismos.

Dentro de lo que cabe, es una familia normal, muy unida con los tíos, las tías, los abuelos, las y los primos.

Margarita Zavala no nada más tiene muy buen prestigio en nuestro país, sino también en el extranjero.

No hace mucho, el señor Kerlikowske, el zar antidrogas de la Casa Blanca, hizo un reconocimiento a la esposa del Presidente, por el trabajo en materia de prevención en las drogas (http://www.presidencia.gob.mx/). Es cierto.

Margarita ha hecho un papel espléndido con los centros “Nueva Vida”, centros que dan atención y orientación muy necesaria a millones de familias de niños y jóvenes que han caído en las adicciones.

En ese sentido, la esposa del Presidente se  siente estimulada y optimista.

Dice que, en este aspecto, México se encuentra a tiempo y está en muy buen momento para seguir trabajando con los padres de familia.

Margarita Zavala ha trabajado mucho también respecto a los niños migrantes no acompañados.

Este es uno de los temas que más le preocupan.

En lo personal, puedo decir que a Margarita Zavala sí la voy a extrañar.

Me cae bien.

Nunca me decepcionó, al contrario, me gusta escuchar o leer sus entrevistas.

Me gusta que no se tome tan en serio, que no se crea la divina garza y que sea tan pero tan diferente de su predecesora.

Si algo le agradezco a la esposa del Presidente es que en estos seis años jamás mandó cerrar la lateral que sale de Constituyentes a Parque Lira.

En el sexenio pasado, miles y miles de conductores sufrimos los embotellamientos más terribles, cuando ésta se cerraba por instrucción de la entonces primera dama.

Gracias, Margarita, por todo esto.
Ah, cómo te vamos a echar de menos... como esposa del Presidente... 






domingo, 2 de septiembre de 2012

Divorciados vueltos a casar deben ir a Misa y comulgar espiritualmente


Vaticano:

 

1

Mons. Jean Laffitte

ROMA, 30 Jul. 12 / 10:08 am (ACI/EWTN Noticias).- El Secretario del Pontificio Consejo para la Familia, Mons. Jean Laffitte, recordó que las personas divorciadas vueltas a casar deben participar de la Santa Misa y participar en la Comunión solamente de manera espiritual.

En entrevista concedida a ACI Prensa el 25 de julio en Roma, Mons. Laffitte señaló, que las personas divorciadas que contrajeron segundas nupcias, aunque no puedan recibir la comunión eucarística "siguen estando plenamente dentro de la Iglesia" y "siempre pueden tener una comunión espiritual fructífera".

Al recordar la Exhortación Apostólica del Beato Juan Pablo II, Familiaris Consortio, el Prelado explicó que existe una distinción entre la comunión espiritual y la comunión eucarística, que afirma que sin la primera, no puede existir la segunda.

En este sentido, Mons. Laffitte indicó que la comunión espiritual es la forma en la que la persona se une personalmente a Cristo en el momento de la redención del Santo Sacrificio, para así, después, recibir la comunión eucarística.

En esta perspectiva, "las personas que por una u otra razón no pueden recibir la Santa Comunión, o comulgar, siempre pueden tener una comunión espiritual fructífera", remarcó.

"Esto no es una disciplina inventada por la Iglesia", recordó, y por lo tanto, en el matrimonio, "los cónyuges hacen un pacto con Dios, y Dios hace un pacto con ellos", que crea un sacramento indisoluble. Una segunda unión "lo convertiría en algo contradictorio y contrario a lo sacramental".

Finalmente, Mons. Laffite explicó, que para la comunión hace falta preparar el corazón para recibir al Señor, y de este modo, cuando los divorciados vueltos a casar se abtienen de recibirla, "dan mucho más honor al Señor con su sacrificio y ofreciéndose ellos mismos, a través del dolor que tienen en sus corazones, en el sacramento de la Eucaristía".

"Ellos sufren por esto, pero, hay más honor dado por el cuerpo de Cristo en esta situación, que en cuando los bautizados van de manera superficial y a veces, de manera poco digna, a tomar la Comunión, sea cual sea el estado de sus almas", concluyó.

Los divorciados vueltos a casar y el sacramento de la Comunión

La Congregación de la Doctrina para la Fe expresó en su carta a todos los obispos del mundo de octubre de 1994, que una persona divorciada vuelta a casar no puede participar de la Comunión, porque el matrimonio "es la imagen de la relación entre Cristo y su Iglesia".

En ese aspecto, la Iglesia explica que los divorciados vueltos a casar sin un decreto de nulidad para el primer matrimonio, se encuentran en una relación de adulterio que no les permite arrepentirse honestamente, para recibir la absolución de sus pecados y por consiguiente, la Santa Comunión.

Dentro de este marco, para acercarse a los Sacramentos de la Penitencia y a la Eucaristía, deben resolver la irregularidad matrimonial por el Tribunal de los Procesos Matrimoniales u otros procedimientos que se aplican a los matrimonios de los no bautizados, de ser el caso.

Al respecto el Beato Juan Pablo II señala que "la Iglesia desea que estas parejas participen de la vida de la Iglesia hasta donde les sea posible (y esta participación en la Misa, adoración Eucarística, devociones y otros serán de gran ayuda espiritual para ellos) mientras trabajan para lograr la completa participación sacramental".

 

miércoles, 8 de agosto de 2012

Cáncer oración por las personas que tienen cáncer Próximo Viernes !


            
Cáncer oración por las personas que tienen cáncer Próximo Viernes !

Por favor hazlo circular, no lo guardes y menos lo borres

El espíritu es invisible a los ojos y solo germina lentamente en el huerto del corazón del amigo  
Este año hay muchos diagnosticados que han estado cerca de nuestros hogares. Por todos los amigos, familia, seres queridos y aquéllos que tal vez no conocemos...

El Viernes es el día mundial del Cáncer
- Te agradecería que lo re-enviaras 
El 93% no lo hará
Es una pequeña plegaria.
Sólo una línea.
Señor Dios, te ruego por una cura para el cáncer...Amén. 

         
L
a única petición es que mantengas esto circulando, aunque solo sea a una persona más.
Por la memoria de alguien que conozcas que ha sido vencido por el cáncer o que aún vive con él
.
Una vela no pierde nada cuando enciende otra vela
.
P
or favor mantén esta vela encendida




domingo, 8 de abril de 2012

Discurso íntegro del Papa Benedicto XVI en su visita a México.

Excelentísimo Señor Presidente de la República,

Señores Cardenales,

Venerados hermanos en el Episcopado y el Sacerdocio,

Distinguidas autoridades,

Amado pueblo de Guanajuato y de México entero
Me siento muy feliz de estar aquí, y doy gracias a Dios por haberme permitido realizar el deseo, guardado en mi corazón desde hace mucho tiempo, de poder confirmar en la fe al Pueblo de Dios de esta gran nación en su propia tierra.
Es proverbial el fervor del pueblo mexicano con el Sucesor de Pedro, que lo tiene siempre muy presente en su oración. Lo digo en este lugar, considerado el centro geográfico de su territorio, al cual ya quiso venir desde su primer viaje mi venerado predecesor, el beato Juan Pablo II.
Al no poder hacerlo, dejó en aquella ocasión un mensaje de aliento y bendición cuando sobrevolaba su espacio aéreo. Hoy me siento dichoso de hacerme eco de sus palabras, en suelo firme y entre ustedes: Agradezco ­ decía en su mensaje ­ el afecto al Papa y la fidelidad al Señor de los fieles del Bajío y de Guanajuato. Que Dios les acompañe siempre (cf. Telegrama, 30 enero 1979).
Con este recuerdo entrañable, le doy las gracias, Señor Presidente, por su cálido recibimiento, y saludo con deferencia a su distinguida esposa y demás autoridades que han querido honrarme con su presencia. Un saludo muy especial a Monseñor José Guadalupe Martín Rábago, Arzobispo de León, así como a Monseñor Carlos Aguiar Retes, Arzobispo de Tlalnepantla, y Presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano y del Consejo Episcopal Latinoamericano. Con esta breve visita, deseo estrechar las manos de todos los mexicanos y abarcar a las naciones y pueblos latinoamericanos, bien representados aquí por tantos obispos, precisamente en este lugar en el que el majestuoso monumento a Cristo Rey, en el cerro del Cubilete, da muestra de la raigambre de la fe católica entre los mexicanos, que se acogen a su constante bendición en todas sus vicisitudes.
México, y la mayoría de los pueblos latinoamericanos, han conmemorado el bicentenario de su independencia, o lo están haciendo en estos años. Muchas han sido las celebraciones religiosas para dar gracias a Dios por este momento tan importante y significativo. Y en ellas, como se hizo en la Santa Misa en la Basílica de San Pedro, en Roma, en la solemnidad de Nuestra Señora de Guadalupe, se invocó con fervor a María Santísima, que hizo ver con dulzura cómo el Señor ama a todos y se entregó por ellos sin distinciones. Nuestra Madre del cielo ha seguido velando por la fe de sus hijos también en la formación de estas naciones, y lo sigue haciendo hoy ante los nuevos desafíos que se les presentan.
Vengo como peregrino de la fe, de la esperanza y de la caridad. Deseo confirmar en la fe a los creyentes en Cristo, afianzarlos en ella y animarlos a revitalizarla con la escucha de la Palabra de Dios, los sacramentos y la coherencia de vida. Así podrán compartirla con los demás, como misioneros entre sus hermanos, y ser fermento en la sociedad, contribuyendo a una convivencia respetuosa y pacífica, basada en la inigualable dignidad de toda persona humana, creada por Dios, y que ningún poder tiene derecho a olvidar o despreciar. Esta dignidad se expresa de manera eminente en el derecho fundamental a la libertad religiosa, en su genuino sentido y en su plena integridad.
Como peregrino de la esperanza, les digo con san Pablo: «No se entristezcan como los que no tienen esperanza» (1 Ts 4,13).
La confianza en Dios ofrece la certeza de encontrarlo, de recibir su gracia, y en ello se basa la esperanza de quien cree. Y, sabiendo esto, se esfuerza en transformar también las estructuras y acontecimientos presentes poco gratos, que parecen inconmovibles e insuperables, ayudando a quien no encuentra en la vida sentido ni porvenir.
Sí, la esperanza cambia la existencia concreta de cada hombre y cada mujer de manera real (cf. Spe salvi, 2). La esperanza apunta a «un cielo nuevo y una tierra nueva» (Ap 21,1), tratando de ir haciendo palpable ya ahora algunos de sus reflejos. Además, cuando arraiga en un pueblo, cuando se comparte, se difunde como la luz que despeja las tinieblas que ofuscan y atenazan.
Este país, este Continente, está llamado a vivir la esperanza en Dios como una convicción profunda, convirtiéndola en una actitud del corazón y en un compromiso concreto de caminar juntos hacia un mundo mejor.
Como ya dije en Roma, «continúen avanzando sin desfallecer en la construcción de una sociedad cimentada en el desarrollo del bien, el triunfo del amor y la difusión de la justicia» (Homilía en la solemnidad de Nuestra Señora de Guadalupe, Roma, 12 diciembre 2011).
Junto a la fe y la esperanza, el creyente en Cristo, y la Iglesia en su conjunto, vive y practica la caridad como elemento esencial de su misión.
En su acepción primera, la caridad «es ante todo y simplemente la respuesta a una necesidad inmediata en una determinada situación» (Deus caritas est, 31,a), como es socorrer a los que padecen hambre, carecen de cobijo, están enfermos o necesitados en algún aspecto de su existencia. Nadie queda excluido por su origen o creencias de esta misión de la Iglesia, que no entra en competencia con otras iniciativas privadas o públicas, es más, ella colabora gustosa con quienes persiguen estos mismos fines.
Tampoco pretende otra cosa que hacer de manera desinteresada y respetuosa el bien al menesteroso, a quien tantas veces lo que más le falta es precisamente una muestra de amor auténtico.
Señor Presidente, amigos todos: en estos días pediré encarecidamente al Señor y a la Virgen de Guadalupe por este pueblo, para que haga honor a la fe recibida y a sus mejores tradiciones; y rezaré especialmente por quienes más lo precisan, particularmente por los que sufren a causa de antiguas y nuevas rivalidades, resentimientos y formas de violencia. Ya sé que estoy en un país orgulloso de su hospitalidad y deseoso de que nadie se sienta extraño en su tierra. Lo sé, lo sabía ya, pero ahora lo veo y lo siento muy dentro del corazón.
Espero con toda mi alma que lo sientan también tantos mexicanos que viven fuera de su patria natal, pero que nunca la olvidan y desean verla crecer en la concordia y en un auténtico desarrollo integral. Muchas gracias.




Discurso del Presidente de México Felipe Calderón al Papa Benedicto XVI.

Muy distinguidos integrantes de la Comitiva que le acompaña.
Señor Senador José González Morfín, Presidente del Senado de la República.

Señor Diputado Guadalupe Acosta Naranjo, Presidente de la Cámara de Diputados.

Señor Ministro Aguirre Anguiano, representante de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Señor licenciado Juan Manuel Oliva Ramírez, Gobernador de Guanajuato.

Señores Gobernadores de las distintas entidades federativas de la República Mexicana.

Muy queridas niñas, muy queridos niños.

Distinguidos invitados especiales.

Señoras y señores de los medios de comunicación.

Señores Cardenales, Arzobispos y Obispos.

Mexicanas y mexicanos:
Bienvenido a México, Su Santidad Benedicto XVI. Es una gran alegría recibirlo en tierra mexicana.
Al pueblo mexicano le regocija que haya usted aceptado la invitación que en su nombre, tuve el honor de formularle como Presidente de la República, en mi Visita de Estado al Vaticano.
La presencia de Su Santidad entre nosotros adquiere un significado enorme en horas aciagas, en momentos en que nuestra Patria atraviesa por situaciones difíciles y decisivas.
Son muchos los desafíos que a los mexicanos nos ha tocado enfrentar en los últimos tiempos.
Lo recibe, Su Santidad, un pueblo que ha sufrido mucho por diversas razones, y que a pesar de ello hace enormes esfuerzos todos los días para llevar el alimento a la mesa de la casa, para educar a los hijos, para sacar adelante a la familia.
México sufrió, por ejemplo, como pocos países, los efectos de la crisis económica internacional, la más profunda que hayan visto las generaciones actuales en el mundo.
México también ha sufrido, Su Santidad lo sabe, la violencia despiadada y descarnada de los delincuentes.
El crimen organizado infringe sufrimiento a nuestro pueblo y muestra, hoy, un siniestro rostro de maldad como nunca antes.

En los últimos años, Su Santidad, también hemos sufrido sequías e inundaciones sin precedentes, fruto del daño irracional que los seres humanos hemos hecho a la naturaleza, además, de epidemias y terremotos.
No sé si estos desafíos hubieran sido capaces de quebrantar la voluntad y la firmeza de otros pueblos, pero a pesar de todo, México está de pie. Está de pie, porque los mexicanos somos un pueblo fuerte.
Está de pie, porque los mexicanos somos un pueblo fuerte, perseverante en la esperanza, en la solidaridad. Porque somos un pueblo que tiene valores y principios, que cree en la familia, en la libertad, en la justicia, en la democracia y en el amor a los demás. En valores que son fuertes como la roca. Y es por ello, que su visita nos llena de alegría en momentos de gran tribulación.
Puedo asegurarle, Su Santidad, que encontrará en el mexicano a un pueblo noble, hospitalario, cálido, alegre, que tiene en altísima estima al Sumo Pontífice.
Las mexicanas y los mexicanos compartimos con Su Santidad el anhelo de justicia y de paz duradera. Buscamos, todos los días, labrar nuestro camino hacia el bien común de nuestra querida Nación, de manera que sea posible el desarrollo integral y humano de nuestros hijos.
Trabajamos con entrega y dedicación para labrar un mejor futuro a nuestras familias, para que nuestros hijos puedan ser felices y se conviertan en mujeres y hombres de bien, y de paz.
Luchamos cada día para darle a nuestras familias las condiciones de seguridad y de vida digna y pacífica que les permitan desarrollarse plenamente.
Nos esforzamos con ahínco para superar problemas, como la pobreza y la desigualdad, y para generar mejores oportunidades de educación y salud para todos.
Yo sé que su visita, Su Santidad, alentará el esfuerzo de los mexicanos y reconfortará su alma.
Su visita, particularmente en estas circunstancias, es un gesto de solidaridad y de fraternidad con nuestro pueblo que nunca olvidaremos. Sabemos que es, usted, un hombre de sólido pensamiento, firme en las ideas, valores y creencias, que comparte una buena parte del pueblo mexicano.
Sé que serán, también, las suyas, palabras de consuelo y de inspiración para quienes las necesitan, y renovará la esperanza en millones de hogares de México.
Su Santidad:
México se siente muy honrado por ser la primera Nación de habla hispana que usted visita en el Continente Americano.

En éste, nuestro país, vivimos más de 93 millones de católicos, además, de los muchos que se han ido a los Estados Unidos en búsqueda de un futuro mejor para sus familias, y a quienes extrañamos profundamente. Somos el segundo país con más católicos en todo el mundo.
Al lado de experiencias, también, desgarradoras, en México ha quedado imborrable la huella de pastores que vinieron a nuestra tierra e impregnaron al pueblo de México del más elevado sentido de amor al prójimo y, en particular, a los indígenas.
Recordamos con afecto a figuras señeras como Fray Bartolomé de las Casas, al Obispo Vasco de Quiroga, a Tata Vasco, como cariñosamente le llamaron los purépechas; a Fray Jacobo Daciano, y a muchos, muchos otros.
Y más recientemente, en nuestros días, recibimos en su tiempo a Su Santidad Juan Pablo II, y hoy lo recibimos a usted con los brazos abiertos.
Con visión histórica, su presencia constituye un hito del mayor significado, porque refleja una nueva época en los vínculos entre México y el Estado Vaticano.
Visita, usted, un país donde avanzamos hacia la consolidación de nuestra democracia, con pleno respeto a la libertad, a la libertad de culto, a la pluralidad política, a la pluralidad religiosa, a la pluralidad ideológica, que es posible en un Estado laico, como el que somos.
Su visita es motivo de la mayor alegría para el pueblo de México.
Los mexicanos le recibimos con entusiasmo y con emoción, con el corazón en la mano y con los brazos abiertos, como los mexicanos sabemos hacerlo con quienes nos visitan.
Confío en que la visita de Su Santidad ilumine el alma de las mujeres y de los hombres de esta Tierra, en particular, de quienes más sufren, con la profundidad de su pensamiento, como hombre notable y de fecunda inteligencia, que sabemos que es usted.
Y sé que encontrará, como siempre, a un pueblo noble, hospitalario y cálido.
Deseamos que disfrute México, sus sabores, sus colores, sus tradiciones, sus canciones, pero, sobre todo, el amor y el cariño que le ofrecen millones de mexicanos.
Su Santidad:
A nombre del pueblo y del Gobierno de México, le reitero nuestra alegre bienvenida, y le agradezco enormemente su presencia.
Gracias por estar en México.
Le auguro que ésta será una estancia dichosa en nuestro país.
Bienvenido sea.


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