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lunes, 14 de enero de 2013

Testimonio vocacional del Padre Luis Rodrigo Núñez Jiménez



Dios lo da todo

MÉXICO | RECURSOS | TESTIMONIOS

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P. Luis Rodrigo Núñez Jiménez L.C.
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Siempre que me preguntan de dónde soy tengo que hacer todo un recorrido histórico geográfico por México. Nací en la ciudad de México, pero la familia de mi padre es de Aguascalientes y la de mi madre de los Altos de Jalisco, de Jalostotitlán. Viví en la Ciudad de México, en Guaymas Sonora, en Acapulco, en Tuxpan y en Xalapa, Veracruz y siempre he visto eso como una bendición porque hoy tengo amigos y familiares repartidos por todo el país.
Soy el segundo de tres hermanos, el mayor está ahora casado con una excelente mujer viven en Guaymas Sonora y tienen dos preciosos hijos, mi hermana es la menor y es consagrada en el Regnum Christi, trabaja con medios de comunicación y actualmente vive en Madrid, entre los tres nos llevamos a penas un año de diferencia y tenemos temperamentos muy complementarios así que siempre hemos sido muy cercanos.

Los primeros años de mi formación los viví en la Ciudad de México, estudié en un colegio del Opus Dei llamado Cedros, creo que fui un niño bastante normal, nada fuera de lo común, mis calificaciones eran buenas, no daba problemas en la disciplina, me llevaba bien con mis compañeros, son años que recuerdo con mucho cariño y sobretodo con muchísima gratitud porque ahí aprendí a ver a Cristo como a un amigo real que formaba parte cotidiana de mi vida.

Participaba en las actividades que organizaba un club juvenil del Opus Dei, prácticamente todos los fines de semana teníamos torneos, campamentos, concursos, etc., ahí descubrí que ser un buen cristiano no significa ser aburrido, sino todo lo contario se trata de divertirse y saber vivir la vida al máximo, pero siempre de la mano de Dios, descubrí que el cristianismo no te quita nada y que por el contrario te ayuda a llevar todas las cosas a su auténtica plenitud.

Por el trabajo de mi papá, cuando pasé a segundo de secundaria nos mudamos a vivir a Guaymas Sonora, el cambio nos marcó muchísimo a todos.

De vivir en un departamento, en una de las ciudades más grandes del mundo, en el centro del México, nos mudamos a una casa en la playa, en un puerto de 150 mil habitantes, en el pacífico norte, dentro del Golfo de Cortés, a pocas horas de la frontera. Ahí estudié en un colegio mixto, de formación marista, el Colegio Navarrete.

Fue ahí donde conocí a muchos de los que hasta hoy son algunos de mis mejores amigos. La gente en Guaymas es extraordinaria, son abiertos, alegres y nobles, todos en mi familia nos sentimos tan identificados con esa sociedad que incluso hoy muchos piensan que somos originarios de ahí.

Los años de la secundaria fueron años que viví, por decirlo de algún modo, con mucha intensidad, mi disciplina dejaba mucho que desear, era extremadamente inquieto en clase incluso me llegaron a expulsar del colegio.

Por otro lado mi grupo de amigos crecía mucho. Todos los días nos reuníamos por las 

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tardes con cualquier pretexto, comenzaron las primeras fiestas, las primeras amistades profundas, las primeras experiencias fuertes como la muerte de dos de nuestros amigos, uno en un accidente de tráfico y otro a causa de un cáncer muy agresivo. Fue una adolescencia muy plena, pero tengo que reconocer que aunque llevaba muy buena amistad con muchos de mis profesores y con mis papás, en más de una ocasión fui un verdadero dolor de cabeza para ellos. Hoy les agradezco infinitamente su paciencia y su cercanía durante esos años.

La preparatoria la estudié en el Tec de Monterrey campus Guaymas, son años que recuerdo con un inmenso gusto. 

En la preparatoria éramos unos 150 alumnos, todos nos conocíamos y nos llevábamos muy bien. Vivíamos un ambiente realmente muy alegre y gracias a Dios también muy sano.

Un día durante uno de los recesos, un exalumno se presentó en el pasillo central y nos puso un video sobre unas misiones de Semana Santa, fue así como conocí las Mega Misiones, cuando terminó el video me acerqué a hablar con él y le pregunté quién organizaba las misiones, me contó sobre el Movimiento Regnum Christi y sobre los Legionarios de Cristo.

Me entusiasmé con la idea de las misiones y no fui el único, porque esa Semana Santa nos fuimos tres alumnos de la “prepa” a las misiones; mi hermana, una amiga de nosotros y yo. Esas misiones definitivamente determinaron mi vida.

Durante esa semana me maravillé al ver el testimonio de jóvenes alegres y “normales” a los que les gustaba la fiesta tanto como a mí, pero que además eran capaces de vivirla de un modo distinto, jóvenes a los que nos les daba pena decir que eran católicos en cualquier ambiente y comportarse como tales además de ser gente que ejercía un liderazgo muy especial, estaban llenos de iniciativas, de proyectos, de entusiasmo.

Les dejé mis datos porque me pidieron seguir en contacto.

 Fue así como unos meses después recibí la invitación para ir a un retiro de incorporación al Movimiento Regnum Christi, curiosamente mi hermana también tuvo retiro ese mismo fin de semana y nos incorporamos al Movimiento el mismo día.

A partir de entonces las consagradas y los legionarios comenzaron a visitar con más frecuencia mi casa que se convirtió en un punto de encuentro con otros jóvenes. 

Poco a poco, al ver mi gusto por las misiones y mi amistad con los padres, mis amigos comenzaron a decirme en tono de burla que yo acabaría yéndome de “padrecito”, incluso una de las profesoras de la prepa a la que yo estimo mucho me “profetizó” que de seguro lo mío era la vocación al sacerdocio, fue así como comencé a formular en mi interior la pregunta; ¿y si yo fuera sacerdote?, es increíble lo que esta simple pregunta puede hacer en la vida de cualquier joven, “¿y si yo?, ¿y si yo?”, la verdad era como una especie de enamoramiento, la idea me daba mucho miedo, pero al mismo tiempo me llenaba de emoción, no quería dejar las cosas que tenía y tanto me gustaban pero seguía sintiendo que estaba hecho para algo grande, algo que implicara una donación total, algo donde realmente pudiera contribuir a mejorar el mundo.

 Por fin un día se lo comenté al el P. Gabriel González, LC y él me invitó a conocer el noviciado de los Legionarios de Cristo en Monterrey, fue un fin de semana, pero me bastó la primera media hora para descubrir que ese era el lugar donde Dios me quería y el lugar en el que también yo quería estar, todo me gustó, el lugar, las actividades, pero sobretodo el ambiente.

Estaba decidido a ir durante ese verano al período de prueba llamada candidatado, para probar si Dios efectivamente me llamaba a ser su sacerdote.

Pero venía la parte más complicada, decírselo a mi papá, lo que pasa es que mi padre era una extraordinaria persona, honesto, valiente, noble, con una gran conciencia social y sumamente inteligente, pero no era un hombre de fe, y no  es que fuera un anti-clerical, incluso estuvo siempre de acuerdo en que sus hijos recibieran una auténtica formación católica, pero de eso a que uno de sus hijos pensara en consagrar su vida por completo a Dios había una gran distancia.

Coincidió que ese mismo verano que yo pensaba irme al candidatado, transfirieron a mi papá a Acapulco por lo que toda la familia nos mudamos para allá, yo que tenía miedo de enfrentar el tema vocacional con mi papá vi esa mudanza como “un signo” de que quizá convenía esperarme un poco, (nunca definí qué significaba ese poco), así que llegando a Acapulco de nuevo ciudad nueva, casa nueva, colegio nuevo, nuevos amigos y nueva novia. 

Era una chica muy guapa y alegre, nos llevábamos muy bien y ese noviazgo duró dos años.

Terminado el primer año en Acapulco a mi papá lo transfirieron a otro puerto pero ahora en el Golfo de México, a Tuxpan Veracruz. 

Ahí solamente llegaron mis papás porque mi hermano mayor vivía en Guaymas, mi hermana estaba dando un año como voluntaria colaborando con el Regnum Christi en Cozumel y yo comencé a estudiar mi carrera de derecho en la Escuela Libre de Derecho, en la Cd. de México. 

Para entonces yo ya estaba convencido de que no tenía vocación sacerdotal y que todo había sido un fervor pasajero de mi juventud.

Después del primer año de carrera, durante el verano, mi hermana nos dio la noticia de que pensaba que Dios la llamaba a la consagración total de su vida y que se iría al candidatado.

Esa noticia produjo una revolución en la casa pero ella supo defender su postura con mucho valor y con mucha coherencia, tanto que consiguió la aprobación de mi papá, a pesar de lo mucho que le costó.

 Durante ese verano mi papá tuvo un problema en la columna, lo llevamos a operar a la Cd. de México y aunque salió muy bien de la operación, durante la recuperación empezó a tener dificultades cardiacas y un 31 de agosto por la noche lo tuvimos que llevar de urgencia al hospital donde esa misma noche murió.

De nuevo la familia cambiaba radicalmente. Mi mamá de ser una ama de hogar con su marido y tres hijos, se descubrió viuda, con una hija consagrada y otro a punto de casarse, así que solamente le quedaba yo.

Yo dejé de estudiar durante un año y ese tiempo lo dediqué a estar con mi mamá, fuimos viendo el tema de su casa, etc. 

Ese tiempo sin estudiar y sin trabajar en un joven tan propenso a las amistades y a las fiestas digamos que no fue lo más provechoso que digamos.

Me dediqué a viajar, a las fiestas, a las compras, hacía muchas cosas y no hacía nada, pero afortunadamente los amigos del Regnum Christi que para entonces ya había hecho en la Cd. de México me empezaron a frecuentar cada vez más y fueron una excelente influencia, tanto que al terminar ese año, en lugar de regresar a la universidad decidí dar un año de mi vida como voluntario colaborando con el Movimiento, sentí que era una buena forma de corresponder a todo lo bueno que de ellos había recibido y ¿por qué no?, una buena oportunidad de darle “algo” a Dios, ya que no me iba a ir de sacerdote.

Colaboré en Xalapa Veracruz trabajando con jóvenes. Ese fue el año decisivo en mi proceso vocacional, no fue nada en concreto y al mismo tiempo fue todo.

El trabajo, el bien que se le podía hacer a la gente, el ambiente de auténtica caridad que se vivía en las casas de los padres legionarios, etc.

Fui a Roma para la clausura del año jubilar y aprovechamos para hacer unas misiones en un pueblito de Bosnia, durante las misiones el párroco nos dijo, “ustedes son muy afortunados, porque en México si eres católico lo peor que te puede pasar es que se burlen de ti, aquí por ser católico te pueden matar”.

No necesité más motivaciones, sabía lo que tenía que hacer, sabía que Dios me había dado mucho durante mi vida y que me había “cuidado” mucho incluso cuando yo no hice nada por cuidarme, así que decidí ir al candidatado y probar.

Todos estos años en la Legión han sido años de auténtica plenitud. 

El día de mi ordenación diaconal durante toda la celebración escuché en mi interior una y otra vez la voz de Dios que me decía, ¿lo ves?, has estado en muchísimos lugares, has hecho muchísimas cosas, has conocido muchísima gente pero por fin lo sabes, este es tu lugar y efectivamente, este es mi lugar, Dios es mi lugar.

No pienso terminar sin hacer una mención muy especial a las dos mujeres que han hecho que hoy sea posible que yo haya llegado hasta el sacerdocio.

Mi mamá del cielo, María, que siempre me ha acompañado a lo largo de mi vida cuidando y protegiendo mi fe y mi amistad con Cristo y mi mamá en la Tierra que siempre, siempre nos ha enseñado a saberse donar con alegría para cumplir la voluntad de Dios aunque cueste, con la confianza de que Dios nos ama, y sabe mejor que nosotros lo que hace.
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El P. Luis Rodrigo Núñez Jiménez  nació en la Cd. de México el 18 de julio de 1978.

Se incorporó al Movimiento Regnum Christi en Guaymas Sonora en 1996.

Estudió un año de la carrera de derecho en la Escuela Libre de derecho en la Cd. de México.

Dio un año como colaborador del Regnum Christi en Xalapa Veracruz.
Ingresó al noviciado de la Legión de Cristo en el verano de 2001 en Monterrey.

Estudio humanidades clásicas en Salamanca España.

Filosofía en Roma.

Sus prácticas apostólicas las realizó en Aguascalientes México trabajando en la promoción vocacional.

Sus estudios de teología los cursó en Roma colaborando al mismo tiempo en las oficinas de la administración general de la congregación.

Actualmente es director de sección de jóvenes en Guadalajara.

FECHA DE PUBLICACIÓN: 2012-12-0

martes, 8 de enero de 2013

Testimonio vocacional del Padre José Antonio Guzmán Díaz



En una ocasión sentí que el mar me estaba tragando.

MÉXICO | RECURSOS | TESTIMONIOS

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P. José Antonio Guzmán Díaz L.C.

Una ocasión sentí que el mar me estaba tragando. Traté de salir pero el mar me estaba llevando. Trataba de escapar con todo mi ser, pero la fuerza del mar pudo más que yo.

Como habíamos ganado nuestra competencia de natación, mi papá se confió y nos dejó en la playa muy seguro, mientras iba rápido a la casa, porque ya sabíamos nadar.

Desperté en la arena. Ya estaban mis papás ahí. María Luisa mi hermana mayor le decía a mi madre que un joven me había rescatado del mar. 

¿Quién era ese joven? 

Nunca lo supe.  Mi madre quería agradecerle, pero no había ya nadie en la playa.
Cuando fuimos a Misa en la noche para dar gracias a Dios, mi hermana le dice emocionada a mi madre que ahí estaba el que me había sacado del mar… ¡era una imagen de Cristo! 

Mi madre comenzó a llorar…

Yo no sé por qué, pero casi siempre me tocaba estar donde había problemas. Si había vidrios rotos, ahí estaba yo; si había bardas rotas, también; si había incendios en los baldíos cercanos de casa algo tenía que ver yo, directa o indirectamente.  Si habían peleas en la escuela ahí estaba también yo metido. Era casi como un deporte. No sucedía nada a propósito. Era pura casualidad. Me tocaba estar ahí y yo aprovechaba la ocasión. Siempre me la pasaba bien.

Como ven, un niño normal. Inquieto y muy cariñoso con mis padres y hermanos.

Verdaderamente la casa era una auténtica escuela de generosidad. 

Sin muchos discursos aprendíamos a ser generosos.  

Recuerdo muy bien que mi madre nos decía a Salvador y a mí cuando jugábamos canicas, que cuidáramos los pantalones para que se los pudiéramos dar a mis hermanos menores o a los niños pobres.

Gracias a Dios siempre tuvimos todo, pero sabíamos que no nos pertenecía.

Recuerdo una Navidad que yo le pedí al niño Dios una bicicleta, pero no estaba dispuesto a prestársela  a nadie. 

Nunca llegó.  

Cuando mi madrina me regaló $5,000 pesos, lo primero que pensé fue: Voy a comprar un carro deslizador y se lo prestaré a mis hermanos y mis primos.

Sin darme cuenta mi corazón se iba preparando a ser generoso.

Jueves 2 de noviembre de 1989. 

Esta fecha es inolvidable, para mí y por mi culpa también para mi familia. Dios sacó de un mal, un gran bien. 

Pude experimentar en carne propia la Misericordia de Dios.

Estaba barriendo la calle y mi madre salió a la tienda con Luis Alonso, mi hermano menor. 

Me dijo que metiera “la Wagoner” a la cochera. Me subí a la camioneta y en lugar de dar marcha atrás, se me hizo fácil dar la vuelta al  camellón. 

Giré, pero venía un coche un poco rápido así que no volví a girar, sino que continué unas cuantas cuadras más adelante. 

Giré a la izquierda y comencé a acelerar. 

Giré de nuevo y aceleré más. Sentía 

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que la “willis” tenía turbo. 

Antes de volver a girar, presioné los frenos y la camioneta se dio una coleada, que casi pierdo el control de la camioneta por completo…

Por supuesto que choqué y por eso dejé sin vacaciones de navidad a toda la familia.

Hablé con mi padre por teléfono a su trabajo. Lo saqué de una junta muy importante. 

Lo supe porque me lo dijo la secretaria. 

Llegó en siete minutos. Lo primero que me dijo fue: ¿Cómo estás? 

Me desarmó, pues yo estaba pensando que vendría en plan regaño y con mucha razón. 

Después me indicó: vete a tu habitación y no salgas. 

Cuando yo estaba en la habitación estaba pensando que me enviarían a una academia militar, que ya no tendría derecho a tener familia; ni padres, ni hermanos. 

Pensaba que me correrían de la familia. ¿Cómo era posible que hubiera hecho esto?

Reflexionando me dije: no quise hacer mal, no supe controlar el coche y me fue mal.

Ahora me debía preparar para reparar los daños.  

Gracias a Dios no hubo nadie involucrado. 

Sólo yo y “la Wagoner”.

Cuando llegó mi papá a casa, después de dos horas, fue a buscarme a mi habitación.

Lo primero que me dijo fue: ¿Cómo estás?  

-Le respondí: bien. 

– ¿Seguro que estás bien?

- Sí.

Yo estaba pensando: ¡¿cómo es posible que mi papá esté tan tranquilo?!

Ahí aproveché para decirle de la manera más sincera posible. 

Papá, ¡perdóname! 

En ese perdón yo estaba metiendo tanto el golpe del coche, el haberle sacado del trabajo, la desconfianza que había provocado, los inconvenientes, consecuencias, el enojo que causé…en pocas palabras, ¡todo!

Me respondió: ¡No te preocupes! 

Y me dio un abrazo. 

En ese abrazo sentí un perdón sincero y total.

Ahora que estoy escribiéndolo tengo las lágrimas en los ojos, nada más de acordarme.

Pude experimentar un gran amor de mi papá. 

Yo sabía que no era normal y que se estaba haciendo violencia… pero me estaba perdonando. 

 Después me dijo: Tú no sabías que estaban mal ajustados los frenos, por eso no pudiste controlar la camioneta.

En ese momento que me estaba dando un abrazo pensé: Si mi papá me perdona por haber hecho esta tontería, ¿cómo será la misericordia de Dios?  

Dios se valió de esto para que yo pudiera experimentar su gran amor y misericordia.

Eso me ha hecho volver una y otra vez a la confesión, cuando tengo la desgracia de caer en pecado.

Una cosa tengo clara: Cuando confiese, transmitiré el gran amor y la misericordia que Dios nos tiene. Yo seré su instrumento, pues al haber experimentado tanto su amor, no puedo no darlo.

No me mandaron a la academia militar de castigo, pero estuve trabajando a “marchas forzadas”. 

No podía salir a ningún lado. 

Sólo podía salir a Misa.  

No saben cómo disfruté esas salidas. 

Una vez nos tocó que fue a celebrar el Señor Obispo y por supuesto que me quedé más tiempo. 

Cuando regresamos Salvador mi hermano y yo, nos pregunta mi madre: “¿Dónde estaban?”  Y contestamos que en Misa.  

Nos pregunta: “¿De Obispo?” 

 A lo que respondimos afirmativamente.

En una de esas salidas a Misa, una chica me pidió que si podía acompañarle (como chambelán) en su fiesta de quince años. 

Yo le dije que no podía porque estaba castigado. 

Al llegar a casa lo comenté, porque esta chica era hija de un amigo de mis papás. 

Mi papá me dijo que le dijera que sí. 

Con eso estaba cayendo el tiempo de reparación. 

Así es también en la vida espiritual. 

Pecamos, pedimos perdón, pero hay que reparar. 

Es lógica pura.

En ese entonces, estudiaba la carrera de control automático, trabajaba en un restaurante los fines de semana, entrenaba Tae Kwon Do, tenía mis encuentros semanales en el Regnum Christi y tenía novia. 

A veces la novia se desesperaba que no me veía mucho, pero tampoco en casa me veían mucho. 

Gracias a Dios gané varios torneos de TKD. 

No todo era siempre éxito; una ocasión me noquearon, pero fue mejor, porque mis amigas estuvieron más al pendiente de mí. 

El deporte me libró de muchos peligros. 

Una vez un amigo me reprochó porque casi no iba a fiestas a emborracharme con ellos, pero si lo hacía me pegaban una paliza en el TKD.

Era el tiempo de los cambios. 

Comenzaba con una novia, terminaba y después con otra. 

Yo comenzaba a percibir que Dios quería algo de mí, pero no sabía qué era. 

Un día recibí un comentario de mi madre que me dejó el alma helada, y fue el siguiente: “Si Dios te pidiera que le siguieras, ¿le entregarías el alma usada?”

Tuve algunas novias. 

En especial quise a una, que me ayudó a crecer en el amor. 

Sin darme cuenta el amor que sentía en mi corazón, Dios me lo estaba pidiendo. 

Yo buscaba siempre, y sobre todo, llevarlas a Dios. 

Si yo quiero a una persona, debo llevarla a Dios, porque me interesa que su alma se salve. 

 Y, ¿no tendré más cuidado de aquellas a quienes mi corazón más quiere? 

¿Mi familia, mi novia, mis amigos?

Recuerdo que platicando con una de ellas me dijo: “¿Sabes? 

He platicado con mi madre y me dijo que a lo mejor terminarías de sacerdote”. 

Yo le respondí “¿Por qué?” 

Y me contestó: “No sé. 

Por tu forma de ser”.

Siempre traté de llevar mis noviazgos cástamente, pues sabía que como fuera mi noviazgo, así sería mi matrimonio. 

Por supuesto ni me imaginaba que Dios me llamaría. 

En verdad, yo creía que me casaría.

En una ocasión me preguntó mi novia que si nos casábamos, cuántos hijos me gustaría tener.  

Yo hábilmente le contesté que esa pregunta debería hacérsela a ella, porque ella los iba a tener. 

Me contestó que como en mi familia. 

La verdad que no me disgustó nada la idea, pero le dije que tendría que trabajar mucho. 

Ella me respondió que me ayudaría.

 Ahora te estarás preguntando ¿cuántos hermanos son en su casa?

Yo soy el cuarto de ocho hermanos. 

María Luisa, Mónica y Salvador, el que escribe José Antonio, Adriana, Rodrigo y Rossana, y Luis Alonso.  (Mónica y Salvador – Rodrigo y Rossana son cuates). 

Por cierto todos ellos son unos hermanos ejemplares. 

Me han ayudado mucho en mi vocación con su entrega generosa, su ayuda económica, sus consejos y sus oraciones y sacrificios.

Pero volviendo a la pregunta ¿cuántos hijos te gustaría tener? 

Toda esa noche me estuve preguntando en profunda oración, le preguntaba a Dios también si ella era la chica que quería para mí, o si yo era el tipo que quería para ella.  

Si eso era lo que quería de mí.  

No pude dormir pensando qué era lo que Dios quería de mí.  

Yo me sentía pleno con ella, pero Dios me pedía algo más. 

Le dije: “Señor, ¿qué quieres de mí?” 

Y me respondió en lo más profundo de mi alma: “No quiero nada de ti. 

¡Te quiero a ti!” 

Quedé desarmado. 

Ahí experimenté otra vez la grande misericordia de Dios al llamarme. 

“¿Por qué a mí?... 

“¡Porque quiero!”. 

Ya no pude y me dejé seducir. 

 Todo en la soledad de las visitas al Santísimo.

Yo creo que todos los católicos debemos preguntarnos si Dios nos llama al sacerdocio o a la vida consagrada, con honestidad, sencillamente.

Comenzó un gran tormento interior: Si no es lo que Dios me pide y salgo…entonces perdí tiempo. 

Pero me vino una de esas respuestas prácticas que ni tú mismo te esperas: Ya pierdes demasiado tiempo en tonterías, por qué no probar. 

Si acaso te equivocas, Dios no te tomará a mal que fuiste generoso. 

Al contrario, te ayudará.

Ahora, buscaba la manera de ser generoso.  

Yo sé desde siempre, que a Dios se le da lo que pide. 

Como San Agustín le decía: “Señor, dame lo que me pides y pídeme lo que quieras”.

En una ocasión que fui a hacer una visita al Santísimo en la Catedral de Torreón, donde estaba de dando un año de voluntariado como colaborador en el Regnum Christi

Una señora me pidió dinero para comprar leche o medicina para su hijo. 

Le dije que no tenía y entré a hacer la visita. 

Cuando estaba rezando sentí en mi corazón como un grito que me reprochaba “generosidad”.  

Salí de la catedral sin haber terminado de rezar y fui decidido a darle los $50 pesos que tenía escondidos en la billetera. 

Le dije: “Señora le dejo esto, sólo úselos bien”, y me fui. 

Se me salió una queja, pensando que estaba solo. 

Me pregunté en voz alta: “¿Por qué no puedo ser generoso?”  

El colaborador que iba detrás de mí extrañado me replicó: “¿Si eso no es generosidad, entonces qué es la generosidad?”   

Yo le afirmé que eso no era generosidad. Yo estaba pensando en algo más grande que el dinero.

Esa pregunta me ha ayudado mucho en mi vida, porque en ocasiones me gana el egoísmo por debilidad, pero yo quiero ser siempre generoso con Dios. 

Me digo: como en Torreón que no querías ser generoso con Dios y al final sí lo fuiste. 

 El corazón que está atento a responder al querer de Dios responde positivamente.  ¡Al final sí fuiste generoso! 

No veas sólo lo malo, ve también lo bueno y el esfuerzo que haces por ser generoso, por ser bueno. 

Creo que esa también será una de mis máximas cuando confiese: animarles a ver lo positivo de su alma.

Estoy convencido que Dios sigue llamando, pero como no hay silencio en las almas, como no están habituados a escuchar al amigo, a Cristo, no han entendido qué es lo que Dios quiere.
¿Por qué primero consagrado y después sacerdote?

Yo estoy persuadido que la vocación a la vida consagrada en el Regnum Christi se da en la libertad y en la caridad. 

Sólo los cristianos que han entendido y viven a plenitud su vocación, esto es, su llamado al estado y condición de vida que Dios les llama, pueden llevar adelante con elegancia su cristianismo. Y esto no es una excepción en el Regnum Christi.

Al primero que le comenté de mis inquietudes vocacionales fue a mi hermano Salvador. 

Siempre me animó. 

Al segundo fue al P. Miguel Viso, LC que en ese entonces era el Director de la Sección de jóvenes del RC. Yo le pedí que fuera mi director espiritual.

A decir verdad, yo escuchaba entre algunos amigos que decían que los legionarios sólo quieren vocaciones. 

Pero a mí nadie me tocaba el tema de la vocación. Yo comencé a hablar de vocación porque ya me estaba cansando que nadie lo hiciera y yo estaba inquieto. 

Uno de mis amigos del Regnum Christi decía: como toda empresa, si no creces, mueres. 

Si no hay vocaciones en la Iglesia, la Iglesia muere.

Yo le comenté al P. Miguel que quería hacer algo más con mi vida, porque no estaba haciendo nada, y él, caritativamente me hizo ver que me equivocaba, porque estábamos haciendo varios apostolados semanalmente y también, que el ambiente donde estábamos era cada vez más cristiano, etc.  

Yo le repliqué: sí padre, pero puedo hacer más. 

“Eso es otro boleto”, me contestó.

Cuando estaba de colaborador, yo fui quien le pidió dirección espiritual al que en ese momento era el promotor vocacional del Norte de México, el P. Ricardo Sada Castaño, LC.

Hablando una vez con él, le comenté que, según yo, veía claro que Dios me llamaba, porque había signos claros del mismo, pero…quería hacer otra carrera para estar seguro de que fuera mi vocación y tener una “seguridad”, por si no lo era.

El P. Ricardo Sada, LC me recomendó comenzar la otra carrera que quería, como consagrado, para así cuidar mi vocación. Recuerdo perfectamente el diálogo:

-Por tu temperamento, creo que sería bueno que hicieras la carrera que me dices, pero ya como consagrado, para que puedas proteger tu vocación. 

En la universidad vas a tener amigos, fiestas, amigas, novia, etc. 

Si comienzas de novio te enamorarás, se te olvidará la vocación y la perderás. 

Si comienzas como consagrado la podrás proteger. 

Piénsalo y después me dices-.

Yo le contesté inmediatamente:

 -Padre, ya lo he decidido. Le digo que sí. 

Me contestó:
-Piénsalo.
-Padre, le digo que sí, porque me ha dejado una gran paz en el alma.

En ese momento, me sentí no sólo como el joven rico del Evangelio que quiere ser generoso con Dios, sino como el millonario que descubre un gran tesoro, vende todo cuanto tiene para comprar aquel terreno que contiene su gran tesoro.

A unos cuantos meses de mi ordenación sacerdotal, no puedo sino reconocer la gran ayuda que he recibido de la Virgen María.

El día que decidí dar el sí definitivo a Dios, era el 27 de junio de 1995, día de la Virgen del Perpetuo Socorro. A lo largo del camino de mi vocación siempre ha estado la Virgen acompañándome. Les cuento algo muy rápido.

En una ocasión me fui a terminar mi oración a la capilla del Centro de Estudios Superiores en Roma. 

Ahí me sentí envuelto, de manera casi física, por el cariño de la Virgen. 
Cosa que agradecí.  

El Sacerdote, que celebraría la Misa, salió con ornamentos de fiesta Mariana. Para mis adentros pensé, qué bonita fecha para recordar; la fiesta de nuestra Señora de Chiquinquirá. 

En la noche me habló mi madre y le conté eso que me había pasado en la mañana; le dije que  la emoción me había durado todo el día. 

No había terminado de decirle eso cuando mi madre comienza a sollozar.  

Le pregunté que por qué lloraba y me contestó que, porque a esa misma hora en que yo estaba terminando la meditación, ella estaba pidiéndole a la Virgen que nos protegiera la vocación a mí y a Adriana, mi hermana consagrada en el Regnum Christi.

Agradezco mucho también a mis papás y a mis hermanos por todas sus oraciones y sacrificios. Han sido el motor que me ha ayudado de manera poderosa y real en momentos de dura prueba. 

Gracias por su ramillete espiritual.

Una noche caliente de verano en Roma, fui muy tentado contra la pureza, estuve rezando mucho. 

Casi no pude dormir. Tomé el Rosario y estuve rezando hasta que me quedé dormido, no sé si recé tres o cuatro Rosarios seguidos. 

Al día siguiente me habló una de mis hermanas y me preguntó: “¿Cómo estás? -La típica pregunta. 

También la típica respuesta: “Bien”. Vuelve: 

“No, en serio, cómo estás, porque ayer soñé que el diablo te pegaba una paliza y estuve rezando por ti toda la noche”.  

Le conté cómo había estado la noche y también le agradecí su gran ayuda.

A ti, querido lector te pido de manera especial me recuerdes en tus oraciones diarias. 

Si alguna vez no tienes ninguna intención por la que puedas ofrecer tus sacrificios, oraciones, alegrías, etc., te pido me incluyas para que sea santo y fiel hasta la muerte.

Pídele a Dios que sea un santo sacerdote, y que si no me va a dejar ser santo, me retire a su lado para nunca estorbarle a sus divinos planes.

Yo por lo general, pido el cielo para aquellos que me ayudan, junto con toda su familia.

Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su Misericordia.

Oremus ad invicem! (Oremos unos por otros)
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El P. José Antonio Guzmán Díaz nació el 8 de junio en Guadalajara, Jalisco(México). 

Ingresó al Regnum Christi en mayo de 1992. 

En 1994 fue colaborador en Torreón, Coah. 

En 1995 se consagró a Cristo en el Regnum Christi; trabajó apostólicamente en una Residencia Universitaria en Monterrey; en la Sección de Jóvenes; en el Ecyd con adolescentes; ayudaba en la promoción vocacional; Asistente del director de Evangelizadores de Tiempo Completo encargado de los Centros Locales de México y El Salvador; Prefecto de disciplina en la Preparatoria del Cumbres en la Ciudad de México y después Instructor de Formación en la misma preparatoria; Hizo su noviciado en Monterrey y Salamanca (España), La filosofía la hizo en Roma y la Teología en New York y Roma. 

Tiene la carrera de Control Automático con especialización en instrumentación y control de procesos industriales hecha en el Centro de enseñanza Técnica Industrial y la carrera de Administración de Empresas, hecha en el Tec de Monterrey (ITESM).
  
Actualmente está encargado de la promoción vocacional de menores de la zona del norte de Italia en Lombardía y Piemonte

FECHA DE PUBLICACIÓN: 2012-12-03


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