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lunes, 2 de abril de 2012

Cuba libre y cristiana

El coraje de Benedicto XVI
MADRID, viernes 30 marzo 2012 (ZENIT.org).- Ofrecemos un artículo de Pablo Blanco Sarto, profesor de la Universidad de Navarra y autor del libro "Benedicto XVI, el papa alemán". El autor hace balance de la visita del papa a Cuba.

Por Pablo Blanco Sarto

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Fidel entró en La Habana crucifijo en mano. Tras el triunfo de la revolución cubana en enero de 1959, la Iglesia quedó sin embargo al margen de la vida social. Era la isla de Fidel. Se nacionalizaron entonces las escuelas religiosas, fueron expulsados los religiosos de los hospitales y resultó elimada su presencia en los medios de comunicación. Entonces había setecientos sacerdotes para seis millones de habitantes en Cuba. Actualmente hay trescientos para 11,2 millones.

Pero desde el comienzo de los noventa, una apertura religiosa volvió a llenar las iglesias, entre ellas las católicas. En 1998, la isla recibió la primera visita de un papa desde el triunfo de la Revolución. La llegada de Juan Pablo II permitió, por ejemplo, que la Navidad fuese declarada fiesta de nuevo. Ya entonces se eliminaron las referencias al ateísmo en la Constitución y los cristianos fueron aceptados en el seno del gobierno. Éste permitió la construcción de un seminario, a cuya inauguración asistió el mismo Raúl Castro.

 Fueron restauradas algunas parroquias. Juan Pablo II plantó en La Habana la semilla de la libertad.

Al llegar a Cuba, Benedicto XVI quiso mantener el difícil equilibrio de la Iglesia en la isla, donde ejerce de mediadora entre el Gobierno y los disidentes políticos. Prefirió criticar el capitalismo salvaje. El tema no era nuevo, aunque el hecho de presentarlo en una Cuba postrada ante el embargo era muy significativo. Afirmó que las dificultades económicas que se viven en buena parte del mundo están relacionadas con una «profunda crisis de tipo espiritual y moral, que ha dejado al hombre vacío de valores y desprotegido frente al ambición y el egoísmo de ciertos poderes».

Ante esta situación, es urgente un cambio en la «dirección cultural y moral que ha causado la dolorosa situación que tantos experimentan», sugería. La crisis económica tiene una base ética. Ya lo había dicho en la encíclica social Caritas in veritate (2009). Pero a la vez el papa alemán hizo referencia a los presos, sin explicitar que fueran «políticos», perseguidos por el régimen castrista. A buen entendedor, pocas... El discurso de Benedicto XVI fue un ejemplo magistral de equilibrismo dialéctico. Hizo acrobacias para abordar los asuntos más candentes sin irritar a las autoridades.

Por la tarde, había propuesto emprender otra revolución: la de «las armas de la paz y el perdón». Era un mensaje de reconciliación. No había faltado antes sin embargo la denuncia del comunismo. «Hoy es evidente –había dicho en el vuelo de ida– que la ideología marxista, como había sido concebida, ya no responde a la realidad». Es más, añadió: «ya no se puede responder ni construir una sociedad de ese modo». Por lo que consideraba necesario encontrar «nuevos modelos, con paciencia, en modo constructivo». Este proceso exige «también decisión». Es aquí donde la Iglesia juega su papel.

«Es obvio que la Iglesia está siempre del lado de la libertad –añadió–, la libertad de conciencia, la libertad de religión». Fueron también declaraciones decididas. Si Juan Pablo II plantó la semilla de la libertad, Benedicto XVI podría recoger su fruto. Benedicto XVI es consciente de su papel y de las diferencias con su predecesor. Al decir de un simpático habanero en una peña deportiva, «este papa se parece a los futbolistas alemanes… porque no juega con tanta gracia y belleza como los brasileños, pero meterá un gol». Si esto fuera así, Cuba podría ser libre y cristiana.

domingo, 11 de marzo de 2012

La peregrinación de Benedicto XVI una contribución a la unidad cuba

Oscar Espinosa Chepe

LA HABANA, Cuba, marzo. El papa Benedicto XVI visitará  Cuba para una visita pastoral del 26 al 28 de marzo.  Comenzará en Santiago de Cuba, donde oficiará una misa en la Plaza Antonio Maceo el mismo día de su llegada, el 27 visitará la Basílica Santuario Nacional del Cobre como Peregrino de la Caridad, en el Año Jubilar del 400 Aniversario del hallazgo de la virgen y el 28 realizará una misa multitudinaria en la Plaza de la Revolución José Martí en La Habana.

Su estancia, aunque con fines pastorales, tendrá  un importante significado, en tiempos cuando se acrecientan los problemas económicos, políticos y sociales.  Al igual que en ocasión del periplo de Juan Pablo II en enero de 1998, será una contribución al entendimiento y la reconciliación de todos los cubanos.  Por ello, no solo involucra a la grey católica nacional, sino a toda la población, incluidos los no creyentes, conscientes de que su estancia representa un  notable aporte a la búsqueda de soluciones a nuestra compleja situación. 

Por supuesto, el Santo Padre no podrá contribuir al bienestar nacional sin la buena voluntad y la convicción de  todos los cubanos de que solo la reconciliación puede llevarnos a salir de la crisis, que desde hace años asfixia nuestro país.  Juan Pablo II nos llamó a ser protagonistas  de nuestra propia historia y a que Cuba se abriera al mundo y el mundo se abriera a Cuba. La visita de Benedicto XVI confirmará que esas sabias recomendaciones tienen plena vigencia, por lo que puede esperarse que a las dos misas concurran masivamente los cubanos, unos convocados por la devoción de sus creencias religiosas, y todos por el respeto y el reconocimiento a quien nos tiende la mano y  convoca a la unidad y la concordia en nuestra sufrida tierra.

A las misas, la población asistirá por voluntad propia, solo ante el llamado de su devoción y  conciencia, y será ocasión para confraternizar con muchos compatriotas que llegarán del exterior, en una fiesta de unidad nacional propiciada por la Iglesia Católica. 

En este marco, las autoridades cubanas tienen la oportunidad de liberar a todos los prisioneros políticos, incluso al contratista norteamericano Alan Gross, un serio obstáculo para mejorar las relaciones con Estados Unidos; y crear mejores condiciones para la población penal.  Asimismo debe ser el inicio de una apertura política, junto a la económica, y el reconocimiento de que los ciudadanos en un marco pacifico, responsable y civilizado tienen derecho a manifestar sus criterios con respecto a las políticas oficiales sin temor a ser represaliados o calificados falsamente de agentes de una potencia extranjera.

La Iglesia Católica Cubana ha estado desempeñando un importante papel como puente entre todos los cubanos, aunque algunas personas no lo comprendan aún.  Sus esfuerzos han abierto pequeños espacios de expresión, impensables hace poco tiempo.  Su perseverante y discreto accionar logró la liberación de los prisioneros del grupo de los 75 y otros reos políticos, y ha realizado otras gestiones de indudable valor para la sociedad.
 
La visita del papa Benedicto XVI será oportunidad también para reconocer esas contribuciones, logradas con mucho tacto e inteligencia.  No se puede pretender que una entidad de carácter religioso realice las actividades correspondientes a integrantes de la sociedad civil cubana, que en armonía y con realismo deben procurar un mayor reconocimiento del pueblo.

Es de esperar que la llegada del Santo Padre,  en peregrinación por el Año Jubilar de la Virgen de la Caridad del Cobre no solo sea un hito religioso, sino también marque nuestra historia como punto de inflexión hacia el entendimiento y la concordia nacional. De todos los cubanos, en especial de las autoridades, dependerá que este noble objetivo sea alcanzado.

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