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viernes, 26 de octubre de 2012

Los más religiosos votan más.


EE.UU.:
·         22.OCT.2012
·          
·         Fuente: The Washington Post
Según un sondeo del Public Religion Research Institute, del que se hace eco el Washington Post, el 73% de los estadounidenses afiliados a una confesión religiosa tienen intención de votar en las próximas elecciones, frente al 61% de los no afiliados.

El sondeo pone de manifiesto la diferencia de preferencias políticas según la religión.
Casi ocho de cada 10 posibles votantes de Mitt Romney se describen como cristianos y blancos (protestantes, católicos, evangélicos), proporción doble que entre los que piensan votar a Barack Obama.
Otros grupos importante de partidarios de Obama son los no afiliados a ninguna Iglesia o confesión (23%), los protestantes negros (18 %) y los católicos latinos (6 %).
Un problema para Obama puede estar en que estos tres grupos suelen presentar mayores tasas de abstención electoral.
Sin embargo, la confesión religiosa no siempre está relacionada con una determinada postura política.
El 66 % de los protestantes blancos de clase trabajadora apoyan a Romney, y solo el 30% a Obama.
En cambio, entre los católicos blancos de clase trabajadora ninguno de los dos candidatos a la presidencia tiene ventaja estadísticamente significativa.
La encuesta también detecta otras diferencias de voto.
Obama tiene más éxito entre las mujeres (53 %) que Romney (44%).
La brecha se amplía según la situación matrimonial: el 76% de las mujeres que nunca han estado casadas apoyan a Obama, mientras que el 55% de las casadas apoyan a Romney.
Las cuestiones relacionadas con la anticoncepción y el aborto han ocupado un lugar destacado en la campaña.
A este respecto, el 56% de los estadounidenses dicen que las instituciones de afiliación religiosa deberían estar obligadas a proporcionar anticonceptivos dentro de la cobertura sanitaria a los empleados, cosa de la que el gobierno les eximió tras las protestas de la Iglesia católica y otras confesiones.
Sin embargo, los católicos blancos, que se inclinan por Romney mucho más que los católicos latinos (54 % contra 27 % ), a la vez opinan en mayor proporción que el aborto debería ser legal en todos o la mayoría de los casos, tesis más acorde con la de Obama.


martes, 23 de octubre de 2012

Después de Japón Alemania tiene la población más vieja del mundo


Actualmente nacen en Alemania sólo ocho niños por cada 1.000 habitantes, lo que representa el índice más bajo del planeta

José-Pablo Jofré / corresponsal en berlín
Día 12/10/2012 - 02.10h


abc
El 20,4% de la población alemana es mayor de 65 años
«Somos los más viejos de Europa» ha resumido Roderich Egeler, presidente la Oficina Federal de Estadísticas –conocida como Destatis– al publicar su informe anual: 
Alemania, confrontada a una baja tasa de natalidad, cuenta con la población más vieja de Europa y la segunda del mundo, detrás de Japón. En 2010, sólo el 13,5% de la población del país era menor de 15 años, «Sólo Japón tiene una proporción aún más baja, con el 13,4%», señaló Egeler.

En cuanto a las personas de 65 años o más, Alemania comparte el podio con Italia, con el 20,4% de la población. En Japón, el porcentaje es de 22,7%. Actualmente nacen en Alemania sólo ocho niños por cada 1.000 habitantes, lo que representa el índice más bajo del mundo; lo que «supone un nuevo récord negativo», ha comentado Egeler. En 1964, todavía nacían 1,4 millones de niños. 

En 2011, no fueron más que 663.000.

«Desde hace unos 40 años, los nacimientos ya no bastan para reemplazar en número a la generación de los abuelos», ha dicho Egeler. En promedio, las mujeres tienen 1,4 niños cada una, un índice muy bajo pero estable. Sin embargo la tendencia al envejecimiento de la población de la primera economía europea se acentuará ya que, generación tras generación, el número de mujeres en edad de procrear desciende.

La esperanza de vida se prolonga

Paralelamente la esperanza de vida de los alemanas se prolonga, como en la mayoría de los países desarrollados. Una niña puede esperar llegar a los 83 años de edad y un niño, a los 78 años, o sea que ganarían diez años de vida en comparación con hace 50 años. Paradojas del occidente más desarrollado.

Hace unas semanas la canciller democristiana alemana Angela Merkel inauguraba una Conferencia sobre el Cambio Demográfico en este país. El objetivo de la conferencia fue dar el vamos a un programa para buscar propuestas y soluciones a un problema complejo. 

Participan ministros, representantes de los gobiernos estatales y municipales, de sindicatos, del empresariado, de asociaciones, de científicos y de agrupaciones de ciudadanos.

«No se debe suprimir el tema de la migración y de especialistas extranjeros», ha dicho Merkel, ya que son necesarios para activar el mercado de trabajo alemán. 

Las propuestas y planes que se deriven de las reuniones tendrán que estar listas para mayo de 2013.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Joseph Pearce Cuando sacas a Dios de la política terminas viviendo una historia de terror»



Crítica al fundamentalismo laicista
El escritor inglés, que publicará en España en febrero una biografía del poeta surafricano Roy Campbell, habla sobre su encuentro con Soljenitsin.
Actualizado 11 diciembre 2011


En 1998, Joseph Pearce, escritor inglés afincado en Estados Unidos como profesor en la Ave María University, entrevistó a Alexander Soljenitsin (1918-2008) cerca de Moscú, con vistas a publicar una biografía suya, luego editada también en España. Al actualizar ahora la edición inglesa, ha sido entrevistado por National Catholic Register sobre las circunstancias de aquel encuentro. Y sus respuestas sirven para conocer mejor el alma del autor de Archipiélago Gulag, Premio Nobel de Literatura en 1970.
El fundamentalismo laicista 

Soljenitsin fue la gran figura de referencia de un anticomunismo que no se quedaba sólo en la oposición a la economía socialista, sino que rechazaba también el materialismo y el relativismo occidentales.

"Una cosa que dijo en su discurso en Harvard en 1978, que chocó a todo el mundo entonces pero era profundamente verdadero, es que el fundamentalismo laicista y la naturaleza asesina de la cultura de la muerte no se limitan al comunismo. Dijo entonces que el mismo materialismo venenoso animaba también buena parte de la filosofía occidental y de su decadencia", recuerda Pearce.

"Pienso", añade Pearce, "que su vida y su experiencia nos demuestran que el fundamentalismo laicista es mortal, venenoso e intolerante. Cuando sacas a Dios de la política, terminas viviendo una historia de terror, ya sea el fundamentalismo laicista de la Revolución Francesa y las guillotinas, ya sea el fundamentalismo laicista de los nazis y las cámaras de gas, ya sea el fundamentalismo laicista de los comunistas y los campos de concentración, ya sea el fundamentalismo laicista de los abortorios en la América y la Europa modernas. Lo que vemos es la cultura de la muerte matando a millones de personas inocentes".
Un espíritu que no murió con el comunismo

Pearce, autor de celebradas biografías de G.K. Chesterton, Oscar Wilde o JRR Tolkien, y experto en la obra de literatos de habla inglesa conversos al catolicismo, comparte los puntos de vista de Soljenitsin, aplicados a ese "enemigo todavía presente" aunque bajo otra forma, la de un "gran gobierno animado por una filosofía fundamentalista laicista": "El espíritu que une al comunismo con el materialismo decadente en Occidente es ese fundamentalismo laicista, este ateísmo en la raíz de la política que conduce en última instancia a la cultura de la muerte".

El encuentro de Pearce con Soljenitsin fue toda una sorpresa para él, que no recuerda cómo consiguió los datos para contactar con alguien que se caracterizaba por su absoluta reserva e inaccesibilidad. Además, por entonces sólo tenía publicado su primer libro, la biografía de Chesterton, así que tenía pocas esperanzas de que le recibiese. Contra todo pronóstico, dijo sí.

Pasaron juntos un fin de semana completo, pues el hijo de Soljenitsin, Yermolai, le llevaba y traía del hotel a primera y última hora del día. El resto del tiempo lo pasaron juntos, desayunos, comidas y cenas incluidos, en casa del escritor ruso, lo que permitió recoger una importantísima información sobre su vida, obra y pensamiento que plasmó luego en su biografía.
Turno para Roy Campbell

Pearce, un autor ya bien conocido en España, donde se han publicado casi todas sus obras, volverá a las librerías españolas en febrero.

LibrosLibres publicará España salvó mi alma, una biografía del poeta surafricano Roy Campbell (1901-1957), que se convirtió al catolicismo en España, apoyó al bando nacional en 1936 (granjenándose la enemistad del grupo de Bloombsury, al que había pertenecido), vio morir asesinados por el Frente Popular a todos sus amigos carmelitas de Toledo, escribió el que algunos consideran el mejor poema sobre la guerra civil(Flowering Rifle) y
salvó de ser destruidos por los milicianos los manuscritos originales de San Juan de la Cruz.

Y todo ello, en medio de una vida colmada de aventuras y conflictos literarios que le pusieron en contacto con muchos de los personajes que Pearce ha biografiado o estudiado, como Tolkien, C.S. Lewis o Evelyn Waugh.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Murió Svetlana la hija de Stalin que se convirtió al catolicismo

2.12.11

A las 9:45 PM, por Juanjo Romero
Categorías :
Mythbuster, Conversiones

El lunes 28 la prensa internacional se hizo eco de la muerte de Svetlana Iósifovna Stálina, la única hija de Stalin. Huyó del «paraíso socialista» ayudada por la CIA en 1967. Fue un mazazo para la propaganda socialista, sus libros de memorias «Veinte cartas a un amigo» y «Sólo un año» describían la vida en la Unión Soviética.
Hacía una semana que había fallecido, el 22 de noviembre, en un asilo en Wisconsin. Sola.

Sin embargo, en casi todos los medios se ha pasado como de tapadillo sobre el asunto de su conversión, primero el bautismo ortodoxo y luego la recepción en la Iglesia Católica en 1982. Hasta 1993 no cuenta su conversión, un texto difundido con sordina. Creo que el mejor homenaje es volver a publicar lo que escribió entonces, es largo, pero merece la pena. La labor de su abuela, la de unos amigos católicos, la mano de la Virgen, la solicitud amorosa y pastoral de amigos sacerdotes, la lectura, la formación, los sacramentos… Mejor lo cuenta Svetlana, os dejo con ella (las negritas mías).

Los primeros 36 años que he vivido en el estado ateo de Rusia no han sido del todo una vida sin Dios. Sin embargo, habíamos sido educados por padres ateos, por una escuela secularizada, por toda nuestra sociedad profundamente materialista. De Dios no se hablaba.

Mi abuela paterna, Ekaterina Djugashvili, era una campesina casi iletrada, precozmente viuda, pero que nutría confianza en Dios y en la Iglesia. Muy piadosa y trabajadora, soñaba con hacer de su hijo sobreviviente –mi padre– un sacerdote.
El sueño de mi abuela no se realizó jamás. A los 21 años mi padre abandonó el seminario para siempre.

Mi abuela materna, Olga Allilouieva, nos hablaba gustosamente de Dios: de ella hemos escuchado por vez primera palabras como alma y Dios. Para ella, Dios y el alma eran los fundamentos mismos de la vida.

Agradezco a Dios que ha permitido a mis queridas abuelas que nos transmitiesen las semillas de la fe; si bien eran exteriormente obsequiosas con el nuevo orden de cosas, conservaron profundamente en el corazón su fe en Dios y en Cristo.

Cuando mi hermano murió, mi hijo de 18 años estaba muy enfermo. No quería ir al hospital, a pesar de la insistencia del doctor. Por primera vez en mi vida, a los 36 años, pedí a Dios que lo curara. No conocía ninguna oración, ni siquiera el Padre Nuestro. Pero Dios, que es bueno, no podía dejar de escucharme.

Me escuchó, lo sabía. Después de la curación, un sentimiento intenso de la presencia de Dios me invadió.

Con sorpresa de mi parte, pedí a algunos amigos bautizados que me acompañaran a la iglesia. Dios no sólo me ayudó a encontrarlo, sino deseaba darme mayores gracias. Me hizo conocer al sacerdote más maravilloso que podía encontrar, el P. Nicolás Goloubtzov (1890-1963). Él bautizaba en secreto a los adultos que habían vivido sin fe. Fue también el padre espiritual del P. Alexander Men, que se convirtió en célebre predicador, asesinado en 1990 luego de muchas amenazas de muerte, por las numerosas conversiones que suscitaba entre la juventud en torno suyo.

Yo tenía necesidad de ser instruida sobre los dogmas fundamentales del Cristianismo. Bautizada el 20 de mayo de 1962, tuve el gozo de conocer a Cristo, aunque ignorase casi toda la doctrina cristiana. Desgraciadamente el P. Goloubtzov murió en marzo de 1963.

Encontré por vez primera en mi vida católicos romanos, en Suiza, cinco años después de mi bautismo en la Iglesia ortodoxa rusa.

Los quince años que transcurrí en América han sido para mí causa de tormentos y de desorientación. Tras el nacimiento de mi hija, fruto de mi matrimonio en EE.UU., pareció que llegaba para mí la posibilidad de una vida normal. Pero pronto sobrevino de nuevo la turbación y la amargura; todo terminó con la separación conyugal.

Durante estos años mi vida religiosa era confusa, como todo el resto. Me encontraba de frente a un cristianismo americano múltiple. Cada denominación me invitaba. Todos me testimoniaban una gran simpatía. Yo tenía necesidad de descubrir lo que era justo en la multiplicidad de confesiones y perdía la noción de lo que yo misma era personalmente y en qué creía.

 Busqué también en la Ortodoxia la solución de mi búsqueda personal. Las respuestas a mis interrogantes me parecían demasiado abstractas. A pesar de la amistad que había entablado con intelectuales de la Ortodoxia, como la familia Florovsky, mi sed espiritual permanecía insatisfecha.

Un día recibí una carta de un sacerdote católico italiano de Pennsilvania, el P. Garbolino que me invitó a hacer una peregrinación a la Virgen de Fátima, en Portugal, con ocasión del 70º aniversario de las apariciones. En momento no fue posible, pero nuestra correspondencia de amistad duró más de 20 años y me enseñó muchas cosas.

Mediante este intercambio epistolar más de una vez se planteó la cuestión de mi adhesión a la fe católica. Pero la publicidad y el hecho de ser devorada por los medios de comunicación social, me había dado una pésima impresión ya al llegar a los Estados Unidos. Explicar a la luz del día mis sentimientos más personales, mi fe, mis relaciones con Dios, ni siquiera estaba dispuesta a pensarlo. No podía rnás hablar en nombre del pueblo ruso.

En 1969 el P. Garbolino que se encontraba en New Jersey vino a hacerme una visita a Princeton. Yo continué escribiéndole a Pittsburgh. En aquel momento yo era divorciada e infeliz, pero él, como buen sacerdote, siempre encontraba las palabras apropiadas y prometía siempre rezar por mí.

En 1976 encontré en California una pareja de católicos, Rose Y Michael Ginciracusa. Viví dos años con ellos. Su piedad discreta y su solicitud hacia mí y mi hija me conmovieron profundamente.

En 1982 partimos para Inglaterra, para permitir que mi hija recibiera una buena educación europea. Mis contactos con los católicos continuaban siempre naturales, calmos y alentadores. La lectura de libros notables como el de Raissa Maritain, contribuyeron a acercarme cada vez más a la Iglesia católica. Y así en un frío día de diciembre, en la fiesta de Santa Lucía, en pleno Adviento, un tiempo litúrgico que siempre he amado, la decisión, esperada por largo tiempo, de entrar en la Iglesia católica, me brotó naturalísima, mientras vivía en Cambridge, Inglaterra. Un amigo católico polaco me condujo al P. Cogglan del Seminario de Allem Halla en Londres. Habían pasado 15 años desde que tomé esta decisión y me confié con el P. Garbolino que había conocido y aparecido en los días en que los medios de comunicación social me turbaban.

Hay una cosa que aprendí por vez primera en los conventos católicos: la bendición de la existencia cotidiana, incluso la más escondida, de cada pequeña acción y del mismo silencio. En general soy felicísima en mi soledad; en la tranquilidad de mi departamento siento en modo vivo la presencia de Cristo.

Han pasado ya 13 años desde 1982, plenos de felicidad. Pero del mismo modo que jamás fui instruida convenientemente en la Iglesia Ortodoxa rusa al ser admitida 30 años atrás, así tampoco he recibido ninguna enseñanza más en la Iglesia católica. He debido aprender todo por cuenta mía leyendo libros que me han pasado amigos católicos o frecuentando asiduamente las librerías.

La diferencia entre la soledad en la Iglesia ortodoxa oriental y aquella en la Iglesia católica me ha parecido bajo esta forma: en la ortodoxia oriental, una confesión raramente es escuchada, generalmente una vez al año por Pascua y sin la discreción que permite el confesionario. Sólo ahora he entendido la gracia maravillosa que nos producen los sacramentos como el de la reconciliación y la comunión ofrecidos no importa qué día del año, e incluso cotidianamente.

Antes me sentía poco dispuesta a perdonar y a arrepentirme, y no fui jamás capaz de amar a mis enemigos. Pero me siento muy distinta de antes, desde que asisto a Misa todos los días. La Eucaristía se ha hecho para mí viva y necesaria. El sacramento de la reconciliación con Dios a quien ofendemos, abandonamos y traicionamos cada día, el sentido de culpa y de tristeza que entonces nos invade: todo esto hace que sea necesario recibirlo con frecuencia.

Por muchos años he creído que la decisión crucial que había tomado de permanecer en el extranjero en 1967 fue una importante etapa en mi vida. Yo iniciaba una vida nueva, me liberaba y progresaba en mi carrera de escritora itinerante. El Padre celestial me ha corregido dulcemente. Fui nuevamente sumergida en una maternidad tardía que debía hacerme presente mi puesto en la vida: un humilde puesto de mujer y de madre. Así, en verdad, fui llevada en los brazos de la Virgen María a quien no tenía la costumbre de invocar, reteniendo que esta devoción fuese cosa de campesinos iletrados como mi abuela georgiana que no tenia otra persona a quien dirigirse. Me desengañé cuando me encontré sola y sin sustento.

¿Quién otro podía ser mi abogado sino la Madre de Jesús? Imprevistamente Ella se me hizo cercana, Ella a quien todas las generaciones llaman Bienaventurada entre las mujeres.

Sobra cualquier glosa al texto. Svetlana Iósifovna Stálina, gracias por tu testimonio. Descansa en paz.


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