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jueves, 23 de agosto de 2012

Apasionado por las matemáticas y la astronomía Giuseppe Sarto hizo varios relojes solares para las aldeas rurales del Véneto


El joven sacerdote que construía relojes llegó a ser Papa

Cuando Giuseppe Sarto, el futuro Papa san Pío X, maduraba la vocación sacerdotal y daba los primeros pasos de joven sacerdote en la zona rural véneta, cultivó una pasión singular: la de construir relojes solares.
 
Nació en Riese en 1835 de una familia no rica, pero sí sólida en el hábito del trabajo y los principios cristianos, distinguiéndose en particular durante los estudios «por la gran destreza en la solución de problemas tanto algebraicos como geométricos» y «por la claridad de ideas y por muchos conocimientos precisos incluso en los problemas matemáticos».
 
Don Giuseppe Sarto, consagrado sacerdote a los 23 años en la catedral de Castelfranco, fue nombrado inmediatamente capellán en Tombolo como ayudante del párroco don Antonio Costantini. Y fue allí donde, incluso en medio del intenso trabajo pastoral y manual por el que viene apodado «movimiento perpetuo» —precisamente en la perspectiva del servicio—, logra dedicarse a su mucho menos destacada actividad de constructor de relojes solares.

 

 
«Construyó uno sobre una pared de la casa parroquial de Tombolo», donde, por lo demás, él no habitaba, e hizo otros para los pueblos vecinos, donde se extendía rápidamente su fama de inspirado predicador.

Obra suya fue el reloj de la iglesia de Fontaniva, bajo el cual el 19 de marzo de 1904 fue inaugurada una inscripción para recordar la construcción por parte de quien mientras tanto se había convertido en Pío X.

No es difícil pensar que, una vez convertido en Pontífice, su antigua pasión por la observación astronómica aplicada se armonizase con la línea de su predecesor León XIII, que, entre otras cosas, había re-fundado la Specola Vaticana.

Fue Pío X quien quiso en 1904 a Pietro Maffi y bajo su consejo, en 1906, nombró para dirigirla al jesuita austriaco Johann Georg Hagen, astrónomo destacado y estimado a nivel internacional, que cambió decididamente la finalidad del observatorio de meteorológico a astronómico.

Se dice que un día el párroco de Fontaniva, en audiencia ante Pío X, se lamentaba que su reloj no estaba funcionando muy bien.

Parece que el Papa respondió con una de sus bromas: «¡Entonces yo no era infalible!».

Isabella Farinelli

21 de agosto de 2012

 

 

sábado, 21 de julio de 2012

Mi vida en el Regnum Christi


| REGNUM CHRISTI
Margarita Sanín: Como consagrada, creo que Dios me invita a preguntarme y a buscar razones y convicciones profundas del por qué estoy en el Regnum Christi.
"Cada día al salir a mi apostolado en el colegio constato cómo nos siguen necesitando, que seguimos siendo instrumentos del amor de Dios".
Margarita Sanín Pérez, consagrada a Dios en el Regnum Christi, nos comparte un poco de su experiencia de vida en el Movimiento y cómo busca responder en estos momentos históricos. Margarita trabaja apostólicamente como directora de formación del Colegio Cumbres, en Medellín (Colombia).
*****
Como consagrada, desde hace casi 15 años, creo que Dios, motivo y fundamento de mi vida consagrada, me invita a preguntarme y a buscar razones y convicciones profundas del por qué estoy en el Regnum Christi a pesar de los pesares y de todo lo que sabemos y conocemos en la actualidad.
El teólogo Josef Ratzinger un día escribió algo similar cuando se preguntó: ¿Por qué permanezco en la Iglesia? Cuestionamiento totalmente válido y muy iluminador para muchos que en algún momento se lo han planteado. Y algo semejante nos podemos preguntar también en el Regnum Christi, aunque naturalmente es sólo una de las muchas formas posibles de vivir la fe católica. Las respuestas, no las tengo todas como si fuera un abanico de posibilidades en un juego de cartas; pero tampoco son respuestas superficiales aprendidas y que se dicen sin pensar… más bien brotan de la oración, de lo más profundo de mi corazón y de una reflexión ante Cristo en el Sagrario.
Creo que
"La Iglesia nos está diciendo que cree en nosotros, en la capacidad para hacer el bien que tenemos y en la existencia de un carisma y de un don de Dios que debemos redescubrir".
el primer motivo por el cual estoy en el Regnum Christi es porque estoy convencida, en mi fe y con una certeza casi palpable (sobre todo después de todos los acontecimientos insólitos y profundamente misteriosos de nuestra historia), que el Movimiento no es una obra humana sino una obra de Dios. Hablamos del Reino de Cristo (Regnum Christi) y él se ha encargado de recordárnoslo. Y es que a Dios le gusta mostrar su fuerza en la debilidad. Sólo esto explica cómo a pesar de tantas equivocaciones, fallas y miserias humanas, el Regnum Christi haya hecho tanto bien a tantas personas. Cada día al salir a mi apostolado en el colegio constato cómo nos siguen necesitando, que seguimos siendo instrumentos del amor de Dios, seguimos trabajando por impregnar de espíritu cristiano las realidades temporales, seguimos buscando ser buen olor de Cristo… a pesar de los pesares, es Cristo quien quiere vivir y actuar en nosotras.
Otro motivo de mi vocación en el Regnum Christi es porque creo –y así lo he constatado–, que la Iglesia, representada por el Papa y por su Delegado Pontificio y sus asesores, nos han acogido con cariño, como una madre abraza a su hijo incluso cuando está enfermo y le brinda los remedios dolorosos y poco agradables para su cura, porque lo ama mucho. La Iglesia nos está diciendo que cree en nosotros, en la capacidad para hacer el bien que tenemos y en la existencia de un carisma y de un don de Dios que debemos redescubrir.
Hace quince años descubrí el llamado de Cristo en mi vida, todo un Dios que sin necesitarme, por pura gratuidad, quiso que fuera suya, no por un tiempo, sino para siempre, en un lugar y en un Movimiento muy concreto.
Este Cristo esposo, a quien amo con totalidad y plenitud y por quien me siento profundamente amada, quien me ha hecho muy feliz, con los acontecimientos que vivimos me comparte su cruz y me invita a una unión más plena con él, no puedo decirle que no. Mi vocación es a una persona y mi fidelidad también a una persona.
Podría citar muchos otros motivos que me unen al Movimiento para trabajar por la Iglesia: la calidad de su gente, los padres legionarios de Cristo a quienes agradecemos y queremos, mis hermanos consagrados que fueron un grato descubrimiento para mí y de mis hermanas consagradas, de quienes no dejo de admirarme cada día, la vivencia de la caridad y el espíritu de familia, la entrega a Dios y a los demás, la buena voluntad y el deseo sincero de buscar aquello que Dios va pidiendo, la pasión por la salvación de las almas, la creatividad, la alegría, la dignidad de cada una siendo testimonio de ser mujeres de Dios en el mundo; en fin, muchas experiencias positivas que me hacen decir: Estoy en el Regnum Christi trabajando para la Iglesia y así soy muy feliz, con esperanza en un futuro renovado, de la mano y caminando con la Iglesia y, por supuesto, en las manos de Dios y de su Madre Santísima.
Que Dios nos bendiga a todos.


lunes, 16 de julio de 2012

Consagrada a Dios en el Regnum Christi comparte brevemente su experiencia y su sentir.


Consagrada a Dios en el Regnum Christi comparte brevemente su experiencia y su sentir.

Algo más que palabras con África Pemán
África Pemán, consagrada del Regnum Christi.
Tomado de En Movimiento 11 (marzo-abril 2009)
Tiene África una mirada que desarma. En sus ojos verdes y sonrientes se combinan a la perfección la alegría, la paz de espíritu y la inteligencia. Una mezcla explosiva. Junto con un hablar a la vez acelerado y tranquilo -que pone en cuestión nada menos que el principio de no contradicción- el resultado es una mujer letal cuando de transmitir a Cristo se trata. Porque África, mujer consagrada a Cristo en el movimiento Regnum Christi, al margen de que ejerza ahora de directora del Highlands el Encinar, antes en México y mañana Dios sabrá, lo que esencialmente hace en su vida es eso: contagiar el amor de Cristo a los corazones de quienes se encuentra.

¿Y por qué esa pasión, querida África?… ¿Qué tiene Cristo para que lo anuncies tanto?
Estamos viviendo el Año Paulino; San Pablo decía “¡Ay de mí si no evangelizare!”. Tengo la suerte de poder vivir mi vida para los demás y, si vivo para dar, quiero dar lo mejor. Dios me ha regalado un corazón grande: quiero mucho a las personas, me interesa profundamente cada persona y me interesa la vida. Me interesa porque le he encontrado un sentido y una belleza muy superior a la que yo habría podido imaginar y lo he encontrado en Cristo. Por la razón podemos llegar a la conclusión de que Dios existe, pero sólo por la Revelación sabemos realmente cómo es Dios. Y saber cómo es Dios es casi o más importante que saber que existe. Cristo es la plenitud de la Revelación: por Él sabemos que Dios es Padre, por Él sabemos que Dios es Amor. Es más, por Cristo sabemos realmente qué es el Amor. Si he conocido el Amor y amo, quiero vivir y transmitir el Amor.
A las mujeres consagradas del Reino siempre se las ve muy felices; algunos ven una cierta hipocresía en tanta felicidad, ¿qué les dirías?
Les diría que yo también pensé lo mismo al inicio de mi vocación. Miraba su sonrisa y su alegría con sospecha. No porque no confiara en ellas, sino porque me parecía que era imposible ser feliz siendo consagrada, pues me parecía que era una vida en la que se renunciaba a todo “lo bueno de la vida”. Por tanto, les diría que les comprendo porque un día sentí lo mismo, pero que hoy yo misma experimento esa felicidad y que no es idílica, pero es verdadera. Y, si les interesara, les diría lo mismo que Jesús a Juan y a Andrés: “Venid y veréis”.
¿Cómo asumen unos padres el que su hija les deje para ser consagrada? ¿No es un poco como tirar la vida por la borda para seguir una quimera incierta?
Creo que la primera pregunta la podrían responder mejor mis padres. Ellos me apoyaron desde un principio y creo que, desde la fe, nunca vieron mi vocación como un tirar la vida por la borda, sino como una opción positiva. Más bien, la dificultad estribaba en el desprendimiento que suponía. Pero la congruencia con las propias creencias y la búsqueda sincera de mi propia felicidad se impusieron a la sensibilidad y, como he dicho, me dieron todo su apoyo. En cuanto a que la vocación a la vida consagrada sea un seguir una quimera incierta, me parece que optar por Dios no es optar por un camino más cierto que otros, sino por el único completamente cierto, ¿no crees?
Diriges un colegio. ¿Entienden los alumnos las normas disciplinares que tienen los colegios de la Legión?
Hay normas que comprenden mejor que otras. Las normas las vamos comprendiendo con el tiempo, con la madurez. Pero lo que los niños detectan es si buscas o no su propio bien con todo lo que les pides y exiges. Y si tienen la convicción de que realmente buscas su bien, confían, que es lo importante. Cuando se van haciendo mayores cuestionan más y tratamos de dar las razones que respaldan el reglamento del colegio. Hace tres años un chico de 1 de ESO eligió como tema de su oratoria “¿Educación mixta o educación separada?”, y me gustó muchísimo la honestidad a la que puede llegar un adolescente, pues expuso que eligió el tema con el deseo de argumentar a favor de la educación mixta aprovechando que sería oído, pero, tras su investigación, tenía que reconocer que había llegado a la conclusión de que había más argumentos a favor de la diferenciada… ¡Qué maravilla de alumnos! ¿Verdad?
Cómo no preguntarte si eres feliz… ¿Eres feliz?
Creo que ya he respondido. Puedo decir que soy feliz, aclarando que no soy feliz de forma idílica. La felicidad plena y total no la poseemos en esta vida, la perseguimos. Pero saber que vamos hacia ella y que la vivimos un poquito cada día, ya es mucho.
¿Alguna pregunta que te hubiese gustado? Con su repuesta, por favor.
Me hubiera gustado que me preguntarais si quería que me hicierais esta entrevista y seguramente habría respondido que no, (sobre todo por la foto) pero ya que me la habéis hecho, me alegro por si puede contribuir a ayudar a alguien.

FECHA DE PUBLICACIÓN: 2009-04-21


viernes, 13 de enero de 2012

Quisiera tener una familia

Autor: Gustavo Velázquez Lazcano, LC | Fuente: Catholic.net

Con mi nacimiento, no sólo haré sagrada la familia, sino que les enseñaré a vivir en ella.

El arcángel Gabriel permanecía de pie sobre un precipicio, y tenía su mirada puesta en Nazaret. Procuraba serenarse, pues la grandeza de su nueva misión le sobrecogía. Dentro de unos momentos, bajaría a la tierra y daría el mensaje más grato que hombre alguno hubiese escuchado jamás.

- ¿Listo para bajar a la tierra? -oyó tras de sí.
-Claro, Señor -le respondió el arcángel con una sonrisa-, aunque te he de decir que nunca he estado tan nervioso.

- Es normal, sientes que la misión te sobrepasa. Pero créeme, tú eres el ángel indicado… tú eres mi mensajero -señaló, recordándole el significado de su nombre.

Después, ambos bajaron otra vez la cabeza y posaron su mirada en María, quien aseaba con cuidado la casa de sus padres.

-Señor -dijo el arcángel con reverencia, sin dejar de ver a María-, ¿por qué quieres tener una familia? Digo, que te hagas hombre, jamás lo comprenderé; pero, que quieras ser en todo igual a ellos y que desees recorrer todas las etapas de su vida… creo que me cuesta un poco más -suspiró.

Jesús miró con amor al arcángel, y respondió:

-Gabriel, me alegra escuchar tu pregunta -exclamó con verdadera felicidad. Tú sabes que los planes divinos siempre son razonables -Hizo una pausa—. Bueno, razonables a nuestra manera —dijo, sonriendo con dulzura-. Tú piensas que no hay necesidad para encarnarme en una familia, pero Yo te digo que no hay nada más acogedor y necesario. Acogedor, porque cuando Yo me encarne y abrigue en su seno, me sentiré tan confortado como en la Trinidad misma, pues la familia es su mismo reflejo.

El ángel quedó boquiabierto ante esta increíble revelación. Dentro de sus múltiples conocimientos, jamás habría reparado en esta grandiosa verdad.

-Y es necesaria -continuó el Señor-, porque ejerce un papel fundamental en la sociedad humana: es su corazón mismo. Desde ella, se edifican las naciones o se destruyen los pueblos. Ella es la cuna del progreso y la salvaguarda de las buenas costumbres. ¡Ya te imaginarás cuán grata es para mi corazón! -Hizo una breve pausa, y continuó—: Con mi nacimiento, no sólo haré sagrada la familia, sino que les enseñaré a vivir en ella.

El ángel titubeó un momento, asombrado como estaba por las palabras de su Señor.

-Pero -vaciló-, ¿podrán imitar los hombres a una familia perfecta?, ¿no se desalentarán?

-Por supuesto que podrán: porque será perfecta según Dios, no según los hombres. Será perfecta por sus integrantes, no por sus posesiones; por sus virtudes, no por sus apariencias. Y, aunque sea perfecta, no carecerá de penalidades. ¡Imagínate!, llegaré al mundo como un niño no buscado; porque mis padres, María y José, se han propuesto vivir como hermanos. Por eso, tu anunciación será una contradicción para mi madre, quien escogió la virginidad para agradar a Dios, y a la vez inquietará a mi padre, quien desconocerá la sobrenaturalidad del embarazo —concluyó, expresando lo venidero.

-Bueno -dijo Gabriel-, pero esa situación no incumbe a todas las familias: sólo a unas cuantas.

-Tienes razón, Gabriel. Aunque sábete que sí es necesario que padezcan estos problemas, pues son aprietos que desgarran el alma. Pero, para satisfacer tu curiosidad, te diré que mi familia será, sobre todo, modelo de amor: y el amor, es una virtud que todos pueden imitar. Por darte un ejemplo, te diré que Yo seré perseguido desde mi nacimiento, y, sin embargo, mis padres preferirán expatriarse a entregarme a la espada. Ya verás después cómo se persigue a la familia, y comprenderás lo heroico que resulta abandonar el propio país para salvar a los seres queridos.

El ángel volvió a repasar meditativo las palabras de su Señor con una mezcla de asombro.

-Señor -se atrevió a decir-, Tú sabes que nosotros, los ángeles, no tenemos familia. Tú nos formaste a cada uno por separado, al igual que formas las almas de los hombres; pero sin concedernos descendencia ni ascendencia. Nosotros desconocemos qué es tener un padre o una madre, hijos o hermanos. Por eso, disculpa mi pregunta: ¿podrías decirme qué beneficios encierra una familia?

-¡Claro! El primero y el más grande, es el amor que se fomenta e intercambia entre sus miembros: éste produce una profunda alegría. El segundo, que es su consecuencia, es la unidad: ésta impregna el ambiente de verdadera amistad. Y el tercero, es su capacidad de influir en la sociedad, impregnándola de las virtudes familiares.

-Señor -dijo el ángel emocionado-, ¡qué grandiosa debe ser una familia!

-Y lo es Gabriel... ¡sí que lo es! Ahora comprendes, ¿por qué quiero una?

-Sí, Señor -exclamó radiante-. Y tanto que yo también quisiera tener una familia.

Acabado el diálogo, Gabriel descendió, enviado por Dios, a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen llamada María. Y entrando, le dijo:

-Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.

Ella se preocupó mucho por estas palabras, y se preguntaba qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo:
-No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios...

·  Preguntas o comentarios al autor Gustavo Velázquez Lazcano, LC



viernes, 9 de diciembre de 2011

Luces que no se apagan

Luces que no se apagan  

Posted: 10 Oct 2011 03:01 PM PDT 


El Espiritu Santo sostenga  y acreciente la fe, en estos  Sacerdotes , seminaristas y el pueblo chino.

La semana pasada hablaba de los cristianos perseguidos en Pakistán , hoy me paro en otro de los lugares donde vivir la fe , es un delito. Esta vez con el testimonio de un seminarista.

¿Cómo viven los seminaristas en China? Es difícil de contestar, ya que, dependiendo a la situación de cada diócesis, cambia el modo de vivir en el seminario. Lo que voy a decir sobre mi seminario es un pequeño reflejo de los seminarios clandestinos.

Cuando entré en el seminario, éramos casi 30 chicos, procedentes de tres lugares diferentes del país. Nosotros, el curso más joven –casi todos teníamos 17 años – vivíamos en una cueva, construida por los seminaristas mayores en una montaña tan alta que nos parecía vivir en el cielo. Aquella era nuestra capilla, nuestra aula de clase, y también el comedor.

Debajo de nosotros había una aldea, de unos 100 habitantes, todos católicos. Eran los que nos protegían, y los que nos subían el arroz, la harina y las verduras. Durante la semana, no teníamos mucho tiempo libre, porque había que aprovechar las horas al máximo, pues allí nadie sabe cuánto puede durar un curso.

De lunes a viernes, teníamos ocho clases diarias, con asignaturas muy variadas. Los sábados hacíamos la limpieza, y los domingos podíamos salir a hacer una pequeña excursión por la montaña. El tiempo de formación antes eran cinco años; ahora son diez, como mínimo.

El primer año vivimos muy felices en aquella cueva, nadie se quejó de la humedad ni de la comida, pues el amor fraterno lo suple todo. La oración y el estudio son nuestra tarea principal, porque sabemos que Cristo necesita soldados bien armados de ciencia y de santidad para extender su reino en China.

Cuando alguno está enfermo, o le duele el estómago, o la pierna –porque hay mucha humedad–, el formador suele decirle bromeando que son síntomas de vocación, porque casi todos los curas tienen tales enfermedades.

¡Pues, ya ves cómo Dios confirma la llamada! Nosotros sabemos que el dolor de estómago del formador es debido a la mala alimentación que tuvo cuando estuvo en la cárcel, pues le daban muy poca comida, y mala.

Cuando le preguntamos qué pensaba en la cárcel, nos dijo: «En la comida; después del desayuno, uno ya comienza a esperar el almuerzo, porque siempre teníamos hambre». 

El trabajo en la cárcel no era muy duro, pero cansaba mucho: tenía que escoger pelos de cerdos durante horas y horas, para la fabricación de cepillos de zapatos. Mi formador tenía un sentimiento especial con aquellos cepillos. Cuando Dios bendice, bendice con la cruz. Así, estábamos casi acostumbrados a que Dios, de vez en cuando, nos mandaba una pequeña cruz.

En aquel tiempo, cuando rezábamos, podíamos cantar; también podíamos reírnos a carcajadas, hablar en voz alta, salir a dar paseos…Gozamos de bastante libertad durante casi un curso entero.

Luego tuvimos que irnos a otro sitio. Es que los policías se enteraron de la existencia de un grupo de los nuestros, que vivían en otra montaña. Les capturaron a todos cuando estaban almorzando. En el camino a la comisaría, una feligresa vio a un seminarista en el jeep de policía haciéndole señales, así que subió corriendo adonde nosotros estábamos para avisarnos. Cuando llegó, estábamos preparando la cena. El formador, sin pensar ni un segundo, en seguida nos mandó huir.

Bajamos de la montaña cruzando un bosque, de dos en dos. Todavía no éramos conscientes del miedo, nos parecía casi divertido aquello de huir corriendo de la policía. Hacíamos competiciones para ver quién corría más rápido…

Una vez salimos de la casa, los fieles de la aldea metieron piensos para los animales domésticos en la cueva, y echaron polvo en el cristal de la ventana, que siempre había estado muy limpia. Esa misma noche, subieron los policías, llevando perros, para capturarnos también a nosotros. Dios pensó que todavía no era el tiempo. Ya no había nadie allí. Tres meses después, nos reunimos en otra provincia.

Nos dijo el Rector que los seminaristas detenidos recibieron una condena de tres años de cárcel, y que tenían que cavar piedras, ya que el sitio era montañoso y hacía falta construir caminos. En esta nueva casa, el formador nos dijo que fuéramos más prudentes y cautelosos, no sólo por nuestra seguridad, sino también por la de la familia que nos había acogido. Así que no podíamos hablar en voz alta, ni reírnos demasiado, y mucho menos salir de la habitación, para que no se enterasen los vecinos. Pero, no sé cómo, siempre acaban enterándose.

Por eso teníamos que cambiar de casa cada muy poco tiempo –como mucho, cada medio año–. Hasta el día de hoy, los seminaristas de mi diócesis siguen llevando este estilo de vida, huyendo de un sitio para otro. Cuando en alguna fiesta, como la Pascua, quieren cantar los chicos, el formador elige a uno o dos para que canten, y en voz baja…

La Iglesia en China lleva siglos de persecución. La sangre de los mártires, semilla de los nuevos cristianos, está brotando. Una primavera del cristianismo está llegando a China.

Cada año, a pesar de la falta de libertad religiosa, miles y miles chinos se bautizan. Ahora más que nunca hacen falta misioneros intelectualmente bien preparados; tenemos que dar razones de nuestra esperanza a la gente. Para llevar a cabo esta misión, la Iglesia en Europa nos ha ofrecido su ayuda: muchos movimientos de la Iglesia quieren encargarse de la educación de los seminaristas chinos. Así, muchas diócesis han enviado a sus seminaristas a Europa para recibir una mejor formación y para que luego puedan servir mejor a la Iglesia.

Lo que quiero es que la gente conozca un poco más cómo viven los seminaristas en China ahora, porque se habla mucho de la apertura de China, el desarrollo de China, incluso de la mejoría de las relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y China, como si en China hubiera libertad religiosa ya. Yo quería escribir un poco cómo estudian los seminaristas en China, porque estudian mucho.

Ciertamente tenemos pocos recursos para ello, pero estudian mucho, porque saben que la Iglesia lo necesita –me dolió mucho escuchar a un cardenal que dijo que el clero de la Iglesia clandestina es inculto–. 

El año pasado fui a China; la vida de los seminaristas sigue siendo como antes, no pueden hablar ni cantar en voz alta. El día de la Asunción de la Virgen, no se imaginan cuántas ganas tenían los chicos de cantar una misa a la Virgen, pero no podían; cerramos todas las ventanas y puertas en pleno agosto, para que pudieran cantar algo.

Se habla mucho de la Iglesia oficial o patriótica, y la Iglesia clandestina o fiel a Roma, pero la cuestión de fondo no está en esto, sino en el sistema político: para el comunismo no existe la persona, por consiguiente, ni sus derechos, y mucho menos la libertad religiosa. Queremos todos ver una Iglesia unida en China, pero es el Gobierno el que no lo quiere.

Al amable lector, le ruego que en su momento de oración se acuerde de los obispos y los sacerdotes que están todavía en la cárcel, y rece por los seminaristas, para que seamos aptos para el reino de Dios.


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